1. Mercado del Progreso


Comencé el recorrido por el Mercado del Progreso, inaugurado en 1889 y convertido en uno de esos clásicos porteños que todavía conservan su esencia intacta. Hacía muchísimo que no iba y volver también fue una forma de redescubrirlo.
Entre puestos de carnes, pescados, frutas, verduras y productos frescos, todo parece remitir a otra época. Hacer las compras, pero de otra manera. Más lenta, más cercana, más humana.
Acá todavía existe algo que en muchos lugares se perdió: la charla con quienes atienden cada local, las recomendaciones, el oficio aprendido durante años y esa sensación de barrio que sigue viva entre los pasillos. Hay detalles de otro tiempo, un poco de nostalgia quizá. Cada puesto parece una foto salida de un viejo álbum familiar porteño.
El dato: Entre sus pasillos también caminó la literatura. Roberto Arlt ambientó escenas de El juguete rabioso en este mercado, retratando esa Buenos Aires obrera, caótica y profundamente humana que atravesó gran parte de su obra.
Dónde: Av. Rivadavia 5430.



















