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Mendoza misteriosa: un viaje por paisajes que esconden leyendas

Pozos profundos, lagunas turquesa y montañas sagradas: un recorrido con relatos de lugareños por escenarios impactantes.

Julieta Poblete
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¿Te imaginás una Mendoza donde la inmensidad de la naturaleza se cruza con el misterio del boca a boca? La provincia está repleta de escenarios naturales impactantes que se vuelven todavía más fascinantes cuando les sumás las leyendas del lugar. Es el match definitivo para que tu escapada deje de ser un simple paseo y pase a ser un viaje magnético.

Por eso, armamos este circuito alternativo para que te dejes llevar por los relatos de los lugareños y permitas que el misterio eleve la experiencia. En el camino vas a encontrarte con historias de amores trágicos, presencias ancestrales y muchos fenómenos sin explicación. Preparate para descubrir monumentos que no solo son un diez a nivel visual, sino que además guardan secretos capaces de ponerte la piel de gallina.

1. Pozo de las Ánimas: el “agua del gritadero” y sus cautivadores espejos de agua

A unos 63 kilómetros de Malargüe, al sur de Mendoza, se encuentra uno de los monumentos naturales más impactantes de la provincia: el Pozo de las Ánimas. Al llegar, vas a maravillarte con dos inmensos pozos cónicos de casi 300 metros de diámetro, cada uno con un hipnótico espejo de agua. ¿Cómo se formaron? Durante años, los ríos subterráneos erosionaron el terreno blando de yeso hasta que el suelo colapsó, lo que dejó al descubierto estas imponentes cavernas a 80 metros de profundidad.

Esta belleza esconde un misterio que inspiró su nombre Trolope-Co, que en mapuche significa “agua del gritadero”. La leyenda cuenta que unos lugareños huían de noche de sus enemigos cuando, sorpresivamente, dejaron de escucharlos. Al regresar al otro día, descubrieron que la tierra se había tragado a sus perseguidores y, así, formado estos abismos. Muchos aseguran que, al asomarse, el viento que corre arrastra los lamentos de esas almas atrapadas.

El dato: Si bien muchos frenan a admirar esta belleza en invierno porque queda de paso hacia el Valle de Las Leñas, lo ideal es ir en verano para que la nieve no oculte el agua.

Dónde: Ruta 222, Los Molles, Malargüe, Mendoza.

2. Laguna de la Niña Encantada: el agua que revela el rostro de una princesa

A unos 53 kilómetros de Malargüe, tras cruzar un puente sobre el río Salado y pagar una entrada al lugar, aparece la Laguna de la Niña Encantada. Esta joya turquesa de 80 metros de diámetro brilla en medio de El Infiernillo, un imponente campo de escoria volcánica. Alimentada por aguas subterráneas y rodeada por oscuras rocas de lava milenaria, la laguna crea un microclima capaz de desconectarte del mundo.

Cuenta la leyenda que la princesa Elcha, hija de un cacique, huyó con su verdadero amor para evitar un matrimonio arreglado. Perseguidos y acorralados por la tribu, los amantes decidieron arrojarse juntos al agua y murieron. La primera en llegar y asomarse a donde habían saltado fue la bruja, quien en ese instante fue fulminada por un rayo, que la convirtió en piedra. Hoy su silueta petrificada se asoma en la montaña, condenada a ver el reflejo de la joven cuyo rostro se ve en el agua con la luz de la luna.

El dato: en los remansos previos a la laguna, el avistaje de aves es mágico. Podés cruzarte con gallaretas andinas (Fulica americana), patos barcinos (Anas flavirustris), unas pequeñas aves conocidas como raras (Phytotoma rara) y hasta alguna lechucita de campanario.

Dónde: Ruta 222, Los Molles, Malargüe, Mendoza.

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3. Castillos de Pincheira: un refugio rocoso tallado por la naturaleza

A 27 kilómetros de Malargüe asoman los imponentes Castillos de Pincheira. Este monumento natural es digno de dejar boquiabierto a cualquiera debido a sus formaciones gigantes de roca volcánica. Esculpidas por el viento y la lluvia, estas estructuras adoptaron la silueta de una inmensa fortaleza medieval. Para vivir la aventura completa, te sugerimos cruzar el puente colgante y animarte a la caminata de 40 minutos hasta la cima, cuya vista panorámica es de otro planeta.

