La fascinación por Pekín de Francesc Parcerisas

Parcerisas viaja a Pekín y vuelve con el dietario 'La Primavera a Pequín' bajo el brazo

El 25 de noviembre de 1861, Victor Hugo volvió de China y envió una carta al capitán inglés Butler, donde le decía, lisa y llanamente, que franceses e ingleses eran unos bárbaros-habían arrasado el Viejo Palacio de Verano de Pekín-, y que, contrariamente a lo que podían pensar entonces, la civilización no eran ellos, sino los chinos. Más de 150 años después, un poeta catalán, "un poco comunistoide", como él mismo admite, se fue un mes a Pekín para impartir unas clases y volvió a Barcelona fascinado. Hugo escribió Expedición a China. Francesc Parcerisas, 'La primavera en Pekín'.

"Me gustó mucho darme cuenta-dice Parcerisas-que no sabía nada, que estaba en un lugar donde todo lo que sucede, todas las razones por las que pasan, no las conocía. Hemos vivido tanto de espaldas a un continente que es enorme y que nos da muchas vueltas en muchas cosas y que tiene una historia súper larga, que de pronto muchos de nuestros juicios de valor quedan en entredicho". El autor se fue a Pekín a mirar, a aprender, no como un Naipaul que va por el mundo dando lecciones. Además, como nos dice él mismo, China no es un lugar donde hubiera querido ir. Pero que le invitaran a vivir allí cambió las cosas. No hay que olvidar, sin embargo, que Parcerisas ya tradujo hace años los poemas chinos de Ezra Pound, Catay, y que la conexión con el gran poeta norteamericano ya le había acercado un poco a la cultura oriental.Si todo esto era, realmente, un caramelo, la cosa se volvía amarga cuando se trataba de explicar su periplo.


Parcerisas es de los que piensan que la vida de los escritores no es más extraordinaria que las otras. A medida que comenzó a escribir el dietario puro y duro, se dio cuenta de que estas observaciones "no tenían entidad más allá de la propia observación", que al texto le faltaba literatura. Entonces, decidió incorporar "asépticamente" los sueños que había tenido en Pekín, una especie de "espejo de lo que me estaba pasando".

Hizo la mezcla y aún no le bastó. Aún faltaba algo, que Parcerisas llama "pausas" o "la levadura del pastel", y que son una serie de poemas chinos con los que el autor trufa el texto. Hay versos de todas las épocas: Le Yu, Wang Wei, Li Bai, Yuan Mei, Han Shan ... Y hacen de contrapunto naturalista a los dos mundos que Parcerisas nos pone delante, el Pekín moderno y sus sueños. Pero, leyendo 'La primavera en Pekín', tenemos la sensación de que Parcerisas nos la ha jugado. No habrá algún poema tuyo por ahí, en boca de un anónimo de no sé qué dinastía. Pícaro, el autor ríe: "No digo que no haya alguno que sea un infiltrado". Y, en seguida, huye del estudio.

Algo que echamos en falta, eurocéntricos nosotros, es un poco de crítica hacia el sistema político chino. Parcerisas se pasea por Pekín tan fascinado por las facilidades, la bondad, el progreso ... que no deja lugar para las palabras duras. "A mí, que no soy un especialista, me cuesta mucho hacer una crítica razonada", nos espeta.

LA PRIMAVERA A PEQUÍN, Andreu Parcerisas.
Quaderns Crema. 208 pág

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