Mariano Peccinetti es un artista visual, músico y “curador de imágenes” que ha logrado que su obra trascienda fronteras. Su talento se despliega en campañas visuales estéticamente hipnóticas para marcas como Gucci, Rolex, Adobe, Netflix, Vogue o GQ. Además, sus piezas han sido exhibidas en ciudades como Buenos Aires, Seúl, Brighton y Shanghái. Todo esto, concebido íntegramente desde su estudio al pie de la Cordillera de los Andes.
En este encuentro con Time Out, profundizamos en su proceso creativo para entender cómo logra fusionar el surrealismo, la naturaleza y, más recientemente, la inteligencia artificial, manteniendo intacta su identidad autoral.
Del infinito cósmico a las pasarelas de Shanghái: los orígenes
Hacia 2012, Peccinetti estaba plenamente enfocado en su banda musical de aquel entonces, Trasvorder. Fue a través de un seguidor del grupo que descubrió el arte del collage digital: al notar que este fan usaba como foto de perfil una obra de Jesse Treece, quedó fascinado. De inmediato, prendió su computadora y se dispuso a explorar esta disciplina.
Como él mismo recuerda, la explosión creativa resultó imparable. Entre noviembre de 2012 y enero de 2013 ya había concebido cincuenta collages, y para fines de ese año ya tenía doscientas obras. La fórmula técnica parecía sencilla, pero exigía una profunda sensibilidad: recolectar imágenes de revistas de las décadas del cincuenta, sesenta y setenta en antiguas ediciones de Vogue o National Geographic, para luego reciclarlas y construir realidades alternativas.
El reconocimiento internacional no tardó en llegar. Fiel a su filosofía de crear, compartir y soltar las expectativas, en 2014 el propio equipo de Instagram lo contactó para distinguirlo como artista referente dentro de la plataforma. Más tarde, un reel suyo alcanzaría los ocho millones de visualizaciones, lo que transformó su catálogo en un fenómeno viral global. Sin embargo, el salto definitivo hacia las grandes ligas del diseño y la moda llegaría más tarde.
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“Hubo varios momentos importantes que funcionaron como puntos de impulso en mi recorrido. Uno fue colaborar con Instagram, en una etapa en la que todavía era muy raro que una plataforma así trabajara con artistas digitales”, recuerda Peccinetti. En 2017 llegaría Gucci, marca que potenció el alcance internacional de su obra y su conexión con el mundo fashion. A esto se sumaría su destacada participación en la Fashion Week de Shanghái en 2019, un despliegue visual al otro lado del planeta, gestado desde la tranquilidad de Mendoza. Además, en 2020 lo contactarían desde Netflix para que creara piezas únicas para uno de sus perfiles de Instagram: Con Todo Netflix.
Mendoza me da mucha claridad para crear. (...) Hay algo del ritmo de la montaña y de cierta calma que necesito para trabajar
La montaña como refugio y motor creativo
¿Qué le aporta a Peccinetti residir y producir desde su provincia natal, mientras apunta a un mercado completamente internacionalizado? Su respuesta es una postal en sí misma: “Mendoza me da mucha claridad para crear. Vivo muy cerca de la precordillera, en el piedemonte, así que estoy bastante en contacto con la naturaleza y con los paisajes que da la provincia. Hay algo del ritmo de la montaña y de cierta calma que necesito para trabajar”.
Dicha conexión con el entorno natural resulta evidente al contemplar sus piezas. Montañas nevadas que se funden con atmósferas psicodélicas, caballos cabalgando sobre colinas floridas bajo cielos impecables, o lunas menguantes que parecen rozar las manos de personajes solitarios suspendidos sobre las nubes. Un claro cruce entre el plano onírico y el terrenal.
El salto a la inteligencia artificial: curaduría en la era de los algoritmos
La irrupción de la inteligencia artificial en el campo artístico ha protagonizado los grandes debates de los últimos años. Peccinetti, quien cimentó su carrera a partir de recortes analógicos y la composición digital clásica, transitó esta revolución tecnológica con la misma curiosidad que lo impulsó en sus inicios. Si bien al principio experimentó cierta resistencia, pronto comprendió que los bancos de imágenes históricas tenían límites físicos. La IA, entonces, emergió como una herramienta clave para desbloquear nuevos niveles de imaginación.
“Hoy mi proceso es bastante híbrido”, detalla sobre su método de trabajo actual. “Uso herramientas como Midjourney o Firefly para generar atmósferas, composiciones o situaciones visuales que después intervengo mucho en Photoshop. También uso distintos modelos de IA para animación y trabajo bastante con After Effects para terminar de construir movimiento y ritmo en las piezas”, explica. Y habla sobre su interés de que la tecnología funcione más como un punto de partida que como una solución.
Lejos de delegar el proceso creativo en los algoritmos, Peccinetti reivindica más que nunca su oficio. “Siento muy presente mi rol como curador de imágenes. Antes trabajaba más con imágenes existentes, y hoy muchas veces genero cientos de imágenes nuevas, en las que el proceso pasa por filtrar y seleccionar cuáles realmente tienen una identidad o una emoción particular”, afirma.
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El soundtrack de un viaje introspectivo
Explorar el universo de Peccinetti requiere, ineludiblemente, hablar de música. Ambas disciplinas artísticas se entrelazan y retroalimentan de manera constante en su obra. El estudio de la musicoterapia, según ha comentado en el pasado, resultó fundamental para potenciar esta fusión sensorial. En su taller mendocino, el silencio raramente tiene lugar. Desde allí produce inmerso en listas de reproducción que combinan frecuencias sonoras específicas, ambient, neo soul y jazz.
En paralelo a su trayectoria gráfica, lidera el proyecto musical indie y neo-psicodélico Las Luces Primeras. Y, aunque a nivel local goza de un notable reconocimiento por su faceta sonora, este aspecto ha tenido que pausarse ante la magnitud de sus compromisos visuales. “El álbum quedó en standby y tengo pensado retomarlo apenas pueda, con muchas ganas de volver a compartir música con los seguidores de Las Luces Primeras. La música sigue ocupando un lugar muy importante en mi vida, aunque hoy aparezca de una forma más silenciosa”, confiesa.
Me interesa seguir explorando imágenes cada vez más contemplativas y encontrar formas más personales de integrar la IA dentro de un lenguaje artístico propio
Lo que viene en el horizonte
Lejos de instalarse en la comodidad del éxito alcanzado, el artista continúa expandiendo sus fronteras estilísticas. “Me interesa seguir explorando imágenes cada vez más sensibles y contemplativas, y encontrar formas más personales de integrar la IA dentro de un lenguaje artístico propio”, reflexiona. A esta evolución estética se suma un crecimiento orgánico en su rol profesional: “En esta última etapa también empecé a incorporar más la dirección creativa dentro de algunos proyectos, pensando universos visuales más amplios y completos”.
Al final del día, con marcas internacionales tocando a su puerta por su estética, Peccinetti se queda en Mendoza. Desde la serenidad de su estudio, nutriéndose de la montaña y con la misma curiosidad con la que armó su primer collage en 2012, su casilla de correo permanece siempre abierta, atenta al próximo mensaje que lo invite a seguir diseñando nuevos universos.

