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GISELLA MARTIN | Paul French Gallery
GISELLA MARTIN

Slow living en Buenos Aires: cafés y rincones para bajar el ritmo

10 rincones porteños para desconectar, bajar el ritmo y encontrar momentos de calma sin mirar el reloj.

Sofia Falke
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En una ciudad que rara vez se detiene, elegir el slow living en Buenos Aires es una forma de recuperar el tiempo. El slow living es una filosofía y un estilo de vida que invita a vivir despacio, priorizar la calidad sobre la cantidad y encontrar un mayor equilibrio en el día a día. Se trata de bajar un cambio, prestar atención a los detalles y disfrutar cada pausa sin mirar el reloj: un café que se estira, una copa de vino que invita a quedarse o una tarde entre plantas y libros.

Desde cafés escondidos en monasterios y bibliotecas hasta galerías con invernaderos, wine bars de barrio y cafeterías pet friendly, todos tienen algo en común: nadie te apura. Ya sea para trabajar tranquilo, leer un rato o simplemente conversar sin apuro, estos diez lugares son la excusa perfecta para adoptar esta filosofía. Para conocer más lugares en los que disfrutar de la tranquilidad de Buenos Aires, seguí a VisitBUE.

1. Casa República

En pleno microcentro, Casa República propone una pausa entre historia, arquitectura y buena gastronomía. Instalado en el restaurado Palacio Peña, conserva vitrales, salones y detalles originales de fines del siglo XIX. Podés instalarte durante horas con un café o una merienda en su pulpería-bar, o sentarte a almorzar con una carta inspirada en los sabores argentinos.

La visita puede completarse en Concepto Preludio, una cuidada librería especializada en fotografía, diseño, arquitectura y patrimonio. También vale la pena recorrer la imponente escalinata, contemplar la cúpula restaurada y detenerse en los salones históricos antes de volver al café. Acá el tiempo parece pasar más lento.

El dato: Entre los imperdibles de la carta están los buñuelos de la huerta, la tira de asado con ensalada de rúcula y parmesano, el pastel de papa y el omelette sorpresa, un homenaje al chef Gato Dumas.

Dónde: Florida 460, San Nicolás.

2. Paul French Gallery

Apenas se cruza el portón de PAUL French Gallery, el ruido de la ciudad queda atrás. Un antiguo pasillo conserva los rieles de cuando el edificio funcionaba como fábrica y depósito a principios del siglo XX, y conduce hasta un oasis de plantas, muebles, objetos de diseño y una casa de té escondida al fondo. Entre orquídeas y rincones verdes, cada detalle invita a quedarse un rato más.

La propuesta se completa con los tés de Tealosophy, la pastelería francesa de Cocu Boulangerie y una carta de cócteles y mocktails a base de té. Después, el recorrido sigue entre muebles, textiles, fragancias y objetos de diseño, muchos realizados por artesanos argentinos. Entre sabores, aromas y piezas únicas, el tiempo parece pasar un poco más lento.

El dato: PAUL abre de lunes a sábado, de 11 a 20 h. Además del local, cuenta con una tienda online y otras sedes en Benavídez, Mendoza y Uruguay.

Dónde: Gorriti 4865, Palermo.

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3. 1745 Café Bistró

Escondido dentro del histórico Monasterio Santa Catalina, 1745 Café Bistró parece quedar a kilómetros del microcentro. Entre galerías, vegetación y arquitectura del siglo XVIII, el ruido de la ciudad desaparece y el patio invita a estirar un café de especialidad, un desayuno, un almuerzo al aire libre o una merienda hasta entrada la tarde.

Las mesas bajo la pérgola son las más buscadas. Entre el canto de los pájaros, el verde y la arquitectura centenaria, el café puede durar toda una tarde. También hay rincones leer un libro, trabajar un rato o simplemente contemplar el edificio histórico. Antes de irte, incluso, podés pasar por el stand de flores frescas y llevarte un ramo a casa. A pocos metros, el microcentro sigue su curso; pero en 1745 Café Bistró, el café siempre encuentra una buena excusa para durar un rato más.

