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Servando Rocha

Servando Rocha

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Madrid oculto: Las cupleteras y el Apocalipsis

Madrid oculto: Las cupleteras y el Apocalipsis

Se deslumbraban y ca√≠an presos de amor generales (Primo de Rivera), reyes (Alfonso XIII) y hasta maharaj√°s. En 1906, en los d√≠as previos al enlace real entre Alfonso XIII y Victoria Eugenia, interrumpido por la famosa bomba del anarquista Mateo Morral al paso de la comitiva, la ciudad se engalana y recibe a numerosas autoridades. Entre ellas, al fastuoso maharaj√° de Kapurthala, quien acude al teatro del Gran Kursaal para ver el espect√°culo de la cupletera Anita Delgado. Inmediatamente, rendido ante su belleza, pide su mano. M√°s tarde, en la correspondencia que ambos mantuvieron, don Ram√≥n del Valle-Incl√°n hizo de celestino y ayud√≥ a una Anita casi analfabeta a redactar la carta que facilit√≥ la boda, a la que lleg√≥ a lomos de un gran elefante. Pero Anita Delgado fue solamente una m√°s de entre todo aquel ej√©rcito sical√≠ptico (una derivaci√≥n de ‚Äėapocalipsis‚Äô, por lo que generaba en el imaginario ciudadano la actitud de las cupletistas) capitaneado por Raquel Meller, La Fornarina, T√≥rtola Valencia, La Bella Chelito, Pastora Imperio, Carmen Flores, Dora la Cordobesita, Salud Ruiz y tantas otras. Eran transgresoras y unas adelantadas feministas que las mismas sufragistas tomaron como ejemplo. Sus espect√°culos, en ocasiones, eran tumultuosos y su imagen provocadora convert√≠a algunas zonas de una capital que nunca dorm√≠a en peque√Īos Montmartres y recordaba a lo que entonces suced√≠a en los bajos fondos de la Rep√ļblica de Weimar: desinhibici√≥n, libertad y alegr√≠a. La prensa lo llamab

Madrid oculto: La isla en el Manzanares

Madrid oculto: La isla en el Manzanares

La imagen que proyectaba cuando termin√≥ la Guerra Civil era la de un barco bombardeado y varado en medio del Manzanares, justo frente a la actual estaci√≥n de Pr√≠ncipe P√≠o. Entre aquella imagen y lo que pod√≠a verse cualquier d√≠a de verano desde que La Isla, una gran piscina levantada aprovechando una de las islitas artificiales que a√ļn hoy se distinguen en el r√≠o, se inaugur√≥ en 1931, con la llegada de la Rep√ļblica, mediaba un abismo. Siglos antes, en los tiempos de Felipe II, el exiguo caudal del Manzanares estuvo a punto de lograr lo imposible: convertirse en navegable para que uniera la ciudad con Toledo e incluso alcanzase Portugal. Un sue√Īo imperial. L√≥gicamente, tras varios precarios intentos la idea se descart√≥. Por eso, cuando el arquitecto Luis Guti√©rrez Soto propuso la creaci√≥n de una piscina con forma de barco en pleno r√≠o, algunos recordaron el delirante proyecto. Sin embargo, La Isla, como se llam√≥, fue todo un √©xito. Contaba con amplias piscinas tanto a proa como a popa. Tambi√©n exist√≠a una cafeter√≠a y vestuarios. Sus instalaciones, con varias alturas, se desbordaban por la afluencia de p√ļblico. Incluso estaba unida al mismo r√≠o, de donde proven√≠a el agua, aunque filtrada y tratada. El Manzanares ha sido cantado, pintado y convertido en verso. Tambi√©n, en ocasiones, ha sido motivo de burla por lo peque√Īo y modesto de su caudal, a veces casi testimonial. Algunos monarcas, en un alarde de fantas√≠a delirante, so√Īaron con convertirlo en nuestro Sena. Hasta comienzo

