Asadero es un restaurante de fuegos instalado en una casona de principios del siglo XX, donde las brasas atraviesan la cocina, el salón y hasta el jardín. Con una gran barra frente a la cocina abierta, el lugar permite seguir de cerca el trabajo del equipo mientras carnes, pescados y vegetales pasan por el fuego.
La carta pone el foco en el producto y la estacionalidad, con cortes de carne, pesca salvaje, trucha patagónica y vegetales que también encuentran su lugar sobre las brasas. A eso se suma una selección de vinos y postres como helados caseros que cambia con la propuesta. Con la llegada de la primavera, además, el jardín de la casona vuelve a ocupar un lugar central, entre la piscina espejo, el fogonero y la huerta urbana.
En Asadero, el fuego es mucho más que una técnica de cocción: atraviesa la cocina, el espacio y la experiencia. Al entrar, una gran barra recibe y ofrece un lugar privilegiado para mirar hacia la cocina. Desde allí se puede seguir de cerca el trabajo de los cocineros mientras preparan los platos sobre las brasas.
Con la llegada de la primavera, también abre las puertas de su jardín. El espacio, que forma parte de una casona del siglo XX completamente restaurada, suma una piscina espejo, un fogonero, una huerta urbana y una imponente palmera. Ahora que empiezan los días más cálidos, el jardín gana protagonismo.
La carta de vinos acompaña la cocina con una amplia selección de etiquetas y un sistema que permite probar diferentes opciones. Para empezar, elegimos la provoleta de Tandil estacionada durante 100 días. Es una entrada abundante, sabrosa e ideal para compartir.
También probamos la salchicha parrillera de cordero, acompañada de puré de manzanas asadas y hierbas. La combinación suma el sabor intenso y especiado de la carne con el perfil dulce y suave de las manzanas, encontrando el perfecto equilibrio en el contraste de sabores.
En Asadero trabajan con animales de más de 550 kilos, criados principalmente a pastura y terminados con una alimentación mixta que incorpora cereales. Esta elección busca preservar la calidad de la carne, su marmoleo y su jugosidad. A partir de ahí, las brasas, el tiempo y una cocción precisa completan el proceso.
La entraña de novillo de 450 gramos resume buena parte de la identidad de la casa. Llega marcada por el fuego, con una cocción precisa y ese sabor ahumado que funciona como hilo conductor de la carta. La propuesta incluye otras opciones como pescado blanco, truchón de Río Negro, pollo bebé deshuesado, conejo deshuesado, ojo de bife de 500 gramos, asado banderita de novillo de cinco costillas y arañita de 450 gramos, entre otros cortes.
Los vegetales tienen su propio capítulo. La carta propone hinojos al horno con queso Brandsen, hojas verdes de invierno con topinambur crocante y vinagreta de limón y miel, puré de coliflor asado, papas asadas con manteca y tomillo, ensalada verde a la brasa y papas rejilla.
Para acompañar, los pimientos asados con tomillo fresco y el boniato asado con ricota quemada, miel especiada y maní. Los primeros son simples y directos, con el tomillo aportando un perfume fresco. El boniato juega en otra dirección: el dulzor de la miel especiada se encuentra con la ricota quemada y el crocante del maní.
Para el final, los helados caseros ocupan un lugar importante. Se preparan todos los días y parten de sabores clásicos y materias primas de calidad. Entre las opciones aparecen el profiterol con helado de chocolate belga, salsa de dulce de leche, almendras garrapiñadas y polvo de naranja, y el postre Balcarce con castañas, merengue y helado de dulce de leche.
Entre la barra, las mesas de mármol, la cocina a la vista y el jardín, que empieza a cobrar vida con la llegada de la primavera, Asadero construye una propuesta en la que el cuidado por el detalle atraviesa tanto los platos como el espacio. El resultado es una cocina de fuegos que va más allá de la carne: también hay lugar para los vegetales, los vinos, los helados y todo lo que ocurre alrededor de la mesa.