El dato: además de ir a tomar un café, 1745 Café Bistró cuenta con WiFi y espacios para hacer home office entre galerías y vegetación. También organiza eventos sociales y corporativos, desde bodas y cumpleaños hasta reuniones de trabajo.

Dónde: San Martín 705, San Nicolás.

4. Origen Café

En una esquina luminosa de San Telmo, Origen Café es de esos lugares en los que el desayuno puede convertirse en almuerzo y la merienda terminar con el sol cayendo. El café de especialidad, el brunch y la pastelería artesanal recién hecha invitan a quedarse, mientras las mesas junto a la ventana y al aire libre acompañan el ritmo pausado del barrio.

Hay libros para comprar y leer en el momento, mesas para abrir una novela o sacar las pinturas, y café de especialidad para acompañar la tarde. La carta también incluye almuerzos preparados con productos frescos y de estación, además de opciones para desayunar o merendar durante todo el día. También es uno de esos lugares elegidos por quienes trabajan de forma remota o buscan un rincón tranquilo para pasar varias horas sin apuro.

El dato: para entrar en sintonía con el espíritu del lugar, pedí un matcha latte acompañado por unos dorayakis. Inspirado en la filosofía zen, el matcha invita a disfrutar el momento y las pequeñas cosas.

Dónde: Humberto 1º, San Nicolás.

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5. 444

Escondido dentro de un club de barrio en Caballito, 444 es de esos bares en los que una copa suele convertirse en toda la noche. Entre vermú artesanal, etiquetas de pequeños productores y platos caseros para compartir, el plan fluye sin apuro. El salón y sus patiosuno cubierto y otro al aire libre— permiten disfrutar del lugar en cualquier época del año, mientras el equipo recomienda vinos según el gusto de cada mesa, sin tecnicismos ni poses.

Además de su carta, 444 suele organizar catas, música en vivo y encuentros especiales que hacen que cada visita sea distinta. Acá las conversaciones se alargan, las copas se vuelven a llenar y mirar la hora deja de ser parte del plan.

El dato: además de una cuidada selección de vinos, 444 elabora su propio vermú artesanal, macerado durante 45 días con frutas, especias y botánicos. En la cocina trabajan con verduras mayormente orgánicas, huevos de campo y aceite de oliva extra virgen, que no reutilizan para sus preparaciones.

Dónde: Avenida Jose María Moreno 444, Caballito.

6. Kissaten Tostador

Antes de que aparezca el primer café, ya pasa algo. El ruido de la Avenida Juramento queda atrás. Sobre los estantes, tazas, teteras, cafeteras y objetos traídos de Japón marcan el tono del lugar. La piedra, la madera y una iluminación tenue completan la escena. En cuestión de segundos, el ritmo cambia. El espacio combina una estética minimalista con un tostador propio, donde cada origen se selecciona y se tuesta con precisión.

Acá el café se toma sin apuro. La vajilla, el diseño del menú y la barra abierta forman parte del recorrido. La carta incluye cafés de origen único, blends exclusivos y preparaciones filtradas, además de pastelería artesanal y una propuesta de cocina para cualquier momento del día. Al fondo, el patio con plantas ofrece mesas de madera, incluida una mesa comunitaria ideal para grupos grandes o para compartir la mesa con otros.

El dato: El menú es parte de la experiencia. Cada página fue diseñada con referencias al ukiyo-e (浮世絵), el tradicional arte japonés de grabados en madera que retrata paisajes, escenas cotidianas, flores y aves. Algunos destacados son la galleta de miso, matcha roll y financier de maní.

Dónde: Av. Juramento 1381, Belgrano.

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7. Pámpano Wine House

Antes de cruzar la puerta, las mesas en la vereda y los barriles convertidos en apoyos para copas ya anticipan el plan. Una vez dentro, las botellas ocupan las paredes y la sensación es la de estar tomando vino dentro de una cava. En una esquina tranquila de Villa Devoto, Pámpano se define como un "bolichito para comprar y tomar vino". Su propuesta gira alrededor de etiquetas de pequeños productores, que pueden disfrutarse en el lugar junto con tablas de quesos y embutidos, picadas y algunos platos para compartir.

