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Cafés que son un plan: 10 propuestas que van más allá del café

Diez cafés porteños que esconden mucho más que una buena taza: arte, diseño, plantas y más.

Sol Mohadeb
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Ir a tomar un café es, quizás, el plan preferido de los porteños. Lo hacemos todos los días, a cualquier hora, con cualquier excusa. Pero cuando se trata de un fin de semana largo, unas vacaciones en la ciudad o un día libre que hay que llenar de algo, la pausa cafetera sola no alcanza. Ahí es cuando surge la pregunta: ¿y después del café, qué?

Por eso armamos esta selección de cafés que son un plan en Buenos Aires: 10 propuestas que responden esa pregunta antes de que la hagas. Lugares donde el café está a la altura —bien extraído, con buenos granos, con baristas que saben lo que hacen— pero que además tienen algo para quedarse un rato más: un showroom de ropa para recorrer mientras esperás el segundo cortado, un vivero que invita a perderse entre plantas, un museo que se visita con la taza en la mano, o un laboratorio de perfumes para descubrir con la nariz. Cafés que dejaron de ser solo una parada y se convirtieron en el destino en sí mismo.

1. Cafe.Te

Cafe.Te nació dentro de un estudio de arquitectura, y eso se nota en cada rincón: el espacio está pensado al detalle, con una decoración cuidada y una comodidad que invita a instalarse. Es el lugar ideal para hacer cowork o estudiar, con mesas amplias para desplegar la compu y un ambiente tranquilo que ayuda a concentrarse.

El café no se queda atrás: hay opciones clásicas, filtrados para los que buscan algo más sutil, y creaciones propias como el mocca (café, leche y chocolate) o el salted caramel (café, leche y caramelo salado), para quienes quieren algo más goloso. Para almorzar, la carta tiene varias opciones que no fallan: sándwiches, huevos turcos y una faina con queso y tomates confitados que se roba las miradas.

El dato: para reuniones o para trabajar sin distracciones, se pueden reservar salas privadas, como tener una oficina propia pero con mejor café.

Dónde: Thames 937, Villa Crespo.

2. Blind

Blind propone algo que no vas a encontrar en otro lado: un laboratorio de perfumes de autor en Chacarita que combina aromas de nicho con café de especialidad, con un prestigio que ya tiene respaldo internacional: en 2022, su fragancia Punto ganó el Pure Beauty Global Award a mejor fragancia de nicho. El café funciona dentro del mismo showroom, así que mientras esperás tu pedido podés ir recorriendo las distintas creaciones que tienen en exhibición, en una experiencia sensorial que empieza mucho antes de que llegue la taza.

Y la taza, quedate tranquilo, no defrauda: el café es de especialidad, con buen grano y una extracción prolija que se nota apenas das el primer sorbo. Para acompañar, la carta tiene opciones dulces y saladas, más una selección de pastelería japonesa que le suma un toque distinto —y bienvenido— a la experiencia. Un plan ideal para quienes buscan salir de la rutina cafetera de siempre.

El dato: ofrecen un curso de experiencia sensorial que combina sus dos especialidades, perfumería y café, para quienes quieran ir un poco más a fondo.

Dónde: Fraga 316, Chacarita.

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3. Clout Cafe

Clout Café funciona dentro del Museo Moderno de Buenos Aires, en San Telmo, y eso se nota desde que cruzás la puerta: el lobby respira arte, con un mural que cambia según la exhibición del momento y una biblioteca que invita a hojear algo mientras esperás el pedido. Un ambiente que predispone antes incluso de llegar a la barra.

Ahí, el café acompaña bien el entorno: de especialidad, bien preparado, con notas que se distinguen en cada taza. Para acompañar, la carta tiene variedad para todos los gustos —cookies, rol de canela, avocado toast y un yogurt con granola que funciona como opción más liviana—, ideal para quedarse un rato largo. Y las ganas de quedarse sobran: las muestras del museo rotan seguido, así que siempre hay alguna instalación nueva para recorrer.

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El dato: los miércoles la entrada al museo es gratuita, así que no hay excusa para no sumar el arte al plan.

Dónde: Av. San Juan 350, San Telmo.

4. Altar

En Colegiales, Altar es la prueba de que no hace falta un espacio enorme para tener personalidad de sobra. Es un espacio pequeño —una barra y unas mesas afuera— pero con una onda que se siente apenas cruzás la puerta. Acá el plan es el tarot: aparece en las tazas, donde te espera una mini carta con cada café, y también en los libros que decoran el lugar, invitando a quedarte a explorar un rato más.

Nada de esto le resta protagonismo al café: trabajan con granos de Fuego Café, uno de los tostadores referentes de Buenos Aires, y la preparación está a la altura, precisa y consistente. Para acompañar, la palmerita y el fosforito son un golazo, el complemento perfecto para una pausa que se estira más de lo planeado.

El dato: Altar hace un pausa al mediodía y cierra de 1 a 3:30 pm, así que conviene organizarse para no llegar justo en ese horario.

Dónde: Cespedes 3065, Colegiales.