Semejante paisaje esconde un pasado de película. La leyenda afirma que los hermanos Pincheira, célebres bandidos del siglo XIX, utilizaban estos laberintos de piedra como guarida para evadir a sus perseguidores. Los puesteros aseguran que, en noches muy silenciosas, el viento aún arrastra los ecos de aquellos fugitivos.

El dato: al pie de los castillos hay un camping con pileta, parrillas, mesas, baños, proveeduría y hasta canchita de fútbol. Para reponer energías tras el trekking, nada mejor que pedir un chivito malargüino en su restaurante.

Dónde: Camino Carqueque, Malargüe, Mendoza.

4. Caverna de las Brujas: laberintos en las entrañas de la tierra

A 77 kilómetros de Malargüe se esconde la Caverna de las Brujas, un submundo en las entrañas del cerro Moncol. La experiencia es pura adrenalina: con casco y linterna, te sumergís en un laberinto de estalactitas y estalagmitas. Explorar estos pasillos estrechos y oscuras galerías subterráneas es un viaje alucinante, aunque definitivamente no apto para claustrofóbicos.

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La leyenda cuenta que dos mujeres cautivas, cuyos pies habían sido lastimados para evitar su fuga, escaparon pese a todo y se refugiaron en esta caverna. Al verlas salir harapientas al atardecer y escuchar sus lamentos, los lugareños creyeron que eran brujas y entraron en pánico. Se dice que en ese momento el lugar recibió su denominación actual.

El dato: es obligatorio reservar previamente mediante este turnero online. Te recomendamos salir de Malargüe con dos horas de anticipación para llegar a tiempo a la charla de seguridad que dan los guías turísticos.

Dónde: Reserva Natural Caverna de las Brujas, Bardas Blancas, Malargüe, Mendoza.

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5. Cerro Tunduqueral: trekking hacia las raíces andinas

A 120 kilómetros de la Ciudad de Mendoza, Uspallata te sumerge en un paisaje de silencios andinos y aire puro. A solo 7 kilómetros del centro de la villa se encuentra el Cerro Tunduqueral, bautizado así por los tunduques, pequeños roedores que cavan túneles subterráneos. Recorrer sus senderos de trekking es viajar en el tiempo: este sitio, declarado Patrimonio de la Humanidad, atesora más de 400 petroglifos milenarios grabados en roca.

A diferencia de otros destinos, acá no se habla precisamente de leyendas, sino de historia sagrada. Huarpes e incas veneraban este cerro y lo usaban como escenario para ceremonias de iniciación de mujeres. Mientras la ciencia confirma este dato, la intuición popular asegura que los grabados ocultan mensajes espirituales y astronómicos.

El dato: ante la imposibilidad de filmar en el territorio tibetano, este lugar fue elegido para filmar Siete años en el Tíbet (1997), la famosa película protagonizada por Brad Pitt.

Dónde: Cerro Tunduqueral, Uspallata, Las Heras, Mendoza.

6. Minas de Paramillos: aventura en antiguos túneles jesuitas

También situadas en Uspallata y a 2.600 metros de altura, las Minas de Paramillos te proponen un viaje fascinante. Este asentamiento jesuítico del siglo XVII esconde unas 10.000 galerías subterráneas de las que miles de personas extrajeron minerales. Hoy es pura aventura: podés explorar sus oscuros túneles con trekking minero, animarte al rappel o deslizarte en tirolesa entre sus ruinas.

Semejante escenario está cargado de mitos. Las ruinas alojan el santuario del Gaucho Cubillos, considerado por muchos como el “Robin Hood” mendocino. Además, los laberintos guardan el misterio de “El Timoteo”, un fugitivo que se escondió en la mina pero jamás volvió a salir, ya que se dice que la policía selló las salidas.

El dato: Paramillos viene de la palabra “páramo” (lugar desolado). Esta joya es considerada la primera explotación minera de la Argentina y una de las más importantes del Virreinato del Río de la Plata.

Dónde: RP52 km 25, Uspallata, Las Heras, Mendoza.

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7. Puente del Inca: el sacrificio que se convirtió en piedra

A 193 kilómetros de la Ciudad de Mendoza, el Puente del Inca despliega un espectáculo cromático único. Este puente natural sobre el río Las Cuevas deslumbra con vibrantes tonos naranjas y ocres producto de sus aguas termales. Debajo del arco descansan las fantasmagóricas ruinas de un lujoso hotel termal de 1925, arrasado por un violento alud del que, milagrosamente, sólo sobrevivió una pequeña capilla colonial.

