Argentina es sinónimo de pasión por el deporte, y por eso no podíamos dejar de vivir desde adentro lo que significa acompañar a Los Pumas en un partido de rugby. El sábado, el estadio de Vélez Sarsfield fue el escenario del duelo entre el seleccionado argentino y Sudáfrica. Pero la jornada empezó mucho antes del kick-off, entre copas, comida y actividades, para vivir el partido desde otra perspectiva.
La camiseta celeste y blanca todavía no había saltado a la cancha, pero el encuentro ya se empezaba a jugar. La propuesta de Play Patagonia invitaba a esperar el partido y disfrutar sin apuro, con islas de quesos y fiambres para picar y compartir, cortes de carne a las brasas y una gran variedad de opciones para comer mientras el estadio comenzaba a llenarse.
Los aperitivos, vinos y café de especialidad acompañaron la propuesta y completaron la oferta de bebidas durante la previa, mientras el estadio empezaba a tomar ritmo. Primero fue la música. Después llegaron los gritos, las canciones y ese murmullo que crece en las tribunas cuando falta cada vez menos para el comienzo. Vélez ya estaba en modo partido: la expectativa se transformó en adrenalina y cada jugada disputada encontró su propia reacción entre el público.
Mientras tanto, el espacio se convirtió en un lugar de encuentro para fanáticos y protagonistas del rugby, con la expectativa puesta en uno de los grandes partidos del calendario de Los Pumas: nada más y nada menos que frente a los bicampeones del mundo, los Springboks.
El entretenimiento también tuvo su lugar, con sorteos, sorpresas e invitados destacados. La jornada contó con la presencia de figuras históricas del rugby argentino, como Juan Hernández, Manuel Contepomi, Rodrigo Roncero, Tomás Cubelli y Juan Imhoff.
Llegó la hora de acercarse a las plateas y la experiencia se transformó por completo, ante unas 30.000 personas que llenaron Vélez y vivieron la pasión en cada pelota disputada. Del otro lado estaban los Springboks, en un partido físico, intenso y de esos que se definen en los detalles. Esta vez, la victoria fue para Sudáfrica, que se impuso 17-10.
Pero el partido estuvo abierto hasta el final. Los Pumas buscaron ese try que podía cambiar la historia y la ilusión se mantuvo hasta el último minuto, aunque la defensa sudafricana aguantó el embate. La derrota dejó un sabor agridulce, pero también la sensación de haber sido parte de una de esas tardes en las que el rugby se vive mucho más allá de la cancha.
Después del pitazo final, varios jugadores de Los Pumas se acercaron para compartir el cierre con los invitados. Entre charlas, fotos y una última copa, el resultado quedó por un momento en segundo plano. Porque la Experiencia Pumas es mucho más que los 80 minutos del partido: también son la comida, las historias, los encuentros y esa posibilidad de acercarse un poco más al mundo del rugby.
