1. Pozo de las Ánimas: el “agua del gritadero” y sus cautivadores espejos de agua


A unos 63 kilómetros de Malargüe, al sur de Mendoza, se encuentra uno de los monumentos naturales más impactantes de la provincia: el Pozo de las Ánimas. Al llegar, vas a maravillarte con dos inmensos pozos cónicos de casi 300 metros de diámetro, cada uno con un hipnótico espejo de agua. ¿Cómo se formaron? Durante años, los ríos subterráneos erosionaron el terreno blando de yeso hasta que el suelo colapsó, lo que dejó al descubierto estas imponentes cavernas a 80 metros de profundidad.
Esta belleza esconde un misterio que inspiró su nombre Trolope-Co, que en mapuche significa “agua del gritadero”. La leyenda cuenta que unos lugareños huían de noche de sus enemigos cuando, sorpresivamente, dejaron de escucharlos. Al regresar al otro día, descubrieron que la tierra se había tragado a sus perseguidores y, así, formado estos abismos. Muchos aseguran que, al asomarse, el viento que corre arrastra los lamentos de esas almas atrapadas.
El dato: Si bien muchos frenan a admirar esta belleza en invierno porque queda de paso hacia el Valle de Las Leñas, lo ideal es ir en verano para que la nieve no oculte el agua.
Dónde: Ruta 222, Los Molles, Malargüe, Mendoza.



















