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Dos Escudos | Panadería
Dos Escudos

Las 11 panaderías más lindas de Buenos Aires para comprar buen pan y tentarse con todo

Desde clásicos porteños con décadas de historia hasta proyectos de nueva generación: 11 lugares para ir por el pan y terminar llevando de todo.

Leila Sobol
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Hay algo irresistible en entrar a una panadería “solo por un pan” y salir con una bolsa que claramente pesa mucho más de lo planeado. Porque en Buenos Aires el mostrador de una panadería siempre fue mucho más que un lugar de paso: es el desayuno del domingo, las facturas para compartir, el pan para el asado, los sándwiches de miga de una celebración y ese dulce que aparece sin demasiada explicación en la bolsa.

Pero el oficio también cambió. A los clásicos de toda la vida se sumaron nuevas formas de trabajar el pan, fermentaciones largas, masa madre, laminados y combinaciones que amplían el mapa sin borrar lo anterior. En esta selección conviven panaderías históricas, proyectos familiares, propuestas con identidad propia y lugares donde el pan comparte protagonismo con la pastelería, el café y los sabores de otras culturas.

1. Dos Escudos (Las Cañitas y otras locaciones)

Desde 1920, Dos Escudos ocupa un lugar propio en la historia gastronómica porteña. Lo que empezó como una confitería tradicional se convirtió, con el paso de las décadas, en uno de esos nombres que aparecen una y otra vez cuando se habla de panadería clásica en Buenos Aires. Hoy mantiene esa combinación de oficio, materias primas y producción cotidiana, pero con una propuesta que se fue ampliando con los años.

Acá conviven las facturas y los panes de siempre con una pastelería más contemporánea: desde una Red Velvet hasta masas finas, budines y tortas. Y si hay un rubro en el que Dos Escudos juega fuerte es el salado: sus sándwiches de miga son uno de los grandes clásicos de la casa. Además, tienen una particularidad bastante difícil de encontrar: pan dulce durante todo el año.

El dato: los sándwiches de miga son uno de los grandes clásicos de la casa. Entre las opciones dulces, también se destacan las masas, las facturas y la torta Rogel.

Dónde: Juncal 905, Retiro; Montevideo 1690, Recoleta; San Benito de Palermo 1695, Palermo; Pedro Goyena 508, Caballito; Arribeños 2321, Belgrano.

2. Atelier Fuerza (Devoto y otras locaciones)

Atelier Fuerza es de esos proyectos que ayudaron a cambiar la conversación sobre el pan en Buenos Aires. La masa madre es parte de su ADN, pero la propuesta no se queda solamente en el pan: también hay facturas, laminados, alfajores y otros productos de pastelería que reinterpretan clásicos de la panadería argentina.

Entre los panes aparecen el de campo, panes de molde y otras variedades elaboradas con fermentaciones prolongadas. La propuesta también cambia según la disponibilidad de ingredientes y la temporada, lo que hace que el mostrador no sea siempre exactamente el mismo. Para empezar, su pan Campo Fuerza es uno de los nombres más asociados a la casa.

El dato: entre los favoritos están la medialuna de manteca, el pan Campo Fuerza y sus cookies, uno de los hits de la casa.

Dónde: algunas de sus sucursales están en Fernandez De Enciso 3986, Villa Devoto; Ecuador 1283, Recoleta; Salguero 885, Almagro y Nicasio Oroño 986, Caballito.

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3. Don Blanco (Palermo y otras locaciones)

Don Blanco tiene una historia que empieza mucho antes de que existiera la marca. Su origen está en Don Fermín Blanco, un panadero español que llegó a la Argentina y cuyo amor por el oficio fue pasando de generación en generación. Fue su tataranieto quien decidió recuperar ese legado y convertirlo en una cadena de panaderías y pastelerías.

Hoy la propuesta conserva ese espíritu de panadería de barrio, pero lo combina con una cafetería y una oferta más amplia. Hay panes, facturas y productos clásicos junto con pastelería, opciones saladas y tortas; es el tipo de lugar donde podés entrar buscando una medialuna y terminar frente a un Oreo Cake. La marca ya tiene presencia en distintos barrios porteños y también fuera de CABA.

