Relatos salvajes

Cine, Drama
3 de 5 estrellas
Relatos salvajes

Time Out dice

3 de 5 estrellas

El prólogo de 'Relatos salvajes' pasa en un avión repleto de misántropos que parecen sentir un cierto placer en el linchamiento público. Es un 'sketch' que marca no sólo el tono del filme sino su estructura: a pesar de que no haya una relación explícita entre los seis episodios tramados por Damián Szifrón, que no comparten ni personajes ni se entrecruzan, da la impresión de que su encadenamiento conserva una lógica basada en la humillación vejatoria y la venganza.

No es difícil ver en al menos tres episodios, quizás los menos interesantes del conjunto, una crítica a la sociedad argentina, a la corrupción, a la burocracia, que podría extenderse a la civilización de la crisis, y que los españoles la podríamos reconocer como si estuviera cocinada en casa. Sin embargo, la falta de sutileza en el mensaje, aunque pueda resultar hilarante –y es un hecho que funciona de maravilla con el público– en la historia de Ricardo Darín, el ingeniero que se convierte en terrorista, no acaba de cuajar en una película que hace espectáculo de la ira de los que han perdido la fe en la humanidad.

Más sorprendentes son los dos episodios que hacen estallar la granada de furia más allá de la sociología de tertulia. La persecución brutal entre dos conductores que comienzan haciéndose la coz en una carretera perdida y acaban como el rosario de la aurora, estilo 'El diablo sobre ruedas', es un concentrado de malas vibraciones que te clava en la butaca. Y el capítulo de la boda, que lleva al extremo la máxima del 'ni contigo, ni sin ti' con una esperpéntica hipérbole de la guerra de sexos, tiene la virtud de cerrar el film con una sensación de catarsis que disimula la irregularidad del conjunto. Ferozmente entretenida, pero ya está. Tampoco hay que buscarle cinco pies al gato.

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