Madrid oculto: Antihimnos del punk ortodoxo

Madrid oculto: Antihimnos del punk ortodoxo

Al final de la avenida un b√ļho avanzaba hacia nosotros. No hab√≠a m√°s tr√°fico a aquellas horas de la madrugada y menos en aquel lugar, Campamento, en el Madrid de los primer√≠simos 90, donde la urbe se dilu√≠a. Subimos entre risas. Nadie pagaba. Pegada mi cara a la ventana contemplaba el aspecto de aquella ciudad a medio camino entre una modernidad que no llegaba y su propio pasado. En los barrios obreros se mostraban a√ļn las cicatrices de los duros 80. La hero√≠na hab√≠a barrido las calles y las c√°rceles se llenaban de chavales enganchados. Cuando √≠bamos de concierto en kasas okupadas o salas destartaladas, el paisaje era desolador: descampados y bloques de viviendas a punto de venirse abajo. Ir desde la Gran V√≠a a Chueca, donde la plaza era un barrizal dominado por yonquis y traficantes, era entrar en otro planeta. Compr√°bamos discos en Record Runner (junto a la plaza de Santo Domingo) o en La Ortiga (Estrecho), y casetes piratas a √Āngel, del sello Fobia, en el Rastro. √ćbamos a La Vaca Austera, donde Kike Turmix siempre daba conversaci√≥n, o a la Barmacia, a la que se entraba pasando un examen a trav√©s de la mirilla de la puerta. Las frecuentes manifestaciones terminaban en incidentes y cargas policiales. Creaban im√°genes imposibles de olvidar, como Rossy de Palma, junto a Santiago Auser√≥n, gritando en una lluvia de piedras y botellas a la salida de un concierto en la sala Rev√≥lver de Arg√ľelles. A unos pasos de all√≠, en los bajos de Aurrer√°, cientos de punks apuraban la noche y,

Madrid oculto: La basurera y la dinamitera

Madrid oculto: La basurera y la dinamitera

Al caer la noche, entre las angostas calles del barrio de Tetu√°n, entonces conocido como Tetu√°n de las Victorias, se escond√≠an mil peligros. O al menos eso dec√≠an la polic√≠a y la prensa: apaches huidos, atracadores y bandidos. Pero lo que un periodista encontr√≥ en 1929 fue a una extra√Īa mujer que empujaba un carro atestado de objetos y ropas usadas y que aseguraba haber sido amiga personal de P√©rez Gald√≥s, Emilio Carrere¬† y Mario Roso de Luna, adem√°s de espiritista y escritora a sueldo del antitaurino Eugenio Noel. Respond√≠a al nombre de Margaret D‚ÄôEspont pero todos los traperos la conoc√≠an como la Madam. "Antes se trataba con mucha buena gente, porque ten√≠a una casa de modas, pero luego le dio por tratarse con los esp√≠ritus", le confes√≥ una basurera amiga suya. El sorprendido periodista visit√≥ la casucha en que viv√≠a y quiso saber m√°s de aquella imponente mujer "vieja, alta y huesuda, que ha debido de ser por lo que en ella ha dejado la vida, una rara belleza", escribi√≥. Supo que era inglesa, aunque hab√≠a nacido en la India. Antes del alba, con su carro tirado por un borriquillo, sal√≠a a conquistar Madrid en su lucha por la vida mientras se comunicaba con los esp√≠ritus, o eso aseguraba, so√Īando con su vida pasada y el modernismo, como cuando escrib√≠a art√≠culos que firmaba su amigo Eugenio. "Me comunico con los esp√≠ritus y leo en el pasado y en el futuro como en un libro abierto", dijo al periodista. Si yo la hubiera conocido le habr√≠a preguntado por la vida futura, por Rosar

Madrid oculto: Madrid fue moderno

Madrid oculto: Madrid fue moderno

En 1890 la ciudad terminaba en la zona de Ventas, entonces llamada Ventas del Esp√≠ritu Santo. Calificada de "laberinto √°rabe", estaba atravesada por el arroyo Abro√Īigal, exiguo, maloliente y que no desaparecer√≠a hasta los a√Īos 70, cuando fue soterrado. Junto a este, serpenteantes chabolas, barracas de feria y numerosos merenderos con nombres como el T√≠o Barriga, La Gloriosa, Los Andaluces, Liberto y Conejo o El Toledano para la aristocracia del chotis. El escritor Julio Camba, un gallego que conoc√≠a como ninguno la capital, sus gentes y la pobreter√≠a, tiene aqu√≠ una calle, aunque este liderase su tertulia muy lejos de all√≠, en Casa Ciriaco (Mayor, 84). En la calle de al lado comienza un viaje en el tiempo: Madrid Moderno, el "barrio m√°s europeo de todos los barrios madrile√Īos", como escribi√≥ ABC en 1906, al poco de su construcci√≥n final. Fue creado por el abogado Santos Pinela y su socio, el arquitecto Juli√°n Mar√≠n, aunque la inspiraci√≥n vino de Mariano Belm√°s Estrada, colaborador de Arturo Soria. El objetivo era que all√≠ donde la ciudad terminaba se levantasen viviendas unifamiliares que imitasen las casitas de la modernidad europea, pero asequibles (a 5.000 y 10.000 pesetas) y, sobre todo, "higi√©nicas", lejos del hacinamiento proletario. Hoy resisten menos de 20, sobre todo en la calle Castelar y Roma. Su decadencia y, en algunos casos, derribo fue otro crimen m√°s de una ciudad que no cuid√≥ su pasado y se llev√≥ por delante antiguos palacios y hasta la legendaria Quinta del

