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Valeria Massimino | Caballito
Valeria Massimino

Qué hacer en Caballito: un recorrido por la esencia del barrio

Un recorrido entre bares notables, cultura, gastronomía y rincones que mantienen viva la identidad porteña

Valeria Massimino
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Hay barrios que se recorren con un plan, y otros que invitan a bajar el ritmo y caminar. Caballito es uno de ellos. Para quienes se preguntan qué hacer en Caballito, la respuesta suele aparecer sola: una librería, un café, algo rico para comer o simplemente seguir caminando. Entre calles arboladas, casas antiguas, bares con historia y una vida de barrio que todavía resiste, Caballito parece funcionar como una pequeña ciudad dentro de la ciudad, donde siempre hay algo ocurriendo a pocas cuadras de distancia.

Ubicado en la Comuna 6 y considerado el centro geográfico de la Ciudad de Buenos Aires, Caballito combina historia, vida de barrio y nuevas propuestas gastronómicas y culturales sin perder identidad. Y sí, el nombre importa. Caballito debe su nombre a una antigua pulpería inaugurada en 1804, cuya veleta con forma de caballo terminó convirtiéndose en símbolo de toda la zona. Caminarlo sigue siendo la mejor manera de descubrirlo.

1. Mercado del Progreso

Comencé el recorrido por el Mercado del Progreso, inaugurado en 1889 y convertido en uno de esos clásicos porteños que todavía conservan su esencia intacta. Hacía muchísimo que no iba y volver también fue una forma de redescubrirlo.

Entre puestos de carnes, pescados, frutas, verduras y productos frescos, todo parece remitir a otra época. Hacer las compras, pero de otra manera. Más lenta, más cercana, más humana.

Acá todavía existe algo que en muchos lugares se perdió: la charla con quienes atienden cada local, las recomendaciones, el oficio aprendido durante años y esa sensación de barrio que sigue viva entre los pasillos. Hay detalles de otro tiempo, un poco de nostalgia quizá. Cada puesto parece una foto salida de un viejo álbum familiar porteño.

El dato: Entre sus pasillos también caminó la literatura. Roberto Arlt ambientó escenas de El juguete rabioso en este mercado, retratando esa Buenos Aires obrera, caótica y profundamente humana que atravesó gran parte de su obra.

Dónde: Av. Rivadavia 5430.

2. Parque Rivadavia

A pocas cuadras, Parque Rivadavia sigue funcionando como uno de esos clásicos porteños a los que siempre dan ganas de volver. Antes de perderme entre puestos de libros, revistas y discos, algo me llamó la atención: la cantidad de jóvenes y familias intercambiando figuritas, en un ritual que parece revivir con fuerza cada vez que se acerca un Mundial. Café o chocolate caliente en mano, el parque vuelve a convertirse en un gran punto de encuentro porteño.

Después sí, llega el momento de curiosear. Entre ediciones antiguas, vinilos, historietas, colecciones inesperadas y pequeños tesoros escondidos, es fácil pasar horas caminando entre los puestos. Y casi imposible irse con las manos vacías.

El dato: inaugurado en 1928, el parque fue construido sobre terrenos que pertenecieron a la familia Lezica, también ligada a las tierras donde más tarde se desarrollaría el Parque Centenario.

Dónde: Av. Rivadavia 4950.

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3. Centro Restaurante

Continué mi recorrido y, entre tantas opciones, terminé encontrándome con un lugar al que definitivamente dan ganas de volver. A pocas cuadras del movimiento constante de Caballito, sobre la calle Aranguren, un edificio retro aparece casi como una postal detenida en el tiempo. Ahí funciona Centro Restaurante, un espacio que en apenas tres años logró convertirse en uno de esos lugares que los vecinos ya sienten propios.

Parte del encanto está en la arquitectura. El restaurante funciona dentro de un edificio art decó de los años 40, con mármoles originales, detalles de época y hasta un antiguo ascensor de rejas que todavía sigue funcionando. “La arquitectura también forma parte de la experiencia”, cuenta Romina Marizza, dueña de Centro Restaurante, mientras el sol entra por los enormes ventanales e ilumina el salón.

Y Centro está ahí, brillando en medio de la tarde porteña. Abierto de lunes a lunes, ofrece una carta variada, opciones dulces y café de especialidad que invitan a quedarse un rato más. Hay brunch abundante los fines de semana, con opciones que sorprenden y se alejan bastante del típico brunch y además tienen pastelería propia. Por la noche, las luces bajas, las velas y la música en vivo terminan de transformar el espacio y le dan al lugar una atmósfera todavía más cálida.

El dato: durante muchos años, esta zona fue considerada el centro geográfico de la ciudad. Hoy ese punto se desplazó apenas unos metros y se ubica sobre la calle Martín de Gainza al 635.

Dónde: Dr. Juan Felipe Aranguren, 928.

