¿Qué hace que una carne tenga carácter? En Brava, el nuevo restaurante de Belgrano, la respuesta empieza mucho antes de la parrilla. La carta parte de una idea clara: “en BRAVA revelamos el carácter de la carne”, y lo hace poniendo el foco en el origen, la raza, la alimentación, la edad del animal, la maduración y, por supuesto, el fuego.
El ambiente, diseñado por el Estudio Zunino Grillo, de las arquitectas María Zunino y Geraldine Grillo, está pensado para que la experiencia empiece desde que cruzás la puerta. Luces bajas, vinos y una barra de coctelería que invita a quedarse marcan el tono del lugar. Al fondo, la cocina a la vista permite seguir de cerca el paso a paso de cada preparación. Es un espacio relajado y cool, pensado para que la carne sea protagonista sin que la experiencia resulte solemne.
Nos reciben con pan casero y manteca ahumada con oliva. Después aparece en escena el sommelier Ezequiel Meza, que nos acompaña a la hora de elegir el vino y nos cuenta un poco más sobre la propuesta de la casa. Nos quedamos con Terrazas de los Andes Origen Los Chacayes Malbec 2023, una buena compañía para lo que vendría después.
Empezamos por la provoleta al hierro, con oliva y orégano fresco. Servida directamente en una pequeña pieza de hierro, llega con los bordes dorados y ese centro fundente que hace que la provoleta siga siendo uno de los grandes clásicos de cualquier mesa argentina.
Y entonces llega el momento más difícil: elegir la carne. La carta despliega una gran variedad de cortes y preparaciones, así que decidirse por uno solo no es tarea fácil. En esta ocasión, elegimos el bife de chorizo Angus de 500 gramos y el asado banderita Angus de cinco costillas, de 420 gramos.
El bife de chorizo tiene el protagonismo que se espera de un buen corte: carne jugosa, sabor intenso y una cocción que respeta el producto. El asado banderita, por su parte, suma otra textura y un sabor más profundo. Para acompañar, pedimos el cremoso de papa con aceite de trufas, parmesano y ciboulette, un puré sedoso y aromático que funciona especialmente bien junto a la carne.
Y acá aparece algunos de los grandes atractivos de Brava: el fuego, las brasas y las cocciones lentas. La idea es respetar las fibras, potenciar la terneza y dejar que el sabor hable por sí solo. Y hay algo más: la carta se anima a salir de los cortes de siempre y propone piezas menos obvias para una parrilla porteña.
Nos quedaron pendientes varios para la próxima visita, entre ellos el T-Bone Angus, el chuletón de vaca vieja Hereford y el Tomahawk Angus, todos disponibles por peso y a precio accesible para probar distintos cortes. Son justamente estas opciones las que amplían el recorrido y convierten a la carta de Brava en una invitación a volver y seguir probando.
La propuesta funciona, entonces, alrededor de una pregunta simple: ¿qué hace que una carne tenga determinado sabor, textura o carácter? En Brava, la respuesta no está solo en la parrilla. Está en todo lo que sucede antes de que el corte llegue al fuego.
Con una carta dedicada a recorrer distintas expresiones de la carne argentina, una buena selección de vinos, coctelería y una cocina parcialmente abierta, Brava propone una experiencia que combina producto, técnica y disfrute. Un lugar para quienes llegan buscando una buena carne, pero también para quienes quieren descubrir todo lo que puede haber detrás de un corte.