Madrid oculto: El ejército peripatético

Madrid oculto: El ejército peripatético

No se las conoc√≠a como prostitutas. Periodistas y escritores, en los a√Īos 20 y 30 del siglo pasado, las llamaban "peripat√©ticas" (aquello que es "rid√≠culo y extravagante", cuando no "grotesco", aunque la palabra hace referencia a una antigua escuela filos√≥fica griega). Se las ve√≠a en caf√©s y tabernas de mal vivir. Tambi√©n en las tertulias que terminaban de madrugada y eran frecuentadas por bohemios hambrientos, mecheras, sical√≠pticas y gentes de dudosa reputaci√≥n, donde se encontraban entre los "suyos". La calle Montera siempre fue su feudo, pero tambi√©n los aleda√Īos de la Puerta del Sol, nuestro peque√Īo barrio chino (Encomienda o Esgrima, en lo alto de Lavapi√©s), Tetu√°n y las Pe√Īuelas. O en la plaza de Santa Mar√≠a Soledad Torres Acosta (aunque nadie la llama as√≠ sino plaza de la Luna). Una vez hubo all√≠ un imponente palacio, el Palacio de Monistrol. En los bajos del edificio estuvo el famoso Caf√© de la Luna, frecuentado por artistas, poetas y numerosas prostitutas que recib√≠an el nombre de la Cofrad√≠a de la Piruleta. Su due√Īo, Joaqu√≠n Hevia, fue asesinado en su casa del n√ļmero 30 de la calle de la Justa (actual Libreros). Fue el famoso crimen de la calle de la Justa, que se sospech√≥ obra de una prostituta, harta de tanta mala vida y tambi√©n harta de Hevia. Parte del Palacio fue tambi√©n sede de la anarcosindicalista CNT, sometida a continuas redadas y registros. En una ocasi√≥n, las prostitutas echaron una mano a los confederales. Con la autoridad a las puertas, cada una de el

Madrid oculto: Ruta infernal

Madrid oculto: Ruta infernal

Dicen que el toledano Cerro del B√ļ esconde una entrada al inframundo. Pero lo mismo sucede con el monasterio de El Escorial. Felipe II, que se rodeaba de una cohorte de magos y adivinos, orden√≥ levantarlo sobre otra entrada al averno. Nuestros infiernos urbanos son m√°s prosaicos, menos espectaculares. Claro que los √°rabes, que convirtieron esta misteriosa Mayrit en una ciudad invertida cuyo centro pod√≠a recorrerse mediante t√ļneles y pasadizos, sab√≠an mucho de esto. Sin embargo, preferimos por su cercan√≠a lo que descubri√≥ hace un siglo P√≠o Baroja, cuando en su primera juventud viv√≠a en una casona unida a la del cura de las Descalzas Reales y la leyenda aseguraba que incluso comunicaba con el Palacio Real. Ten√≠a unos subterr√°neos a los que sol√≠a bajar y de cuyas paredes pod√≠a extraerse carb√≥n. A√Īos despu√©s, cuando derribaron el inmueble, se descubri√≥ un enorme agujero. Un obrero arroj√≥ un peri√≥dico encendido, que descendi√≥ hasta perderse de vista. Toda la ciudad est√° repleta de lugares de nombres inquietantes, una toponimia infernal. Tuvimos un Bodeg√≥n del Infierno en la calle Cuchilleros, donde en ocasiones por unos pocos reales los vagabundos pod√≠an pasar la noche atados a la mesa o incluso a la pared. Con los primeros rayos de sol eran despertados bruscamente por el due√Īo. Tambi√©n un Callej√≥n del¬† Infierno en el que vivi√≥ el infame Cura Merino, nuestro regicida patrio, que acuchill√≥ a la reina Isabel II, quien salv√≥ su vida gracias a su robusto cors√© tipo ballena. Hasta estu