4. Barrio Inglés

El Barrio Inglés es un pequeño microclima dentro de Caballito. Caminar por sus calles, y especialmente por la zona de Pedro Goyena, se siente como entrar por un momento en otra dimensión porteña: árboles enormes que forman túneles naturales, veredas silenciosas, luces tenues y casas centenarias. Aunque hoy suene histórico, el nombre “Barrio Inglés” fue oficializado recién en 1960, impulsado por una estrategia inmobiliaria que buscaba diferenciar esta zona residencial del resto del barrio.

Lo más lindo del lugar es justamente caminar sin apuro, casi sin autos, contemplando las mansiones y esa mezcla arquitectónica que combina el estilo Tudor inglés del siglo XV con detalles franceses e italianos. A pocos metros conviven cafés, restaurantes y rincones escondidos que acompañan esa calma tan particular que tiene el barrio. Por momentos, cuesta creer que uno siga en Buenos Aires. Y quizás ahí esté parte de su encanto. Probablemente, fue el rincón que más disfruté del recorrido.

El dato: muchas de sus casas tienen más de cien años y todavía conservan detalles originales de la época.

Dónde: el sector comprende seis manzanas entre Pedro Goyena, Valle, Emilio Mitre y Del Barco Centenera, pero conserva una identidad propia dentro de la ciudad.

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5. Asociación Amigos del Tranvía

Buenos Aires creció al ritmo del tranvía. Durante décadas, sus vías acompañaron la vida cotidiana de la ciudad, hasta que en 1963 el sistema fue eliminado casi por completo, considerado “viejo” frente a una idea de modernidad que termine borrándolo de las calles. Su memoria sobrevivió gracias al trabajo de la Asociación Amigos del Tranvía, que desde 1980 mantiene en funcionamiento el histórico tranvía de Caballito. Un paseo gratuito, con salidas cada 25 minutos y un recorrido de aproximadamente 20 minutos, que hoy funciona como un verdadero museo rodante.

Ernesto Falzone, secretario de la asociación y parte del área de comunicaciones, trabaja junto a un enorme equipo de voluntarios que mantiene vivo este proyecto desde hace 46 años. Nos cuenta que cerca del 20% de quienes suben al tranvía son turistas, aunque la mayoría sigue siendo gente del barrio y visitantes de distintos puntos del país. “Y eso emociona”, dice.

El dato: más de un millón de personas ya viajaron en este histórico tranvía porteño, mantenido íntegramente por voluntarios.

Dónde: Thompson 502.

6. El Patio de los lecheros

Y seguimos cerca de las vías, aunque esta vez lejos del tranvía. Donde hoy funciona El patio de los lecheros, con mesas compartidas, música y olor a pizza recién hecha, antiguamente funcionaba una estación ferroviaria a la que llegaban los vagones lecheros desde las zonas tamberas del interior. Desde acá, repartidores y vendedores cargaban los tarros en sus carretas para distribuir leche por distintos puntos de Buenos Aires. Todo cambió en 1961, cuando se prohibió la venta de leche sin pasteurizar y el predio comenzó lentamente a quedar abandonado. Décadas más tarde, el lugar fue recuperado y transformado en este polo gastronómico y cultural que hoy vuelve a reunir gente, aunque de otra manera.

Lo interesante del Patio no es solo la variedad gastronómica, hay opciones para todos los gustos, cerveza artesanal, helados y propuestas que van cambiando según el día,  sino la sensación de encuentro que se genera alrededor del espacio. Familias, grupos de amigos, turistas, y música en vivo conviven en un lugar pensado para quedarse horas. Abre todos los días y recibe miles de personas por semana. Además de la propuesta gastronómica, suele haber shows, talleres, juegos y actividades para chicos.

El dato: el predio tiene más de 2000 m2, es pet friendly, suele haber shows, talleres y actividades para chicos y mantiene viva una parte poco conocida de la historia ferroviaria porteña.

Dónde: Donato Álvarez 175 / Bacacay 1686.

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7. Museo Argentino de Ciencias Naturales Bernardino Rivadavia

Llegué a uno de los museos más importantes del país. Su historia comenzó en 1812, cuando Bernardino Rivadavia impulsó la creación de un Museo de Historia Natural, mucho antes de que existieran gran parte de las instituciones culturales de la ciudad. Pero lo más fascinante ocurre puertas adentro: esqueletos gigantes, fósiles, insectos, criaturas marinas y salas que parecen detenidas en otra época. Hay algo entre ciencia, nostalgia y aventura que hace que recorrerlo siga teniendo el mismo efecto que cuando uno era chico.

Sigue siendo uno de esos lugares donde todavía es posible quedarse mirando un dinosaurio gigante con la misma fascinación de la primera vez. Por sus laboratorios y colecciones pasaron figuras como Florentino Ameghino y Eduardo Ladislao Holmberg, convirtiendo al museo en una pieza clave para entender gran parte de la historia científica del país. Museos así también funcionan como recordatorio de algo esencial: no hay futuro posible sin ciencia.

