Entrar a Regina Bistró es encontrarse con un restaurante que parece haber entendido algo que no siempre es fácil de encontrar: que salir a comer también puede ser dejarse llevar.
Está en uno de los locales de la Recova de Posadas, rodeado de arcos y veredas amplias, y puertas adentro continúa esa estética con un salón luminoso, elegante y cálido. Pero si hay algo que termina de definir la experiencia, está en la mesa: una cocina de clásicos europeos, platos generosos y una propuesta lo suficientemente extensa como para querer volver y probar otro camino.
Fuimos a conocerlo y nos dejamos aconsejar por Oscar, el mozo que nos recibió con una pregunta tan simple como efectiva: “¿Qué tienen ganas de comer?”. Entre pollo que se corta con cuchara, pastas con trufa y un ojo de bife Café de París, la respuesta fue bastante fácil de encontrar.
La carta mira hacia los clásicos, pero sin quedarse en la nostalgia. Francia, Italia y España aparecen en una propuesta amplia que va desde platos de bistró hasta pastas, pescados, carnes, arroces y postres europeos.
Nos dejamos aconsejar por Oscar y arrancamos con jamón crudo con gnocco fritto y langostinos. Hay varias opciones para compartir desde el comienzo: anchoas con tomate o con boquerón, aceitunas negras marinadas y ostras, además de entradas como vitel toné, caponata con stracciatella y chipirones a la plancha.
Los langostinos y el jamón crudo fueron un buen anticipo de lo que ofrece Regina: sabores reconocibles, producto protagonista y preparaciones sabrosas y bien ejecutadas. Después llegó el momento de los principales, y ahí fue donde la mesa se puso seria.
Pedimos pollo con puré y ojo de bife con endivias. El pollo tiene un detalle que ya alcanza para querer pedirlo: se corta con cuchara. La carne está tan tierna que el cuchillo prácticamente sobra. Es de esos platos que no necesitan demasiada puesta en escena para funcionar. El puré acompaña y deja que el protagonista siga siendo el pollo. Y sí, Oscar volvió a tener razón.
El ojo de bife fue por otro camino: en su punto justo, con el exterior marcado y el interior jugoso. En la carta aparece como ojo de bife Café de París, de 300 gramos, acompañado por manteca de hierbas y curry. Nosotros lo probamos con endivias asadas, una guarnición que aportó un contrapunto vegetal y ligeramente amargo.
La sección de carnes se completa con lomo a la pimienta, hamburguesa con white cheddar y una polenta blanca con estofado de carrilleras. Para acompañar, están las papas fritas de la casa —incluida una versión con trufa negra—, las espinacas a la crema, el brócoli al ajillo y los alcauciles braseados.
La carta viaja a Italia
Si hay una sección que merece atención especial son las pastas. Desde el restaurante las presentan como el corazón de la cocina y hay opciones para quienes buscan platos bien clásicos y otras un poco más sofisticadas: bucatini alla chitarra con manteca y trufa negra, tagliatelle a la bolognesa, ñoquis al pomodoro con stracciatella, florentinos de ricota con manteca y salvia y agnolotti del plin con demi-glace y espuma de parmesano.
También hay un capítulo dedicado a los arroces, con risotto de hongos, paella argentina de mariscos y arroz meloso de langostinos.
Del mar a la mesa
Para quienes prefieren pescado, la oferta cambia según la disponibilidad del día: puede haber chernia, salmón, abadejo, lenguado, corvina, mero, merluza hubbsi, trucha o pacú, con distintas salsas para elegir.
Es una carta que permite ir por distintos caminos. Se puede hacer una comida más de bistró, recorrer la tradición europea o armar una mesa para compartir varios platos. Incluso aparecen algunos guiños bien porteños, como el vitel toné, que convive sin problemas con ostras, gnocco fritto, trufas y pastas italianas.
Algo dulce para el final
Pedimos crème brûlée y profiterol. La primera cumplió con todo lo que uno espera del clásico: una capa de azúcar caramelizada para romper con la cuchara y una crema suave debajo. El profiterol llegó con helado de pistacho y salsa de chocolate, una combinación golosa que cerró la comida a lo grande.
La carta dulce sigue en la misma línea europea, con tiramisú, mousse de chocolate con crème fraîche y nibs de cacao garrapiñados y una tarta vasca de dulce de leche.
La copa también juega
La coqueta barra acompaña la experiencia con cocktails y mocktails pensados para distintos momentos de la comida. Hay clásicos y opciones sin alcohol para acompañar los platos, brindar o estirar la sobremesa.
Nos fuimos con la sensación de haber probado un restaurante que entiende bastante bien qué quiere ser: un bistró de cocina europea clásica, pero pensado para la Buenos Aires de hoy. Un lugar lindo, muchos caminos para elegir, platos que se apoyan en recetas reconocibles y un servicio que suma a la experiencia.
Porque sí: la comida importa. Mucho. Pero cuando después de varios platos todavía te acordás del mozo que te recomendó qué pedir, probablemente algo se hizo bien.
Dónde: Posadas 1053, en la Recova de Posadas. Abre todos los días de 12 a 1.
