Hay personas que crecen rodeadas de aquello que, años después, definiría su vocación y profesión. Para Cami Torta, el vino estuvo desde siempre a su alrededor: cenas, degustaciones, restaurantes, aromas y conversaciones que escuchaba casi como un murmullo de fondo. Hija de la reconocida sommelier Mariana Torta, podría haber seguido un camino similar al suyo pero no, durante un tiempo, quiso exactamente lo contrario. Hoy, a los 33 años, es Head Sommelier de Azafrán Restó, en Mendoza, y acaba de recibir el reconocimiento como Mejor Sommelier de la Argentina 2026 por parte de la Guía Michelin.
Pero el premio cuenta solo una parte de su historia… La somm buscó transitar su propia ruta al estudiar Geografía, trabajar en servicio gastronómico y pasar por algunos de los restaurantes más interesantes de Buenos Aires. Pero en un momento su cabeza “hizo un click”, se mudó de provincia y allí encontró el lugar para terminar de construir su propia mirada sobre la bebida que finalmente la enamoró. Cami busca hablar menos de fichas técnicas y más de territorios, personas, historias y de todo aquello que sucede alrededor del vino.
Crecer entre vinos
Cami Torta es oriunda de Azul, provincia de Buenos Aires, y los recuerdos más vívidos de su infancia los construyó en Luxemburgo, donde vivió hasta los 12 años. El vino formaba parte de su paisaje familiar ya que su mamá -integrante de la primera camada de sommeliers del país y actual Brand Ambassador & Manager LATAM de Wines of Argentina- estaba rodeada de sus amigos, los referentes actuales de la industria como Alejandro Vigil y Sebastián Zuccardi.
“Todo lo que me rodeaba tenía que ver con el vino, se juntaban en cenas a hablar de vino y yo jugaba con frasquitos a un juego de olores. En los restaurantes que me llevaban yo jugaba a poner la mesa, ya hacía servicio”, recuerda quien comenzó trabajando en La Trastienda como camarera.
Quizás el hecho de haber vivido desde chica en este mundo, no le generó interés inmediato para ser parte de él. “Hoy mi vínculo con el vino es más que mi trabajo aunque no quise saber nada con él. Estuve mucho tiempo renegando, diciendo ‘yo no quiero hacer lo mismo que mi mamá’”.
Geografía, Buenos Aires y una carrera que empezó a tomar forma
Torta ingresó a la UBA a estudiar Geografía, su deseo era convertirse en geógrafa pero el cursado duró apenas unos meses; con los años descubrió que aquella carrera no estaba tan alejada del camino que terminaría haciendo, “ahora veo que está totalmente ligada a mi trabajo y de hecho, me vine a vivir a una provincia con mucha geografía”, cuenta.
El estudio quedó pausado pero su labor en el servicio no; se sumó al equipo de Bar du Marché, el primer wine bar de Buenos Aires, donde empezó a conocer con mayor profundidad los vinos argentinos; luego armó cartas de etiquetas y el punto de inflexión llegó a los 24 años, al sumarse a Anchoita, a los pocos meses de su apertura. “Hasta ese momento estaba ‘jugando’ en el mundo de la sommellerie”, reconoce.
Allí trabajó junto a un equipo de cuatro sommeliers encabezado por Valeria Mortara, una figura que hoy ubica entre sus grandes mentoras, junto a su madre. Juntas, en pandemia, idearon la Cava de Anchoita, donde quedó a cargo de comunicar el vino del mundo para Argentina, extendiendo su horizonte de conocimiento a botellas excepcionales.
Ser hija de Mariana Torta podría haber significado transitar una ruta ya trazada pero Cami se desafió al construir otro sendero, el suyo propio. “Ella me abrió puertas y se lo agradezco mucho pero hice mi propio camino y eso ayudó a que tengamos estilos muy diferentes, que vayamos por búsquedas distintas”.
La diferencia entre ambas está atravesada por el momento histórico que les tocó vivir. Mariana formó parte de la generación que construyó las bases de la sommellerie argentina; Cami, en cambio, recibió un mapa construido y pudo preguntarse qué hacer con el vino nacional. Su búsqueda está lejos de repetir información, está orientada a encontrar nuevas maneras de contar, a ver más allá de una ficha técnica, y de conectar con el consumidor.
Le interesa el contexto del vino, los suelos, el clima, la altitud, las familias, las filosofías de producción y, especialmente, las personas que están detrás de cada proyecto porque, según dice, “con las características propias de una región, todos hacemos un gran vino pero lo que cambia el producto es la intervención humana”.