Madrid oculto: Nuestras wonder women

Madrid oculto: Nuestras wonder women

"La afici√≥n del p√ļblico madrile√Īo por las luchas grecorromanas ha sido causa de que las empresas las hayan implantado en los salones de variet√©s", informaba El Eco Art√≠stico en febrero de 1915. En Madrid, un ej√©rcito de cantantes y luchadoras inundaba cabarets y garitos de todo tipo, como las famosas Hermanas Gaditanas, inventoras de la "lucha grecorromana feminista". Todo suced√≠a a medio camino entre el espect√°culo burlesque y los palos y jiu-jitsu de las sufragistas inglesas. Amparito, que lideraba el d√ļo, se retorc√≠a, hac√≠a muecas y retaba a alg√ļn valiente que se atreviera a alzar la voz. Las algaradas eran constantes, pero las Gaditanas dominaban el terreno. No eran las √ļnicas: Regia Soler, Flora Viana y Estrella Soler, entre muchas otras, cada noche alcanzaban la gloria en cuadril√°teros improvisados, en peleas con mujeres √°rbitros y con el p√ļblico enloquecido. Mientras tanto, a imitaci√≥n de la por entonces popular lucha grecorromana masculina, numerosas mujeres formaron clubes donde eran entrenadas por los mejores deportistas, ya retirados, que les ense√Īaban toda clase de llaves y mostraban los secretos del combate feroz, ese que llegaba incluso hasta legendarios cabarets como el parisino Moulin Rouge, que sol√≠a programar combates antes de los shows nocturnos, las danzas apachescas, las contorsiones y el delirio. Intentaban derrotar a su rival con llaves y proyecciones utilizando solo la parte superior del cuerpo. Ambas, como si fuesen superhero√≠nas del c√≥mic, vest√≠an un

Madrid oculto: La ciudad de los espías

Madrid oculto: La ciudad de los espías

Como cada ma√Īana, el misterioso bar√≥n K emprend√≠a su paseo por la plaza de los Mostenses y sus alrededores, un laberinto de calles estrechas, caf√©s cantantes y edificios apretujados. Torpe y hasta c√≥mico fue nuestro gran antiesp√≠a. Un bigote falso, una a√ļn m√°s falsa peluca o un apresurado disfraz de vagabundo o delincuente de medio pelo no convierten a nadie en un brillante agente secreto. Todos sab√≠an que en aquel Madrid de hace un siglo vend√≠a sus servicios a alguna potencia extranjera dispuesta a comprar rumores y cuentos a bajo precio. Mientras tanto, en Barcelona, otro falso bar√≥n llamado Koening, metido en una empresa criminal muy seria, liquidaba a decenas de anarquistas con su ej√©rcito de matones. La plaza de los Mostenses hab√≠a sido lugar de conspiradores. Ol√≠a a p√≥lvora, conjuraba odios pasados y alentaba otros presentes. En 1823, una sociedad secreta llamada Suprema Asamblea de los Comuneros de Castilla, presidida por el Gran Castellano, tuvo all√≠ su sede. Tambi√©n en ese lugar estuvo la redacci√≥n de El Combate, un peri√≥dico republicano de ef√≠mera existencia (1870-1872). Sus redactores sol√≠an llevar pistola para defenderse de los ataques de rivales. Deb√≠an ser h√°biles con el gatillo, pero tambi√©n manejar con solvencia el pu√Īal. Es posible que K se creyese un Mata Hari masculino, pero distaba mucho de serlo. En 1906 la verdadera Mata Hari bailaba en el legendario Gran Kursaal de la plaza de El Carmen. Durante la Primera Guerra Mundial, la holandesa espi√≥ para Alemani

Madrid oculto: Los secretos de Chicote

Madrid oculto: Los secretos de Chicote

Tan solo hab√≠a que subir unos pasos por la Gran V√≠a hasta llegar al primer piso de su n√ļmero 6, donde ten√≠a la sede el Club Anglo-Americano, justo encima del Banco Anglo-Sudamericano. Una vez all√≠, Perico Chicote sub√≠a las escaleras con honores de jefe de Estado y se cruzaba con esp√≠as, diplom√°ticos y, seg√ļn se cuenta, con las mism√≠simas hijas de Franco, que acud√≠an al bar para ocupar una de las cuatro mesas donde los jueves se organizaban concurridas partidas de bingo. Era una zona liberada, al margen de los rigores y las prohibiciones del primer franquismo, que te√≥ricamente persegu√≠a con sa√Īa el juego. Su barman, F√©lix, era √≠ntimo de Perico. El primero le daba al segundo algunas de las codiciadas botellas destinadas a su gran colecci√≥n. Tambi√©n se consegu√≠an buenos cigarrillos y whisky. Uno de los miembros del club era el director de la tienda de la embajada inglesa. Tra√≠a el material de Gibraltar con la complicidad de polic√≠as que se llevaban su parte. En aquel Madrid, devastado a√ļn por los bombardeos, la mayor√≠a de sus habitantes vest√≠an un uniforme civil y la palabra m√°s escuchada era 'estraperlo': "Para adquirir telas, pa√Īos, tejidos de cualquier clase hay que acudir tambi√©n al estraperlo ‚Äďrecuerda Pedro Gonz√°lez Juarranz en sus descarnadas memorias‚Äď y pagarlos a precios exorbitantes, la gente agudiza su ingenio para aprovechar la ropa y vestidos que utiliza desde antes de la guerra, acudiendo a profesionales para ‚Äėdarles la vuelta‚Äô o de otra forma ti√Ī√©ndoles en casa, p

