iñaki-urlezaga
Juanjo Bruzza | Iñaki Urlezaga
Juanjo Bruzza

Iñaki Urlezaga vuelve a bailar: "el cuerpo grita lo que calla la mente"

Tras siete años lejos de los escenarios, regresa con El aplauso final y reflexiona sobre la danza, el oficio y el teatro como acto de resistencia.

Publicidad

Hay decisiones que parecen definitivas hasta que aparece algo capaz de desarmarlas. El 26 y 27 de septiembre, Iñaki Urlezaga volverá a bailar en el Teatro Opera con El aplauso final, una creación propia que marca su regreso a los escenarios después de siete años.

La obra combina una primera parte con fragmentos de grandes clásicos del ballet y una segunda que acompaña la despedida de una bailarina y el vínculo con su coreógrafo, sobre el Concierto para Piano Nº2 de Sergei Rachmaninoff.

En diálogo con Time Out, habla sobre su inesperado regreso, el paso del tiempo sobre el cuerpo, la transmisión entre generaciones y por qué cree que el teatro sigue siendo uno de los pocos espacios donde todavía no existe el zapping.

iñaki-urlezaga
Iñaki UrlezagaEl aplauso final

Cuando Urlezaga se despidió en 2018, no dejó ninguna puerta entreabierta. Y, sin embargo, El aplauso final terminó convirtiéndose en el proyecto que lo trajo de vuelta. Lo curioso es que nunca fue concebido para eso.

Después de haberte despedido oficialmente de los escenarios, ¿qué te hizo sentir que era un buen momento para volver?

“No sé si hay un buen momento. En este caso el motor es la obra, no el tiempo. Yo no me iba a subir más, tenía decretado que me había jubilado: no debía, no podía subirme más al escenario”, cuenta.

La historia apareció antes que la decisión de volver. La obra cuenta la despedida de una bailarina y el vínculo con su coreógrafo. Recién cuando la estructura estuvo terminada, Urlezaga descubrió que faltaba alguien para interpretar ese papel y pensó: “ese puedo ser yo”.

“Yo ya me despedí de los escenarios;  ya tuve el aplauso final. Esta obra es hacia otros, hacia los sucesivos que vengan”
iñaki-urlezaga
Iñaki UrlezagaEl aplauso final

Si bien ya no baila profesionalmente, asegura que su relación con la danza permanece intacta."Me sigo sintiendo un bailarín. Sigo amando la profesión como antes, tal vez más intensamente. Vivo como un bailarín, pero ya no ejerzo", distingue con claridad entre profesión e identidad. Quizás esto se deba a que a lo largo de su carrera combinó el trabajo como intérprete y como coreógrafo, una mirada que hoy conserva desde otra etapa de su vida.

“Soy coreógrafo desde hace 30 años; siempre tuve una carrera dual. Siempre estuve abajo del escenario y arriba al mismo tiempo”

Urlezaga habla del cuerpo sin solemnidad y hasta con humor. Sabe que regresar al escenario siete años después implica aceptar que aquel cuerpo que interpretó algunos de los grandes papeles del repertorio clásico ya no es exactamente el mismo.

¿Cambió tu manera de habitar el cuerpo arriba del escenario?

Cambia. Por eso yo no me puedo poner una calza. Me pongo un lindo traje. Es inexorable. ¡Eso es algo que la IA tiene que resolver! Por ahora, las canas llegan… Sería el Príncipe Gris. Uno añora la vigorosidad del ayer, pero también trajo otros aprendizajes. Todo es dual en la vida.

Hay algo que, sin embargo, permanece intacto: la necesidad de encontrar una razón para actuar. “La obra, la inspiración, la genuinidad que tiene ese acto atávico que es subir a un escenario. Sin eso, yo no funciono”, confiesa.

iñaki-urlezaga
PicasaIñaki Urlezaga

En El aplauso final, el cuerpo no funciona solamente como instrumento de la danza. También dice aquello que, para Urlezaga, las palabras no siempre pueden decir. “A través del cuerpo podés expresar todo. Tiene una verdad que no tiene la palabra, porque la palabra se puede intelectualizar. El cuerpo grita lo que calla la mente”, asegura.

Y continúa: “Siento una gran libertad de poder expresar con el cuerpo. Creo que con eso puedo conquistar el mundo, por decirlo de alguna manera. No por ser todopoderoso, sino por la propia fuerza que tiene el cuerpo como algo natural”.

El programa reúne fragmentos de Romeo y Julieta, La Traviata, El lago de los cisnes y Espartaco. Para Urlezaga, la elección responde tanto a los bailarines como al público. "Siempre trato de buscar las obras que mejor les queden a los artistas. Pienso como coreógrafo, pero también como público", explica. El resultado es un recorrido que alterna romance, tragedia, clasicismo y épica en busca de un equilibrio entre música, dramaturgia y puesta en escena.

Mirá la entrevista a Iñaki en nuestro streaming

En una época dominada por pantallas, algoritmos y contenidos que duran segundos, ¿qué puede ofrecer una disciplina con siglos de historia?