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5. La bici

Como el nombre lo indica, La Bici combina un local de bicicletas con una barra de café de especialidad, dos mundos que conviven en el mismo espacio sin pisarse. El lugar es amplio y luminoso, con mesas adentro y también en la vereda, sobre una calle tranquila entre Colegiales y Palermo. Es ideal para ir esos días en que pega el sol y dan ganas de quedarse un rato largo mirando pasar a la gente.

El café acompaña a la perfección: bien hecho, prolijo, de esos que no fallan nunca. Para acompañar, la pastelería tampoco decepciona y los sándwiches en pan de pizza napoletana son imperdibles.

El dato: si te gustó la propuesta, también tienen un local en Punta del Este ideal para el verano.

Dónde: Zapiola 147, Colegiales.

6. RVR Cafe

Más que una parada para tomar café, RVR Café es de esos lugares donde terminás quedándote bastante más de lo que tenías pensado. El café de especialidad convive con el showroom de Revolver, una marca de streetwear con mucha onda en Villa Crespo, así que el plan es simple: pedir un buen café, recorrer los percheros y, con suerte, volver a casa con alguna compra.

El espacio acompaña, con mesas distribuidas tanto en el café como dentro del local, y una carta con clásicos dulces como cookies y alfajores, además de unos pancakes que merecen un capítulo aparte.

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El dato: además del café y la ropa, RVR suele organizar pop ups y colaboraciones con proyectos como Grasa o Bocha Helados, por lo que siempre hay algo nuevo para descubrir.

Dónde: Malabia 1148, Villa Crespo.

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7. Caffe Vivero Mario

Si necesitabas una excusa para perderte entre plantas un rato, Vivero Mario ya la tiene. Este histórico vivero de Palermo incorporó un café de especialidad que convierte la visita en una escapada de plantas y cafeína: recorrer el vivero, elegir alguna planta para llevarte y hacer una pausa con un buen café en medio del verde.

Hay varias mesas distribuidas entre la vegetación y una carta con opciones que acompañan muy bien, como el alfajor macaron de chocolate y maracuyá o un chipá recién horneado. Un oasis inesperado para desconectar sin salir de la ciudad.

El dato: si vas en auto, el vivero cuenta con estacionamiento propio, un plus que no abunda en la zona y hace que la visita sea todavía más cómoda.

Dónde: Av. Raúl Scalabrini Ortiz 1262, Palermo.

8. Cafe Miller

Café Miller no es un café convencional, y eso arranca por sus reglas de juego: abre solo viernes y sábados, no tiene entrada a la calle y hay que buscarlo dentro de un edificio que esconde, en sus primeros cuatro pisos, un vintage con mucha onda. El café está en el quinto, y llegar hasta ahí ya es parte del plan: subís recorriendo percheros y objetos con historia, como si te fueras de viaje sin salir del barrio, hasta desconectarte por completo de lo que pasa en la calle.

Arriba, la sensación es la de tomar un café en tu propia casa, con esa calidez que no se fabrica. El café está buenísimo, y para acompañar hay tortas caseras y sándwiches que se ganaron fama propia, como el de pollo o el de milanesa.

El dato: date tiempo para recorrer los cuatro pisos del vintage antes de subir, porque entre tanta ropa con historia es fácil perder la noción del tiempo.

Dónde: Miller 4450, Saavedra.

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9. Kike Cafe

En el primer piso del Malba, Kike tiene varias mesas y una propuesta que funciona como un gran plan por sí sola. El café acá es un diez, tanto en espresso como en filtrado, con esa preparación cuidada que se nota en cada método. Para acompañar, una vasca cremosa es de los grandes puntos altos, ideal para el momento dulce antes de recorrer el resto del museo.

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Porque el plan no termina en la taza: después del café está el Malba, uno de los mejores museos de Buenos Aires, con muestras que bien valen la visita. Kike es ese punto exacto donde se cruzan el café de especialidad, el arte y el diseño, con todo lo necesario para un plan completo: algo rico para tomar, algo dulce (o salado) para acompañar, y cultura de sobra para el resto del día.

El dato: para entrar hace falta la entrada al museo, pero los miércoles hay 50% de descuento para todo el público, y estudiantes, docentes y jubilados entran gratis.

Dónde: Av. Pres. Figueroa Alcorta 3415, Palermo.

10. Biombo x Kopi Cafe

Dentro de Biombo, un local en Palermo donde conviven emprendedores y diseñadores que exponen sus propios objetos, arte y mobiliario, funciona la barra de Kopi Café. La selección apunta al diseño independiente, así que cuesta no distraerse mirando mientras se hace tiempo para el café. Un plan pensado para quienes disfrutan tanto de una buena taza como de una vuelta por la decoración.

El café tampoco es una sorpresa: Kopi ya tiene varias sucursales repartidas por la ciudad y esta barra dentro de Biombo mantiene el nivel. Para acompañar, las cookies de chocolate y caramelo están buenísimas, y el alfajor de pistacho se lleva el primer puesto sin esfuerzo.

El dato: tanto Biombo como su barra de café descansan los domingos y lunes, así que mejor planear la visita entre semana o el sábado.

Dónde: El Salvador 6029 Loc biombo.

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