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El dato: sus facturas son un clásico para acompañar el café. Para salir de lo tradicional, también están sus tortas, como la Balcarce, y el sándwich de chipá.

Dónde: Nicaragua 6000, Palermo. Arcos 1191, Palermo.  Juncal 1409, Recoleta. Av. Arregui 6090, Versalles, entre otras sucursales.

4. La ventanita de Martín Imán (Villa Urquiza)

Martín y Diana están detrás de esta pequeña panadería familiar que funciona a través de una ventanita y tiene una particularidad bastante difícil de encontrar: producción las 24 horas, los siete días de la semana. Del otro lado de La Ventanita de Martín Imán, siempre hay alguien esperando llevarse alguna de las cosas que salen de ese pequeño obrador.

Pero si hay una idea que define a Martín Imán es la de aprovechar todo. Los remanentes de distintas elaboraciones se transforman en nuevos productos y, entre esas reinvenciones, apareció uno de los favoritos de quienes pasan por la ventanita: el pan de medialuna. Se hace con los recortes de masa de las medialunas, que vuelven a convertirse en pan. Nada se pierde y, de paso, nace uno de los productos más celebrados de la casa.

El dato: el pan de medialuna es uno de los productos más celebrados de la casa. También se destacan las facturas rellenas de dulce de leche y pastelera, la granola casera (su nuevo hit) y los pancitos de queso.

Dónde: Franklin D. Roosevelt 5415, Villa Urquiza.

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5. La Garage (Palermo)

La Garage nació como una panadería y café de barrio y fue creciendo hasta convertirse en un lugar donde el pan convive con laminados, pastelería y cocina, siempre con una mirada creativa. Hay producto de estación, oficio y curiosidad: la idea es hacer cosas ricas, bien hechas y dejar que el mostrador vaya marcando el ritmo.

Entre los favoritos aparecen la torta vasca, la medialuna, los knishes de papa, el budín de banana y la torta invertida. También hay una especialidad que merece atención: el pan de centeno, elaborado 100% con centeno y semillas. La propuesta funciona durante todo el día, desde el desayuno y el almuerzo hasta la merienda y el aperitivo.

El dato: entre los favoritos aparecen el pan de centeno, el chipá, la torta vasca, la invertida de peras y la focaccia, que también se puede pedir con huevo arriba.

Dónde: Arévalo 2253, Palermo.

6. Boulevard Córdoba (Almagro)

La clase de confitería que resuelve prácticamente cualquier situación: el pan para el desayuno, las facturas para la tarde, algo dulce para llevar, una bandeja para una reunión o el pan que faltaba para la picada. Boulevard Córdoba conserva ese espíritu de barrio pero con la mejor calidad de materias primas y una diversidad enorme. Un verdadero comodín gastronómico.

El mostrador combina panadería clásica con pastelería francesa, bombonería, tortas, masas y una importante oferta de sándwiches. Entre sus productos más buscados están los fosforitos, uno de esos clásicos porteños que justifican por sí solos una visita. Y para quienes prefieren salir con pan calentito bajo el brazo, también hay opciones para el desayuno, la merienda, la picada o el asado. Su catering es impresionante y sus postres de otra dimensión.

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El dato: los fosforitos glaseados son uno de los grandes clásicos de la casa, junto con la torta Malandraca, la más pedida del lugar, el Triple de la Casa —de pollo, rúcula, parmesano, tomate disecado y aceitunas negras— y sus panes recién horneados.

Dónde: Av. Córdoba 3502, Almagro.

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7. Co-Pain (Colegiales, Parque Centenario y otras locaciones)

Durante mucho tiempo, entrar a una panadería porteña significaba encontrarse con cañoncitos, bolas de fraile, facturas y panes de molde. Después llegaron con más fuerza los croissants, los pains au chocolat, los rolls de canela y la masa madre. Co-Pain nació justamente en ese cruce: una panadería con inspiración francesa que encontró su lugar dentro de la vida cotidiana de los barrios porteños.

La gracia está en que no intenta convertir la panadería en algo ajeno a la ciudad. Su identidad se construye alrededor de una tradición francesa reinterpretada desde Buenos Aires, en un contexto barrial y cotidiano. Es ese tipo de lugar al que podés entrar buscando pan y terminar tentado por toda la parte de viennoiserie.