Su curiosa silueta originó su leyenda. Cuentan que el heredero del Imperio Inca sufría una parálisis y viajó hasta este lugar en busca de sus termas curativas. Para que cruzara el río, sus guerreros se abrazaron hasta formar un puente humano. Tras sanar, el príncipe quiso agradecerles, pero sus hombres se habían petrificado, lo que creó el monumento.

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El dato: a comienzos del siglo XX, era uno de los destinos termales más exclusivos de Sudamérica. A sus aguas ricas en minerales llegaban viajeros de todo el mundo atraídos por sus supuestas propiedades curativas.

Dónde: Ruta Nacional 7, Las Heras, Mendoza.

8. Piedra Isidris: caminata hacia la misteriosa “Ciudad Dorada”

En el Challao, a un paso del centro mendocino, hay un trekking mítico para disfrutar ejercitando. El camino parte del Puesto Puerta de la Quebrada, desde donde también inicia el ascenso al cerro Arco. La meta es la Piedra Isidris, un bloque rocoso de cuatro metros decorado con misteriosos símbolos. El recorrido hacia ella dura unas tres horas, tiene exigencia media y transcurre por las huellas de un río seco flanqueado por increíbles vistas a la montaña.

Pero… ¿y el motivo de su fama? En 1993, la escritora Verónica Lizana aseguró haber contactado telepáticamente con “seres intraterrenos” (entidades míticas subterráneas) mientras meditaba allí. Según su libro, la Piedra Isidris es un portal hacia una “Ciudad Dorada” bajo tierra, habitada por esos seres.

El dato: en la base podés disfrutar del restó de montaña, convertido en un museo montañés lleno tanto de equipos como de anécdotas. Las empanadas de carne son deliciosas y, para “hidratarte”, podés probar su cerveza artesanal.

Dónde: El Challao, Las Heras, Mendoza.

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9. Pampa del Durazno: la joya oculta del Valle de Uco

En Los Chacayes, pleno Valle de Uco, se esconde la Pampa del Durazno. A esta llanura enmarcada entre montañas se llega tras una caminata ligera de 30 minutos desde la base del cerro Manzano. A lo largo del recorrido estás en contacto con la naturaleza, pero la verdadera magia ocurre al llegar a destino. Su nombre es un misterio. Muchos lugareños afirman que responde a que allí nació un duraznero brotado del carozo que arrojó un antiguo arriero. Otros dicen que ese nombre se debe al tono anaranjado de los cerros al atardecer.

Este rincón mendocino ostenta un aura mística innegable. Históricamente fue suelo de recolección y rituales huarpes, pero hoy las leyendas populares van más allá. El boca a boca señala a esta pampa como un punto de avistaje ovni y como un portal hacia una ciudad intraterrena como Isidris.

El dato: aprovechá tu visita a la Pampa del Durazno para darte una vuelta por el Manzano Histórico, a muy pocos kilómetros de ahí. Además de ser un paraje hermoso, es el punto exacto donde el mismísimo General San Martín descansó en 1823 al regresar de la campaña libertadora.

Dónde: Huella Turística a 4 kilómetros. al oeste de Ruta Prov. N° 89 y Ruta Prov. N° 94, Distrito Los Chacayes, Mendoza.

10. Cerro Aconcagua: el misterio de su guardián ancestral

A 185 kilómetros de la Ciudad de Mendoza se encuentra el Parque Provincial Aconcagua, hogar del “Coloso de América” y sus imponentes 6.962 metros. Acá podés disfrutar de caminatas suaves como el Circuito Laguna de Horcones o llegar hasta la Quebrada del Durazno, ideales para avistar cóndores. También existen expediciones de varios días hacia la cumbre, pero que están reservadas a montañistas expertos.

Este gigante custodia un hito arqueológico invaluable: la momia de un niño inca ofrendado hace cinco siglos, descubierta en 1985 a 5.400 metros sobre el nivel del mar. Su extracción coincidió con un fuerte sismo que sacudió Mendoza, que fue seguido por inusuales sequías. La creencia popular no tardó en atribuir estos fenómenos al enojo del cerro por interrumpir el descanso de su guardián. Para equilibrar esa energía ancestral, a fines del año pasado comenzó el operativo para regresar al niño al cerro Aconcagua.

El dato: para realizar cualquier actividad en el Parque, incluso las caminatas cortas, es obligatorio sacar turno y pagar el ticket online previamente desde este link.

Dónde: RN7 10, Puente del Inca, Mendoza.

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