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Mendoza: experimentar aquello que durante años había contado
Su manera de dar a conocer el vino argentino al mundo la llevó a preguntarse si realmente sabía lo que estaba contando o si estaba repitiendo lo que le contaban. Y en ese momento, apareció otro punto de inflexión en su vida: la mudanza a Mendoza.
Cami Torta necesitaba acercarse al lugar donde sucedía aquello que durante años había estudiado y comunicado desde Buenos Aires: “Me vine por una necesidad de sincerarme con todo lo que había aprendido y con lo que comunico, de pasarlo por el cuerpo, caminar por los suelos, tocar las uvas, percibir aromas… Quería vivenciar todo lo que me habían contado”.
El primer año en la provincia hizo consultorías para distintos proyectos, bodegas y restaurantes mientras construía una nueva red de vínculos con enólogos de la nueva generación como Federico Gambetta, Andrés Vignoni, Agustina Hanna, Lucas Riccardi y Agustín Alcoleas. “Ellos me empezaron a llevar a las fincas, a mostrar todo eso que me contaban con palabras para que lo viviera desde adentro. Yo estoy todo el tiempo habida de aprender y lo estoy haciendo de la mano de los que más saben; es un privilegio”.
Azafrán Restó: una cava para contar el vino argentino
Desde la primera consultoría que Cami Torta hizo en Azafrán Restó, junto al chef Sebastián Weigandt, sentaron las bases de una relación estelar. Ambos definieron los maridajes que acompañan a una alta gastronomía que invita a un viaje por el terroir, los paisajes, los ingredientes y los productores de Mendoza. E inmediatamente llegó la propuesta de ser la Head Sommelier de un gran equipo.
Su objetivo allí es claro: comunicar el vino argentino a todos los comensales extranjeros que reciben. “Mi deseo es hacer crecer esta industria y mi granito de arena es mostrarles todas las opciones nacionales; recurro a una lectura de la mesa, a sus gustos y preferencias para saber qué contarles y qué etiqueta recomendarles”.
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Y por este motivo es que la cava del restaurante está pensada como vidriera del vino argentino, allí conviven proyectos pequeños y grandes, productores de distintas regiones, etiquetas de diferentes estilos y de diversas añadas.
La estrella Michelin que también habla de un equipo
En 2026 llegó el reconocimiento que terminó de poner el nombre de Cami Torta en el mapa gastronómico nacional: el Michelin Guide Sommelier Award 2026. La distinción destacó precisamente aquello que ella viene construyendo: una relación cercana con el comensal y una manera de utilizar cada botella como punto de partida para contar una historia, hablar de su origen, de la añada y de quienes la hacen posible.
Para la Mejor Sommelier de la Argentina, este premio es una oportunidad de darle mayor visibilidad al trabajo que viene haciendo junto a su equipo. “Es un impulso mayor para que podamos seguir acompañando el crecimiento de la industria de nuestro vino”.
“Esta estrella no nació de la nada. Está hecha de años de trabajo, de estudio, de horas (...), pero, sobre todo, está hecha de otras personas”, escribió en Instagram al momento de recibir el premio. Allí es donde aparece la figura de Weigandt y lo que luego contó: “Él me ha dado la libertad absoluta para hacer lo que quiera. Me apoyó siempre, es súper generoso y si hoy brillo un poco más, es también gracias a Sebastián y a Azafrán”.
Su consejo para empezar a disfrutar más del vino
Después de tantos años entre copas, cartas y cavas, ¿qué le recomienda Cami a alguien que quiere empezar a conocer más de vinos? La respuesta es mucho más sencilla de lo que pensamos: tomar vino. Probar blancos, tintos y rosados, cambiar de varietales, buscar distintas regiones, descubrir qué gusta y qué no. “Hay que animarse a probar cosas diferentes”, sostiene.
La misma lógica aplica cuando habla de Mendoza y de salir a comer. No propone una lista finita de lugares sino que insiste en que “vale la pena salir a descubrir, la gastronomía mendocina es riquísima”. Y entre los que recomienda aparecen Cocina Gardenia, Angélica Cocina Maestra de Catena Zapata, Quimera Bistró, Cal, de Sitio La Estocada y Monono Bakery Café.
Y quizás ese sea, al final, el punto en común de toda su historia: animarse a salir de lo conocido. Cami no escapó del mundo del vino que había heredado sino que descubrió su manera de recorrerlo, de contarlo y de compartirlo. Hoy lo hace desde Mendoza, entre territorios, productores y copas. Y con una estrella Michelin que, más que cerrar una historia, parece abrirle otra.

