1. Fukuro


Doce años atrás pusieron los ramen-bars en el mapa porteño, estética japo-pop incluida. Hace poco se mudaron a unas pocas cuadras y el proyecto se mantuvo fiel a su concepto original: producto artesanal y respeto por la tradición. Los ingredientes cambian según la estación y en esta temporada sumarán hongos, maíz y raíces que aportan textura, dulzor natural y umami a las distintas preparaciones.
Entre los favoritos históricos se destacan el Keep it Real, su interpretación de un ramen tradicional de cerdo, y el Akamiso Ramen, elaborado con miso de producción propia, un proceso artesanal que puede llevar meses —e incluso años— y que aporta profundidad al caldo. Tienen un ramen especial fuera de carta, en el que experimentan con distintas técnicas y proteínas (calamar, pato o carne de res, entre otras).
El dato: ofrecen un taller práctico e intensivo de cuatro horas, con cupos para 12 participantes, que se llama Oda al Ramen y propone una inmersión real en el mundo del ramen artesanal.
Dónde: Ángel Justiniano Carranza 1940, Palermo.





















