Bioko, el retorno de Marc Pastor

El autor de 'La mala dona' envía a Moisès Corvo a África en su novela 'Bioko'

Quien más quien menos, todos hemos jugado a los soldaditos. Durante el tardofranquismo, lo que molaba era unos madelmans vestidos con el uniforme de los batallones británicos en las trincheras de Somme, con sus guerras de felpa y los cascos como un plato de sopa girado. La mayoría de los que vinimos después abandonamos las aficiones cuando ya nos sentíamos demasiado viejos para seguir montándonos historias con aquellos enfundados en una armadura de centurión romano. Otros pasaron al siguiente nivel pintando figuritas de Warhammer. Pero Marc Pastor no es como ningún otro. Vaya donde vaya, él siempre lleva en el bolsillo un stormtrooper articulado de medio palmo de altura, preparado para disparar su furia robótica y defender los sueños del Imperio Galáctico.

Llego al Pipa's Club a la hora convenida y me lo encuentro con los pulgares aferrados a una insignia de Batman que lleva clavada en la delantera del cinturón. Su amiguito pocked-sized está encima de la mesa. "Lo he llamado Louis, por Louis C. K., un gran cómico -me explica-. Soy muy fan de la serie". Supongo que tener aspecto de androide no es razón suficiente para privarlo de ser cristianamente bautizado. En cuestiones de culto a Georges Lucas me declaro tirando a agnóstico, pero Marc me enseña que el bicho tiene una expresividad humanoide increíble. No tengo más remedio que maravillarme y darle la razón. De todas formas, yo venía a visitarlo por otro soldadito: Moisès Corvo, protagonista de su última novela, Bioko.

Si su nombre os resulta familiar intuyo que es porque en su día leísteis 'La mala dona'. Moisès Corvo era una versión de Harry Callahan sin Magnum ni gafas oscuras, que se paseaba por el Raval comandando la investigación de los crímenes de Enriqueta Martí -ya sabéis, la vampira de la calle Ponent -. "En aquella época me lo imaginaba con el aspecto inquietante de Vincent Price -dice Marc-. Era una respuesta a las películas que Roger Corman hizo sobre los relatos de Poe". Cuatro datos sobre este elemento: un hombre bebedor, aficionado al sexo de pago y también un poco arisco. Un poco Clint Eastwood vía Sergio Leone. Pero todo esto sucedía en 1911. "He escrito Bioko porque quería saber cómo era Corvo de joven". ¿Preparados?

La isla de la muerte
Estamos en 1887, en las colonias españolas del Sahara Occidental. Moisès Corvo apenas tiene pelo en el pecho y ya forma parte de la infantería de marina de Alfonso XIII. ¿Cómo ha acabado aquí? "En 'La mala dona' explicaba que en el pasado había estado en Marruecos, por la zona del Rif -me recuerda Marc-. Así que decidí enviarlo a África". Si sólo fuera esto... Pero el chico, que se pasa un poco de listo, es castigado por vender armas al enemigo y enviado al exilio a la isla de Fernando Poo. Actualmente se llama Bioko, y es donde está Malabo, capital de Guinea Ecuatorial. Pero hace 100 años era un destino terrible. "Yo no en sabía nada, pero investigando descubrí que había sido un reducto penitenciario, con volcanes, misioneros, malaria y asesinatos".

Ayer Marc cenó en una pizzería. De postre le sirvieron un pastel de queso con una sombrilla de cóctel encima. "Coloqué a Louis un rato, como si estuviera en la playa -me dice -. Le hice una foto y la colgué en Instagram". Está visto que no trata a todos sus soldaditos de la misma manera. ¡Tiene favoritismos! El cheesecake es un destino paradisíaco. Fernando Poo, no. "Los barcos llegaban tan hechos polvo que los tenían que hundir en la misma costa -explica-. La vista era increíble: delante de la isla, coronada por el volcán, estaban los mástiles de las naves naufragadas que se levantaban por encima del nivel del agua". Se decía que la mayoría de gente cogía fiebres en cuanto ponía un pie en tierra.

No hace falta que lo diga, ya se ve que es un gran lector de Verne. "Uno de los mejores recuerdos de infancia que conservo son los ratos que pasé con 'Un capitán de quince años' -me suelta-. Después, todo lo que me mandaban leer en el colegio me parecía aburrido. Esta novela me hizo sentir adulto por primera vez". No era difícil que de las experiencias náuticas de Dick Sand pasara a 'La isla misteriosa'. Ni tampoco que en el 2005, cuando J. J. Abrams tuvo la gran idea, se hiciera seguidor de 'Lost'. "Sabía que esto sería igual que tener un elefante blanco en la habitación y no hablar sobre ello", se resigna Marc. Por más que se haya matado a hacer referencias a Cyrus Smith, Pencroff, y también al submarino del capitán Nemo, hay un factor que nos obliga a hacer el nexo: los viajes intertemporales.

Sólo es un aviso
De pequeño pidió un monopatín a los reyes porque quería ser Marty McFly. Le pasa lo mismo que con los soldaditos, que todavía no ha superado esta aspiración. Y reconozco que me siento extraño llegando a esta conclusión mientras veo cómo la chapa de Batman le brilla debajo del ombligo. "Pero, ¡atención!, aquí no he hecho  más que abrir las puertas hacia el futuro -anuncia-. En 'Bioko' hay algún viaje en el tiempo, es cierto, pero mi novela sobre viajes en el tiempo todavía no está escrita. Esto sólo es un aviso de lo que vendrá". Está bien saberlo. Este tío es como Balzac y la Comedia humana, en versión serie B: todos sus libros están conectados. "Quiero crear un universo, mi universo, que vaya más allá del argumento -dice-. De momento, lo tengo repartido en unas nueve temporadas ". 'Montecristo', 'La mala dona', 'L'any de la plaga' y 'Bioko' son las cuatro primeras. Como mínimo tenemos cinco por delante.

Habrá tiempo de desafiar al dios Cronos y a los gerentes de Swatch. Por ahora, órdenes de su autor, nos quedamos con la idea que esto es una novela de aventuras, mezcla de Verne, Conrad y 'El hombre que quería ser rey', que nos descubre por qué al tal Corvo se le agrió el carácter. ¿Y la próxima? ¿Nos promete máquina del tiempo? "No prometo nada -responde-. De hecho, es muy probable que sea un hard-boiled". Me miro a Louis, el pobre stormtrooper que vive en el forro de la chaqueta de Marc. Empieza a parecerme un poco más humano. Quizá tiene información privilegiada. Qué digo, ¡estoy seguro! Apostaría que en alguna de estas juergas, mientras se metía una piña colada montado encima de un apfelstrudel, Marc le destapó todos sus planes. Me da la impresión, que bajo el casco, me está sonriendo con mucha malicia.

BIOKO
Marc Pastor
Amsterdam Llibres
432 pág. 19,90 €

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