En Tunuyán, Mendoza, rodeado de viñedos, La Amistad propone una experiencia relajada con cocina abierta y vistas a la montaña. Un lugar para compartir platitos y disfrutar vinos de mínima intervención con amigos. Ubicado en la finca familiar de la bodega Pielihueso, este restaurante fue creado en sociedad entre Celina Bartolomé, impulsora de la bodega, y los cocineros Micaela Najmanovich y Nicolás Arcucci. Micaela y Nicolás son reconocidos en la escena culinaria porteña por ser los dueños de ANAFE, el restaurante de Colegiales, en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.
Sin embargo, no llegaron a Mendoza para replicar ese proyecto, sino para aportar su pasión a una propuesta nacida en la finca y pensada para este paisaje. Hablamos con Celina Bartolomé sobre Restaurante La Amistad, el vínculo detrás del proyecto, la historia de Pielihueso y la idea de construir una experiencia donde el vino y la comida recuperen un carácter más cercano, directo y terrenal.
El origen: de Colegiales a la cordillera
“La Amistad es un restaurante que nació en nuestras mentes hace tres años”, cuenta Celina. “En Pielihueso sabíamos que, eventualmente, íbamos a querer tener nuestro propio restaurante en la finca, ya que nuestro proyecto de vinos está súper relacionado con la gastronomía, con la experiencia de comer y tomar”.
La relación entre ellos empezó en Buenos Aires, cuando ANAFE estaba dando sus primeros pasos. Celina fue su primera empleada en 2018 y, a partir de ese vínculo laboral, empezó a construirse una relación personal. “Armamos un vínculo que se convirtió en una amistad gigante”, recuerda. “Ellos, además de ser excelentes cocineros, son muy amigos míos”.
El nombre del restaurante nace tanto de esa amistad entre los tres como de una necesidad que ellos mismos identificaban al viajar a Mendoza. “Nos pasaba que acá veíamos muchas experiencias serias o formales, y queríamos armar algo que fuera más amistoso”, explica Celina.
Pielihueso: “Vinos sin cosas raras”
Para entender La Amistad, primero hay que entender dónde está ubicado. La finca de Pielihueso se encuentra en el corazón de Tunuyán, específicamente en Los Sauces. Son 13 hectáreas trabajadas de manera orgánica, donde conviven los viñedos, la bodega, la casa familiar y, ahora, el restaurante.
Pielihueso es una bodega joven, pero con un lugar propio dentro de la escena del vino argentino. Nació en 2017 como un proyecto entre Alejandro Bartolomé, papá de Celina y agrónomo de profesión, y su hija, que en ese momento empezaba su carrera. “Él estaba retirándose y yo estaba arrancando. De a poco nos fuimos sumando todos”, relata.
Asimismo, con el tiempo se involucró su hermana Carmela, diseñadora gráfica, y su hermano Alejandro, artista, en el desarrollo visual de la marca. De esta manera lograron etiquetas de espíritu lúdico, coloridas y muy reconocibles.
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La bodega fue precursora en la elaboración de vinos naranjos en Argentina y hoy es una de las referencias de la viticultura sustentable en Mendoza. En su biografía de Instagram se define con la frase “Vinos sin cosas raras de la familia Bartolomé” la cual resume bien el espíritu del proyecto. “Tenemos una identidad de respeto absoluto por las uvas, por la tierra y por el producto final. No incorporamos agentes externos a la elaboración; queremos que sea jugo de uva fermentado y nada más”, explica Celina.
Todos sus vinos fermentan espontáneamente con levaduras nativas. Según la añada y el vino, trabajan con filtrados suaves o sin filtrar, y con una intervención mínima en el uso de sulfitos. El resultado apunta a vinos puros, frescos y expresivos, en línea con el lugar de origen.
La cocina: sentido de lugar
La propuesta gastronómica de La Amistad parte de la idea de que cada plato tenga sentido en su contexto. En otras palabras, pensar qué se come, cómo se come y con qué productos se cocina en una finca de Tunuyán. Al mismo tiempo, procuran que la mayor parte de los productos y de la materia prima sean locales.
La cocina apunta a platos simples, reconfortantes y bien ejecutados. “Queremos que sea una comida rica, simple, pero muy bien hecha, con productos de calidad”, resume. El menú está pensado para compartir y acompañar el ritmo de una comida larga, sin necesidad de un formato rígido. El comensal se encuentra con platos como escabeches, empanadas, vegetales trabajados a la parrilla o al rescoldo, carnes para compartir y arroces de montaña.
La carta no cambia drásticamente todo el tiempo, porque también contemplan a quienes vuelven y quieren reencontrarse con platos que ya conocen. Pero sí incorporan preparaciones según la disponibilidad de productos y el clima: “Ahora que empieza el frío incorporamos la humita y un repollo a la parrilla, en vez de un vegetal fresco”, cuenta Celina.
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Beber en La Amistad: una invitación al disfrute
Como todo restaurante ubicado dentro de una finca vitivinícola, el vino ocupa un lugar central. En este lugar en particular, la idea es acercar los vinos de Pielihueso de manera accesible, sin mucha formalidad. “Queremos que la gente los conozca, que esté abierta a probar y a conocer el proyecto. Pero, sobre todo, queremos que coma muy rico y la pase muy bien”, dice Celina. “No queremos enseñar, sino dar una experiencia en la cual las personas se sientan reconfortadas”.
La carta permite arrancar con opciones como un vermú de Los Sauces con soda o un Amargo Pielihueso con hielo. Para quienes quieran recorrer la bodega, una de las alternativas son los flights: degustaciones de tres copas de 100 ml que permiten probar distintas líneas y estilos. También se pueden pedir botellas de Pielihueso y algunos vinos propios de La Amistad.
En definitiva, si lo que buscás es una experiencia relajada, con comida deliciosa bien mendocina y en un entorno rodeado de viñedos, el lugar recomendado es La Amistad. Este espacio propone sentarse frente a la cordillera, compartir platos al centro de la mesa, probar vinos de mínima intervención y recordar que la buena gastronomía se trata, ante todo, de disfrutar.

