Cristian Segura, el incordio de la zona alta

Este hombre de buena familia presenta su segunda novela, 'Ciment armat'

Cristian Segura es el único socio del Real Club de Polo capaz de dejarse ver en público con una mancha de pasta de dientes blanca incrustada en el jersey. Cosas del papel. Conoce de primera mano la hoguera de las vanidades que arde en la zona alta, las miserias de quienes mueven la pasta en esta ciudad, pero va hecho un cromo igual que un delator de narcotraficantes de barriada. Un error estratégico: es un incordio que pasaría desapercibido en el Baltimore de 'The wire', pero no entre los feudos de la clase acomodada. Cualquier día de estos algún pez gordo le enviará un sicario para que le rompa las piernas. "Me es igual, no tengo hijos -responde-. Sólo una novia, y es muy espabilada. Si me matan sabrá seguir adelante". Ya dicen que el Upper Diagonal no tiene nada que envidiarle a Las Vegas.

Hemos quedado para hablar de su segunda novela, 'Ciment armat', sórdido retrato de un tiburón inmobiliario que después de establecer dominios en la Vall de Ruda se esconde en Tailàndia de las amenazas de sus acreedores. "No hace falta que te vayas a Valencia ni a Pozuelo de Alarcón para encontrar una trama especulativa -me explica Cristian-. Hay mucho euro catalán por el mundo". Su genio del fraude y la estafa es Tino Casanovas, una piraña de los negocios y fiel del Opus a media jornada que empezó a afilar su espíritu saqueado robándole los postres a los nichos del colegio. "Yo me he cruzado con muchos como él... Piensa que estudié en La Salle Bonanova".

Antes de venir se ha tomado dos whiskys. O eso dice. Se pide una cerveza para digerirlos. Ya podemos empezar a hablar de sexo. En el libro abunda, y en sus peores versiones: parafilias escatológicas, preservativos llenos de hielo y prácticas necrófilas en las que está implicada la diplomacia de Bangkok. "Casi todo lo que explico es cierto -confiesa-. Conozco el caso de un cónsul español que ha hecho experimentos extraños con cadáveres. Evidentmente, no te diré quién es". ¿Le es igual que alguno de los homenajeados se de por aludido? "En realidad soy un cobarde -asegura-. Si fuera valiente de verdad habría hecho una crónica periodística, no una ficción".

Nos falta hablar del narrador, un psiquiatra poco diestro que somete a un suicida potencial a la presión de una tarde de sábado en Ikea. Con fatales resultados, como era de esperar. "Esto es una venganza particular -dice, medo desganado-. Antes a la mínima acababas en manos de un cura exorcista, Ahora te envían a esta especie de gurú de los nuevos tiempos. Lo sé porque llevo cuatro años en tratamiento". No omite  ninguna información personal. Cuestión de temperamento. Antes de irse me enseña que lleva un anorak Moncler abrochado con un imperdible y que lleva zapatos ortopédicos. "Y el dentífrico es Sensodine", añade, como si el nombre de la marca fuera suficiente coartada para sacudirse sospechas innecesarias.

CIMENT ARMAT
Columna. 265 pág. 19,50 €

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