La Barcelona que no encontrarás en las guías

Cinco paseos relajantes para conservar el aliento

Turó del Carmel
Nos hemos propuesto salir a pasear por Barcelona y cercanías para descubrir los rincones que no encontrarás en las guías, y hemos hecho cinco rutas durante las cuales encontrarás paisajes insólitos, historias desconocidas y un avituallamiento de primera. El Poblenou se ha llevado la fama de antiguo barrio fabril de Barcelona, pero a principios del siglo XX Sants contaba con algunas de las fábricas más importantes del país. Cuando todavía era una villa independiente y agrícola del llano de Barcelona, se instalaron en Santa Maria de Sants las primeras grandes industrias textiles de la zona, que determinarían la estructura y fisonomía del barrio. La tradición obrera de Sants no sólo se nota en los nombres de las calles (plaza de la Farga, de la Vidriera ...), las antiguas fábricas recuperadas para otros usos y las viviendas, sino en una vida asociativa de las más activas de Barcelona.


El mercado de Sant Antoni es uno de los más antiguos de Barcelona. En la fachada luce en 1882, el año de su inauguración junto a una Barcelona que acababa de derribar las murallas. Antoni Rovira i Trias lo diseñó como una gran estructura de hierro de cuatro brazos, que en los últimos años se encontraba deteriorada y escondida detrás de un muro. Ahora sufre una profunda remodelación mientras el barrio al que da nombre está convirtiendo en una zona donde recuperar bodegas y casas de comida tradicionales que, al mismo tiempo, inspiran nuevas experiencias culinarias, con lugares tan de moda como el Tickets y el bar Calders. ¿Qué os parece un paseo gastronómico por San Antoni a lo largo de todo un día?


Josep Maria Huertas inicia su recopilación de Mitos y gente de Barcelona (La Butxaca, 2011) con la leyenda de la niebla negra que algunos días cubría todo el término de Olorda y dañaba sus cultivos. La maldición no remitió hasta que se plantó una cruz en la cima del monte de Olorda. A pesar de que Santa Creu de Olorda haya estado presente en la tradición oral de la ciudad, es casi un lugar secreto para la mayoría de barceloneses. En cambio, la conocen bien los habitantes de Sant Feliu de Llobregat y, especialmente, los de Molins de Rei. La explicación es bien sencilla. Aunque el conjunto de la ermita y sus entornos pertenezca al municipio de Barcelona, está desligado geográficamente de la urbe y forma un enclave entre Molins y Sant Feliu. Olorda llegó a ser municipio, pero la población estaba tan diseminada que se acabó repartiendo entre un Sarrià todavía independiente y las otras dos poblaciones. Su núcleo central lo conforma la ermita románica, reconstruida después de la guerra civil, con restos aún más antiguos dentro. Una cruz inmensa todavía levanta el monte, que hace siglos estaba coronado por un castillo.


Montgat, municipio que estuvo agregado a Tiana hasta 1933, es la primera villa de la costa del Maresme si contamos desde la ciudad de Barcelona, y ha crecido alrededor de la colina que le da nombre junto al mar. Cuenta con dos estaciones de tren de cercanías que nos permiten marcar el inicio y el final del itinerario. En la cafetería de la estación llamada Montgat a secas, exponen, como si de un pequeño museo improvisado se tratara, un antiguo sistema de palancas de la primera línea de ferrocarril de España. Empezamos el paseo...


Entre la Travessera de Dalt, Vallcarca y el Carmel, se extiende el barrio de la Salut de Gràcia, que tomó el nombre y creció alrededor de una pequeña capilla dedicada a la Virgen que hizo construir Antoni Morera para combatir la epidemia de cólera que asoló la ciudad a mediados del siglo XIX. A finales de este siglo se instalaron lar segundas residencias de la burguesía del Eixample en tierras antes ocupadas por caseríos y recintos hospitalarios que daban aún más sentido al nombre del barrio. Ya iniciado el siglo XX, Antoni Gaudí escogió el barrio para levantar una urbanización que quería poner en práctica el concepto de ciudad-jardín, un espacio donde las casas, las calles y los lugares comunes se integraran con la naturaleza. El proyecto, pagado una vez más por Eusebi Güell, resultó un fracaso empresarial, pero quedó un parque para toda la ciudad bastante conocido para que no nos adentremos en este paseo.

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Barcelona en bicicleta

10 rutas de diferentes dificultades para recorrer Barcelona en bicicleta 1. Montjuïc olímpico Ruta circular y ascensión al castillo (1,5 horas, 11 km, nivel medio). La montaña olímpica es un buen lugar para admirar la ciudad desde un punto elevado mientras ponemos las piernas en forma. Desde la plaza de España, la subida más suave es la de la avenida del Estadi, pero también se puede subir por la calle Lleida y el paseo de Santa Madrona, donde hay algunas curvas espectaculares. Desde el estadio se sube al castillo por el paseo Olímpico y las calles del Doctor Font i Quer y después, Can Valero, que desembocan al paseo del Migdia. Aquí se gira a la derecha y poco después a la izquierda por el camino del Migdia, donde hay un aparcamiento que va a dar a una pasarela especialmente creada para ir en bici. Tiene 1 km de largo y acaba bajo los muros del castillo de Montjuïc. Hay una panorámica espectacular del puerto de Barcelona y al lado del aparcamiento hay una bar-terraza donde hacen comidas y bocadillos. La bajada se hace por la carretera de Montjuïc hasta el paseo de Miramar (cuidado con los frenos, la bajada es fuerte) y sellega a la plaza de Colón. Se puede volver a la plaza de España por el carril bici de la avenida del Paral•lel. Si queréis subir a Montjuïc ahorrando energía, existe la opción del funicular (M: Paral•lel; L2-L3). Mostra Barcelona en bicicleta: Montjuïc Olímpico en un mapa més gran Bici y ocio se conjugan fácilmente, sobre todo si os gusta estar al aire lib

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¡Deporte al aire libre!