No hace falta conocer de vinos para disfrutar la experiencia. El equipo pregunta qué te gusta tomar, recomienda etiquetas según tus preferencias y siempre tiene alguna historia detrás de cada botella. El resultado es un lugar ideal para conversar, descubrir nuevos proyectos y quedarse una copa más de la prevista.

El dato: para acompañar la copa, hay tablas con quesos estacionados y semiduros, embutidos artesanales, aceitunas y otras delicatessen, además de pan artesanal tostado. El maridaje perfecto para cualquier vino de la carta.

Dónde: Chivilcoy 4602, Villa Devoto.

8. Invernadero

A las nueve de la mañana hay cafés sobre las mesas. Al mediodía aparecen platos para compartir. Cuando cae la tarde, las copas empiezan a ganar terreno y, por la noche, la barra toma el protagonismo. Invernadero cambia de ritmo a medida que pasan las horas, pero hay algo que permanece igual: el jardín sigue siendo el corazón del lugar.

Rodeado de plantas y con mucha luz natural, este espacio funciona con una propuesta all day, de 9 a 1 h. La carta acompaña ese recorrido con café de especialidad, almuerzos, cenas y una coctelería de autor que invita a estirar la sobremesa. Acá no hace falta decidir de antemano cuánto tiempo vas a quedarte: el plan suele cambiar solo.

El dato: la carta acompaña con platos como la farinata con stracciatella o la milanesa de bife de chorizo con ñoquis soufflé. Para acompañar, probá Mi Amigo Borges, un gin tonic con Lillet macerado en slices de frutilla.

Dónde: Agüero 2502, Recoleta.

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9. Paula Roldán La Cafetería

Hay pocos lugares en Buenos Aires donde un café se disfrute entre arquitectura, libros y una de las mejores vistas verdes de la ciudad. Ubicada en el primer piso de la Biblioteca Nacional, Paula Roldán La Cafetería es un refugio para lectores, estudiantes, vecinos y cualquiera que necesite bajar un cambio. El plan puede ser tan simple como pedir un café con una porción de torta de Paula Roldán, abrir un libro y dejar pasar la tarde.

También hay desayunos, almuerzos, meriendas y una amplia selección de pastelería artesanal para acompañar la visita. Desde el salón y la terraza, el entorno invita a quedarse sin mirar el reloj, entre cultura y naturaleza. Es uno de esos lugares en los que una pausa para tomar un café termina convirtiéndose en un paseo completo.

El dato: Además del café de especialidad, la carta incluye platos como el sándwich de bondiola desmechada, la pechuga con papas y salsa cítrica o las tartas del día. Para la merienda, no te pierdas la carrot cake de Paula Roldán, el roll de canela o un latte saborizado con avellana, caramelo o vainilla.

Dónde: Biblioteca Nacional, Agüero 2502 1° piso, Recoleta.

10. Modo Pet Café

En Modo Pet Café es normal ver perros tomando agua mientras alguien espera un café de especialidad. La gran vidriera deja ver la escena desde la calle y, para quienes siguen de paseo, también hay una ventana para pedir takeaway. Este espacio combina una tienda de diseño para perros y gatos con una cafetería de especialidad. Mientras vos pedís un café, un brunch o una merienda, ellos también tienen su propio menú, con opciones como el famoso Capudog y snacks especialmente pensados para mascotas.

Entre correas colgadas, camas, juguetes y accesorios de diseño fabricados en Argentina, las mesas se llenan de personas que llegan acompañadas por sus compañeros de cuatro patas. El espacio es amplio, luminoso y completamente pet friendly, y suele convertirse en punto de encuentro para la comunidad amante de los animales.

El dato: además de recibir mascotas todos los días, Modo Pet Café organiza jornadas de adopción junto a organizaciones de rescate, en las que se puede conocer perros que buscan una familia.

Dónde: Báez 286, Palermo.

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