1. Malvón: brunch de día y nuevo menú de noche


La casona de Malvón data del siglo XIX y aún conserva su encanto original. Muebles, cuadros, espejos, floreros y más detalles de época generan un entorno que parece salido de un cuento. En ese marco se disfruta su icónico brunch neoyorquino (referente desde 2009) y un nuevo menú nocturno diseñado por el chef Fernando Golabek.
Los salones cuentan con mesas redondas, sillones vintage y una gran barra estilo campo donde se exhibe la panadería y pastelería artesanal del día. Afuera, el patio lleno de enredaderas y plantas nativas tiene juegos de jardín antiguos y una pintoresca mesa de mosaicos. Adentro o al aire libre, vale la pena probar sus laminados 100% manteca, sus huevos benedictinos (con mucha salsa holandesa) y su contundente avocado toast.
El dato: los viernes y sábados también se puede comer de noche. La carta nocturna incluye recetas familiares como milanesa con gnocchi, matambrito con boniatos asados, canelones de verdura y hasta hamburguesas caseras.
Dónde: Serrano 789, Villa Crespo.