El dato: entre las piezas de inspiración francesa se destacan el Financier y el Canelé. El croissant clásico y el de almendras también son dos de los favoritos.

Dónde: Moldes 900, Colegiales. Juan B. Ambrosetti 901, Caballito. Mansilla 3499, Palermo.

8. Artiaga (Saavedra)

Casi un siglo de historia familiar no es poca cosa. Artiaga nació en 1931 como una panadería de barrio y hoy continúa en manos de la tercera generación, con una idea bastante clara: evolucionar sin perder aquello que hizo que el negocio sobreviviera durante décadas.

El resultado es un catálogo enorme —la panadería habla de más de 300 productos— en el que los clásicos argentinos conviven con técnicas y procesos contemporáneos. El trabajo con las materias primas y los tiempos de elaboración ocupa un lugar central en su filosofía. Y los reconocimientos llegaron como consecuencia de ese trabajo: entre los más recientes aparecen el premio a Mejor Panadería Tradicional del Mundo 2026 y el subcampeonato mundial de panettone 2025.

El dato: los pastelitos se elaboran durante todo el año y conviven con otros clásicos de la panadería.

Dónde: Zapiola 4782; Av. Ricardo Balbín 4183, Saavedra.

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9. Centinela de la Luna (Belgrano)

Hay panaderías que podrían estar en cualquier ciudad y otras que tienen una personalidad imposible de separar de quienes las hacen. Centinela de la Luna pertenece al segundo grupo: es una pequeña panadería de espíritu ecléctico, atravesada por las raíces venezolanas de sus dueños y por una combinación poco habitual de panes, pastelería y clásicos de su país.

Entre los panes aparecen opciones de campo con masa madre y panes de molde, mientras que la parte dulce se concentra especialmente en donas y bombas, la versión venezolana de las berlinesas o bolas de fraile. También hay laminados, rolls de canela y brioches rellenos. Y para quienes quieran ir por el lado salado, aparecen clásicos venezolanos como el cachito de jamón y el pancito de ajo. Los viernes y sábados, además, la panadería se transforma en pizzería por la noche.

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El dato: entre los favoritos aparecen la bomba, el cachito de jamón y el chipá de gouda.

Dónde: Amenábar 926, Colegiales.

10. Obrador de Panes (San Telmo)

En San Telmo hay un Obrador que parece pensado para quienes disfrutan tanto del proceso como del resultado. El protagonista es el mostrador: cada día se llena con panes, hojaldres, dulces y pastelería artesanal, y la oferta puede cambiar según los ingredientes disponibles y la inspiración de quienes están detrás del horno.

Acá la idea de “casero” va bastante más allá de una etiqueta. La cocina trabaja con materias primas seleccionadas y aprovecha productos de temporada para crear una propuesta que no necesariamente se repite idéntica todos los días. Entre sus clásicos aparecen la pasta frola, el Rogel y la torta de ricota, además de panes, fermentos, conservas y otras elaboraciones. Es una panadería para entrar con tiempo y mirar bien el mostrador antes de decidir.

El dato: entre sus clásicos están la pasta frola, el Rogel y la torta de ricota, además de sus panes, fermentos y conservas.

Dónde: Chile 524, San Telmo.

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11. Social Corazón (Palermo)

En una esquina de Palermo, frente a El Preferido, Social Corazón propone algo más parecido a una panadería de barrio contemporánea que a una simple cafetería. Es parte del ecosistema gastronómico de Pablo Rivero y reúne en un mismo lugar panadería, café y restaurante, con una propuesta que empieza temprano y sigue hasta la noche.

El pan tiene un lugar central en una carta que recorre facturas, panes, sándwiches y pastelería, además de platos de cocina. La idea recupera ese viejo ritual porteño de pasar por la panadería, pero lo lleva a un espacio pensado para quedarse: desayunar con medialunas, almorzar, tomar una copa o simplemente sentarse un rato.

El dato: las medialunas son uno de los grandes atractivos de la propuesta, junto con los distintos panes de la casa.

Dónde: Guatemala 4802, Palermo.

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