Patina, corre, encesta, escala, haz yoga, cuídate… ¡Y exprime la ciudad a fondo! Sobre ruedas Barcelona es muy restrictiva con los deportes urbanos, lo sabemos. A pesar de todo, todavía nos permite vivirla sobre ruedas (más a los patinadores que a los skaters, pero no perdáis la paciencia). ¿Sabíais que se hacen clases y encuentros multitudinarios sobre ruedas gratis? A la Associació de Patinadors de Barcelona se le debería hacer un monumento. Cada martes dan clases a cientos de personas, que invaden el paseo de Garcia Fària con Lope de Vega (metro Selva de Mar o Poblenou) para aprender o mejorar. Los viernes por la noche, la fiesta aún es más grande. Conducen rutas por la ciudad, que salen de El Centre de la Vila (a la Vila Olímpica). La dificultad es media. Para entendernos: tenéis que saber girar y frenar. ¡El patinador más veterano roza los 90! Paralelamente, un grupo de socios fomenta el patinaje desde Patinar Barcelona. Entre su oferta de actividades, también gratis, está la Roller Disco Party los domingos, donde ensayan coreografías; la Ruta Tortuga Infantil un sábado al mes, dirigida a los pequeños, y acontecimientos periódicos con vehículos de ruedas sin motor. Y en el Meetup os podéis unir al grupo de adultos  Bcn City Rollers o Bcn Roller Dance, que patinan por la Barceloneta. En el MACBA, en la plaza de los Àngels, en la plaza de los Països Catalans, en la Estación de Sants, y en el parque de las Tres Xemeneies está prohibido practicar skate. Si lo hacéis, os pu

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Ocho rutas a pie por Barcelona

1. Los antiguos caminos del agua Inicio: L11 VallbonaFinal: L4 Trinitat NovaDuración: 3 horasDificultad: Media En el límite norte de la ciudad, Vallbona ha quedado aislada durante décadas del resto de Barcelona por el manojo de carriles de autopistas, la vía del tren y el río Besòs. De este modo ha preservado una esencia rural imposible de encontrar en ningún otro barrio. Buena parte de su territorio son campos y huertos, bañados por el Rec Comtal, la canalización construida el 954 para llevar el agua de Montcada a Barcelona y que sólo queda al descubierto en este barrio. Lo encontraréis dirigiéndoos hacia la plaza Primer de Maig. Con la mirada más fresca, volved a la Ciudad Meridiana, el barrio de bloques que suben por el pie de Collserola. Desde la plaza Roja seguid la calle Rasos de Peguera para encontrar un imponente acueducto del siglo XIX que se eleva por encima de un campo de fútbol en desuso. Un patrimonio desconocido Un poco más arriba hay otro tramo, el que se vislumbra desde la carretera. ¿Cómo puede ser que estos antiguos y monumentales acueductos sean tan desconocidos? Mientras los pensáis, volved a bajar hacia Torre Baró. Pasada la plaza del Eucaliptus, os adentráis en otro barrio insólito. En lugar de bloques encontraréis pequeñas casas integradas en la vegetación de Collserola. Seguid la calle Llerona, hasta el pequeño parque de Apolo, donde veréis el primer vestigio del acueducto de Torre Baró, más chato que el de Ciutat Meridiana. És un momento perfecto para

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Arte en la calle en Barcelona

No hace falta ir al MACBA para ver arte del siglo XXI, Barcelona está llena de obras maestras en diferentes rincones Ya no se estilan los monumentos. Grandes figuras humanas, a veces a caballo, fundidas en bronce para conmemorar a los padres de la patria o a los desaparecidos en mil y una contiendas. Estamos en la era de Facebook, donde lo que es público es sustituido por lo que es compartido, los like y el selfie complaciente. Monumentos como el dedicado a Frederic Soler Pitarra, en la Rambla, sugieren mundos arcaicos, desfasados, a medio camino del tótem y lo pasteloso.La era de los monumentos se acabó con la caída de las Torres Gemelas. Ahora, los mejores homenajes están construidos con el vacío, como el Solc a Salvador Espriu (2014) que cavó -es una forma de hablar- Frederic Amat en los Jardinets de Gràcia. El siglo XX fue el siglo de las utopías, el siglo de las dos guerras mundiales, los genocidios, la bomba atómica y la Guerra Fría. El siglo XXI no es que sea mucho más pacífico, pero ha evolucionado en conceptos como "estado del bienestar" y "cosa pública", y ha instaurado los "valores líquidos" y el "poder blando" de la posmodernidad. Y esto se nota en los monumentos, perdón, en el arte en la calle de Barcelona, en su mayoría pagado por las instituciones. ¿Tardaremos mucho en ver arte público financiado por Verkami? ¿Nos quejaremos cada vez que las autoridades inauguren una obra de arte porque querríamos ver ese dinero destinado a algo más útil? Porque, claro, ¿para

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