El ballet no tiene zapping; el teatro no tiene zapping. Desde la pandemia hasta ahora el mundo cambió, no sé si para mejor o para peor, pero necesariamente el teatro ha quedado como un bastión de resistencia”, afirma.

Para él, su potencia está justamente en aquello que no puede reproducirse. Una función sucede una vez. Al día siguiente pueden estar los mismos bailarines, en el mismo teatro y haciendo la misma obra, pero la experiencia será otra. “Hay algo de eso efímero que lo convierte en sagrado. Te quedás con la pura vivencia y se aloja en tu memoria. Hay momentos artísticos, escénicos, que no podés olvidar de por vida”.

También te puede interesar: Musicales para ver en Buenos Aires

iñaki-urlezaga
Juanjo BruzzaIñaki Urlezaga

La transmisión ocupa un lugar central en esta etapa de su vida. Después de años dedicados también a formar bailarines, Urlezaga reconoce que enseñar modificó su propia manera de aprender. “Cuando uno enseña está aprendiendo a la vez, porque siempre aquello que uno enseña es lo que le gustaría en parte haber aprendido”, dice.

También es inflexible con quienes llegan detrás: “Me llevo bien con los que tienen un poder de disciplina o de exigencia alto y mal con los que no les interesa superarse”.

Su mirada sobre los maestros tiene, además, una particularidad. Urlezaga pertenece a una generación que tuvo que interpretar muchas obras de grandes coreógrafos del siglo XX cuando sus creadores ya habían muerto. “Somos los hijos huérfanos de esa generación de coreógrafos que inventaron el siglo XX”, dice. Quizás por eso valora especialmente la posibilidad de estar hoy del otro lado: ser él quien acompaña y moldea a una nueva generación.

iñaki-urlezaga
Iñaki UrlezagaEl aplauso final

Cuando mira hacia atrás descubre algo curioso: casi nada ocurrió como lo había imaginado. De chico no soñaba con convertirse en una figura internacional. Tampoco imaginaba que iba a coreografiar ni que su profesión lo llevaría alrededor del mundo. Su deseo era bastante más cercano: estudiar en el Colón. “Y, sinceramente, es lo que en definitiva menos hice”, reconoce.

“Mi profesión me llevó por todos los lugares que yo menos pensado tenía, o que ni siquiera me animaba a soñar que iba a recorrer. Y mucho menos me animaba a soñar tener la carrera que tuve”, enfatiza.

Tal vez por eso, cuando le preguntamos cómo quiere ser recordado cuando llegue —esta vez sí— el verdadero aplauso final, no habla de escenarios ni de premios. “Me gustaría que me recuerden por alguien que fue lo más íntegro y ético posible”, responde. Los reconocimientos y los oropeles, dice, pertenecen a la vanidad y al ego. Lo importante para él está en otro lado: “Dar la honestidad que al otro le hace bien recibir”.

Ping pong Time Out: el Buenos Aires de Iñaki Urlezaga

  1. Un café porteño que siempre recomendás.
    La Biela, por todo lo que implica.
  2. Un rincón al que volvés cuando necesitás inspiración.
    Palermo: los lagos, el Rosedal. Me parece algo auténticamente bello de la ciudad.
  3. Una calle que tenga algo del espíritu del ballet.
    La calle Arroyo, con toda esa promenade, esa curva que va de un lado al otro y sus cafés. Es una calle muy bohemia. Siempre me recordó al detrás de la Ópera Garnier, el lugar emblemático de la danza en Francia.
  4. ¿Qué tiene Buenos Aires que no tiene ninguna otra ciudad?
    Lo ecléctico. Encontrás lo latino, la argentinidad de la comida, el refinamiento europeo. Es un estallido de emociones y una noche maravillosa.
  5. ¿Qué música suena cuando pensás en Buenos Aires?
    Por una cuestión generacional, Charly, Fito, Spinetta, Cerati, Soda… Esa generación que me parece que revitalizó a la ciudad después de la maravillosa época del tango de oro.
  6. Un teatro, sala o escenario que te emocione especialmente.
    No hay un teatro, sino la calle Corrientes. Me parece de lo más hermoso y significativo que tiene Buenos Aires.
  7. Una costumbre bien porteña que amás.
    La noche. La noche de Buenos Aires después del teatro. Es una ciudad muy atípica en el mundo, donde todo está abierto cuando salís del teatro.
  8. Buenos Aires en una palabra.
    Bucólica.
  9. ¿Qué imagen te gustaría que alguien se llevara de la ciudad después de verla por primera vez?
    La Boca. Lo más tradicional y el inicio, por decirlo de alguna manera. Donde todo empezó. 
el-aplauso-final
El aplauso finalFlyer

Para agendar

  • El aplauso final
  • Cuándo: sábado 26 de septiembre, 20.30; domingo 27 de septiembre, 19.
  • Dónde: Teatro Opera On, Av. Corrientes 860, CABA.
  • Entradas
Recomendado
    Últimas noticias
      Publicidad