Madrid oculto: Las noches del Nikka's

Madrid oculto: Las noches del Nikka's

Los ojos de los sorprendidos miembros de Los Pekenikes, el legendario grupo de rock, casi se sal√≠an de sus √≥rbitas. Un enorme cami√≥n hab√≠a comenzado a descargar bater√≠as, guitarras Stratocaster o bajos Fender. Por entonces, entre los pioneros de la m√ļsica ye-y√©, contar con buenos instrumentos era una misi√≥n casi imposible. Apenas exist√≠an tiendas. Tampoco, por lo general, hab√≠a dinero. Cuando se calmaron, preguntaron a qui√©n deb√≠an aquella inusitada muestra de generosidad: "Cortes√≠a de Juan Domingo Per√≥n", contest√≥ el empleado. M√°s tarde, durante la primavera de 1963, actuaron frente al depuesto presidente argentino, entonces en Espa√Īa. Aunque a Per√≥n le gustaba el pop, no le agradaba el ruido que llegaba de la lujosa casa de su vecina de arriba, Ava Gardner, quien tras vivir en La Moraleja, en un chal√© que llamaba La Bruja (en su tejado hab√≠a una veleta con la imagen de una bruja montada en una escoba), se mud√≥ a la calle de Oquendo y, finalmente, al n√ļmero 11 de la avenida del Doctor Arce. Cada noche se suced√≠an las fiestas, gritos y la m√ļsica alta. Se beb√≠a en exceso y puede que algo m√°s. Per√≥n, harto de las algaradas, la denunci√≥. Gardner hab√≠a llegado a Espa√Īa en 1951. Le gust√≥ tanto nuestro pa√≠s y, sobre todo Madrid, que dos a√Īos m√°s tarde, ya divorciada de Frank Sinatra y rendida ante el torero Domingu√≠n, se instal√≥ en nuestra ciudad. No le faltaban amistades. Una de estas, su media naranja en las noches de noctambulismo, era el director Nicholas Ray, al que hab√≠a cono

Madrid oculto: Los castizos imposibles

Madrid oculto: Los castizos imposibles

La reuni√≥n tiene lugar en la sede social de los Chopera, aut√©nticos todopoderosos del mundo taurino. Madrid vive una euforia que tiene algo de impostada y comienza a perder pie. La fiesta, lo mismo que el verano, parece eterna. La Luna de Madrid, la revista emblem√°tica de La Movida, ha tenido una idea: organizar una gran corrida de toros en Las Ventas. El periodista Jos√© Luis Moreno-Ruiz propone a tres toreros de renombre: Joaqu√≠n Bernard√≥, Rafael de Paula y Gregorio de T√©bar 'el Inclusero'. Y los Chopera asienten. Pero cuando el proyecto est√° a punto de cerrarse, todo se tuerce: "Al poco de comenzar el encuentro con Manuel Mart√≠nez Chopera ‚Äďescribe Jos√© Luis en La Movida modernosa‚Äď, los tres chisgarab√≠s [de La Luna de Madrid] que me acompa√Īaban empezaron a soltar paridas. Una de ellas result√≥ definitiva. Propusieron que los vestidos de torear de los matadores los dise√Īara Agatha Ruiz de la Prada, y que en vez de la banda de m√ļsica tocara Gabinete Caligari". Chopera no sabe ad√≥nde mirar. Gabinete Caligari (tup√©s, gesto de desaf√≠o y actitud apachesca), con aquel "Somos Gabinete Caligari y somos fascistas" que lanzaron en uno de sus conciertos, o la defensa a ultranza de la Fiesta Nacional, se convirtieron en padres del rock "castizo y torero". Su cantante y l√≠der, Jaime Urrutia, habr√≠a llorado si se hubiera hecho realidad ese sue√Īo de un concierto suyo en pleno ruedo. S√©ptimo Sello cantaban por aquella √©poca un antihimno como era Todos los paletos fuera de Madrid. Macarras con

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