1. Recoleta Grand Hotel: Mansión Mihura


Diseñada por el arquitecto Eduardo Lanús y construida en 1922 para Francisco Mihura, Mansión Mihura es una antigua residencia protegida por su valor patrimonial que vuelve a abrir sus puertas después de una meticulosa renovación. Hoy propone una nueva manera de habitar la historia de Buenos Aires, donde el patrimonio convive con el arte, la música, la gastronomía y la vida social. La escalera señorial, las molduras originales, los revestimientos de madera y las proporciones de la residencia se mantienen como protagonistas, mientras el diseño contemporáneo suma una nueva capa sin competir con su carácter histórico. El resultado: un recorrido por distintos ambientes donde la arquitectura de la Belle Époque se encuentra con una mirada actual sobre la ciudad.
Parte del Recoleta Grand Hotel, la mansión abrió en 2026 como una nueva extensión de la propiedad y se convirtió en un punto de encuentro entre la historia arquitectónica de Buenos Aires y su energía contemporánea. Más que conservar el pasado, Mansión Mihura lo convierte en una experiencia para vivirlo en el presente. En pleno Recoleta, funciona como una pausa inesperada del ritmo porteño, ya sea para tomar algo, comer, escuchar música o simplemente recorrer sus interiores. El paseo se siente como descubrir una serie de mundos diferentes, donde los detalles originales de 1922 y el diseño contemporáneo conviven con naturalidad.
El dato: no hace falta estar alojado en el hotel para entrar. Los cuatro espacios de Mansión Mihura están abiertos al público, por lo que cualquiera puede conocer este rincón del patrimonio porteño y refugiarse un rato del movimiento de la ciudad.









