El dato: abierto de martes a domingo, de 14 a 19 horas y sin reserva previa, el museo reúne una de las colecciones paleontológicas más importantes del país. También ofrece visitas guiadas, cursos y actividades para todas las edades.

Dónde: Av. Ángel Gallardo 470.

8. Parque Centenario

Entre tanto movimiento urbano, Parque Centenario aparece como una pausa indispensable. Hay algo muy particular en la atmósfera del parque: los patos que siguen a las personas esperando comida como si fueran perros con plumas, chicos riéndose, familias tomando mate, gente leyendo bajo los árboles o músicos improvisando alguna canción a la distancia. Escenas simples que todavía sobreviven en medio del ritmo de la ciudad. Las palomas, aparentemente, decidieron mudarse todas a este parque.

Los fines de semana aparecen los puestos de coleccionismo, libros, revistas, artesanías, figuras de acción y pequeñas rarezas donde siempre parece haber alguna joya escondida. Un clásico que conserva algo de ritual: la búsqueda paciente, revolver entre cajas, encontrar un vinilo inesperado, una edición perdida o algún objeto que parecía olvidado. Y quizás ahí esté parte de su encanto: un espacio que todavía invita a desconectarse y recuperar la capacidad de sorprenderse.

El dato: Parque Centenario fue diseñado por el famoso paisajista francés Carlos Thays e inaugurado en 1910 para celebrar el centenario de la Revolución de Mayo.

Dónde: Av. Díaz Vélez 4859.

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9. El Coleccionista bar

"𝐻𝑎𝑐𝑒 𝟾𝟶 𝑎𝑛̃𝑜𝑠 𝑞𝑢𝑒 𝑛𝑜 𝑠𝑜𝑚𝑜𝑠 𝑢𝑛 𝑙𝑢𝑔𝑎𝑟 𝑑𝑜𝑛𝑑𝑒 𝑐𝑜𝑚𝑝𝑎𝑟𝑡𝑖𝑟, 𝑠𝑜𝑚𝑜𝑠 𝑝𝑎𝑟𝑡𝑒 𝑑𝑒 𝑡𝑢 𝑣𝑖𝑑𝑎..." - El Coleccionista.

Ubicado frente a Parque Rivadavia y en pleno corazón de Caballito, desde 1915 sigue en pie uno de esos cafés porteños que parecen guardar historias entre sus mesas. Hoy conocido como El Coleccionista, forma parte del listado de Bares Notables de la ciudad y su nombre homenajea a quienes, especialmente los domingos, se reúnen en el parque para intercambiar estampillas, monedas, figuritas y otras pequeñas reliquias. Pedro, encargado del lugar desde hace más de treinta años, cuenta que vio pasar generaciones enteras por el café.

Vecinos de toda la vida, turistas, familias y habitués que siguen encontrando en este rincón algo difícil de explicar. “Ya somos como una familia, nos conocemos todos”, dice. Y quizás ahí esté parte de su encanto: los coleccionistas todavía llegan con carpetas, monedas y estampillas en mano, manteniendo vivo un ritual que se resiste a desaparecer. El salón conserva ese espíritu clásico de café de barrio: amplio, cómodo y con una atmósfera que mezcla nostalgia, conversaciones eternas y generaciones distintas compartiendo el mismo espacio. Lo más pedido siguen siendo las meriendas tradicionales, aunque también hay opciones para almorzar o cenar.

El dato: Originalmente funcionó allí el bar El Pelícano y luego El Cóndor, frecuentado por figuras como Roberto Arlt y Antonio Berni. Y en el quinto piso del edificio vivió el escritor y poeta Conrado Nalé Roxlo, otro nombre que ayuda a entender el peso histórico y literario de esta esquina porteña.

Dónde: Avenida Rivadavia 4929.

10. Biblioteca popular

“Los libros van siendo el único lugar de la casa donde todavía se puede estar tranquilo.” Julio Cortázar.

La labor de la Asociación Amigos del Tranvía también se extiende a la preservación documental y la difusión cultural. En su Biblioteca y Archivo “Federico Lacroze” resguardan miles de fotografías, mapas, planos, revistas, libros y objetos vinculados a la historia del transporte urbano argentino, convirtiéndose en uno de los espacios de consulta más importantes dedicados al tema.

Fundada en 1981, la biblioteca comenzó con material ferroviario y tranviario, pero con el paso de los años fue ampliando su colección hacia distintos géneros y áreas de interés general. Hoy funciona como una biblioteca popular abierta a la comunidad, donde conviven documentos históricos, textos de estudio, novelas, archivos fotográficos y verdaderas gemas difíciles de encontrar. Más que un archivo, el lugar se siente como uno de esos espacios donde todavía sobrevive algo del amor por leer, investigar y perderse entre historias.

El dato: Cuenta con una fototeca de más de 6.000 imágenes sobre tranvías y una colección de archivo impulsada por la Asociación Amigos del Tranvía.

Dónde: Thompson 502.

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