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Estancia El Pico Palma
Estancia El Pico Palma

La Carrera: la ruta secreta de Mendoza llena de historia y experiencias

Entre Tupungato y Potrerillos, este nuevo hotspot de montaña invita a propuestas que van de la aventura al lujo.

Federico Juarros
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Hay lugares que no aparecen en los primeros resultados de búsqueda, pero que todos terminan recomendando. La Carrera es uno de ellos. Este corredor natural que une Tupungato con Potrerillos se está consolidando como uno de los destinos más atractivos de la provincia: un recorrido donde la montaña se abre, el paisaje se vuelve protagonista y cada parada tiene algo para contar.

Rodeada por el imponente Cordón del Plata, esta zona combina historia, biodiversidad y una sensación de desconexión difícil de encontrar en otros circuitos más transitados. Acá no hay multitudes ni trayectos rígidos: hay caminos de tierra, estancias centenarias, fauna autóctona y experiencias que van desde lo más rústico hasta propuestas de alta gama perfectamente integradas con el entorno.

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Turismo Luján de Cuyo

Cámara en mano, abrigo y algo caliente para el camino: lo demás es ruta, paisaje y el placer de descubrir un rincón de Mendoza que todavía se guarda para pocos.

Donde la historia sigue viva entre montañas

Uno de los grandes diferenciales de La Carrera es su vínculo con el pasado. En medio de este paisaje, y a pocos minutos de ingresar a esta ruta, encontramos el Château d’Ancon, una propiedad con espíritu europeo que parece detenida en el tiempo. Construido a comienzos del siglo XX por una familia de origen francés, el château replica el estilo de las residencias rurales de Europa, con una arquitectura imponente y rodeado por jardines diseñados por Carlos Thays, el mismo paisajista detrás de algunos de los espacios verdes más emblemáticos del país, como el Jardín Botánico de Buenos Aires y el Parque Tres de Febrero, más conocido como El Rosedal.

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Chateau d’Ancon

Pero la historia del lugar va mucho más atrás. Estas tierras formaron parte de una de las primeras ocupaciones coloniales de la zona: originalmente pertenecieron al Capitán Pedro Escobar de Ibacache, quien en 1632 las donó a la orden jesuita. Fueron ellos quienes bautizaron el área como San Francisco de la Carrera —“carrera”, en la tradición española, hacía referencia a los antiguos caminos que atravesaban el territorio—, lo que dio origen al nombre que hoy identifica toda la región.

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Experiencias que conectan con la montaña (de verdad)

Hay algo en La Carrera que no pasa en otros lugares: la escala del paisaje. Caminos abiertos, montañas que parecen no terminar y una luz que cambia todo a cada hora del día. Es de esos lugares donde cada curva invita a frenar, sacar una foto o simplemente quedarse mirando. Todavía poco intervenida y lejos del turismo masivo, la zona conserva una estética casi intacta que la vuelve inevitablemente “instagrameable”, aunque sin perder autenticidad.

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Estancia Vivacs del Plata

Pero esta belleza no es solo contemplación: es también territorio de experiencias. Desde cabalgatas entre arroyos y senderos de altura hasta travesías que cruzan paisajes abiertos, el contacto con la naturaleza es directo y sin filtros. Ese equilibrio entre lo salvaje y lo cuidado hizo que antiguas estancias de la zona evolucionaran hacia propuestas más contemporáneas, donde la hospitalidad se redefine desde la experiencia. No se trata solo de alojarse, sino de habitar la montaña con otra lógica: más privada, más sensorial, más conectada con el entorno.

En Estancia Atamisque, la experiencia combina vino, gastronomía y arquitectura en un entorno donde todo parece pensado para disfrutar sin apuro. Su club de vinos, restaurante y espacios abiertos convierten la estadía en un recorrido completo por el paisaje.

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Estancia Atamisque

Más enfocada en la inmersión, Estancia Vivacs del Plata propone vivir la montaña desde adentro: travesías, refugios y experiencias que cruzan aventura con confort, ideales para quienes buscan algo más que una visita tradicional.

Con una impronta más íntima, Estancia El Pico ofrece una experiencia de campo cuidada al detalle, en la que el silencio, las vistas abiertas y la vida rural toman protagonismo. En la misma línea, Chiara Lodge apuesta por una hospitalidad contemporánea, con diseño, confort y vistas privilegiadas desde lo más alto de sus cumbres, que convierten la estancia en parte central del viaje.

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Estancia El Pico

Por su parte, Los Chulengos combina espíritu de campo con comodidades actuales, ofreciendo desde cabalgatas hasta gastronomía regional en un entorno relajado y auténtico.

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Y para quienes buscan una conexión más directa con la tradición, propuestas como Rancho e’ Cuero mantienen viva la esencia de la vida de estancia, a través de algunas de las experiencias más auténticas de la zona, con cabalgatas que recorren paisajes abiertos y permiten entender la escala real del territorio. Acá, el lujo no está en lo material, sino en la conexión con el entorno.

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Estancia Rancho 'e Cuero

Lugares como Hotel de Cielo redefinen el concepto de alojamiento en la montaña: arquitectura integrada, vistas abiertas y una experiencia pensada para bajar un cambio. Dormir acá es ser parte del paisaje. Despertarse con vista a la cordillera, caminar sin rumbo fijo y cerrar el día con una copa de vino en silencio son parte del plan.

Por qué todos están hablando de La Carrera

Recorrer la zona no es solo sumar kilómetros: es atravesar uno de los paisajes más intactos de Mendoza. A lo largo del camino, la presencia del Cordón del Plata marca el ritmo, mientras la flora autóctona como jarillas, coirones, chañares, y la fauna que aparece sin aviso: guanacos, cóndores, liebres, zorros y lechuzas en la ruta recuerdan que este territorio sigue siendo, ante todo, naturaleza.

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Turismo Mendoza

Lo que está pasando en La Carrera no es casual. En un momento en el que el turismo busca experiencias más auténticas, menos masivas y más conectadas con el entorno, este corredor aparece como una respuesta natural. Más que competir con otros destinos de Mendoza, propone otra forma de vivir la provincia.

Por eso, es un lugar para transitar con una conciencia distinta a la de un recorrido turístico habitual: respetar los tiempos, las condiciones del camino y el entorno que lo hace único. La Carrera no busca imponerse, sino revelarse de a poco. Y, en ese recorrido, entre historia, montaña y experiencias, aparece algo cada vez más difícil de encontrar: un rincón donde Mendoza todavía se siente como un descubrimiento.

Más salvaje, más abierta, más real. Y todavía, para muchos, desconocida.

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