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5 restaurantes en casonas con encanto en Buenos Aires

Para sentirse como en casa: desde hamburguesas caseras hasta vinos naturales en lugares únicos de la ciudad.

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En Buenos Aires, algunas de las mejores comidas no pasan solo por lo que llega a la mesa, sino también por el lugar donde se sirven. Hay casonas antiguas, patios escondidos y salones con pisos de pinotea que todavía conservan algo de otra época, mientras funcionan como restaurantes, cafés o bares de impronta contemporánea que permiten disfrutar del espacio de la mejor manera posible: con comida, bebida y una larga sobremesa.

De Villa Crespo a Colegiales, de Belgrano a Chacarita, estos espacios combinan cocina casera, platos para compartir, buenos vinos, brunchs abundantes y cartas de noche con mucho carácter. A contramano de la estética genérica que se replica en tantas ciudades, acá cada lugar tiene detalles que lo hacen único. Sin embargo, todos tienen algo en común: invitan a bajar un cambio, mirar alrededor y disfrutar de una salida con ese encanto porteño que no se fabrica.

1. Malvón: brunch de día y nuevo menú de noche

La casona de Malvón data del siglo XIX y aún conserva su encanto original. Muebles, cuadros, espejos, floreros y más detalles de época generan un entorno que parece salido de un cuento. En ese marco se disfruta su icónico brunch neoyorquino (referente desde 2009) y un nuevo menú nocturno diseñado por el chef Fernando Golabek.

Los salones cuentan con mesas redondas, sillones vintage y una gran barra estilo campo donde se exhibe la panadería y pastelería artesanal del día. Afuera, el patio lleno de enredaderas y plantas nativas tiene juegos de jardín antiguos y una pintoresca mesa de mosaicos. Adentro o al aire libre, vale la pena probar sus laminados 100% manteca, sus huevos benedictinos (con mucha salsa holandesa) y su contundente avocado toast.

El dato: los viernes y sábados también se puede comer de noche. La carta nocturna incluye recetas familiares como milanesa con gnocchi, matambrito con boniatos asados, canelones de verdura y hasta hamburguesas caseras.

Dónde: Serrano 789, Villa Crespo.

2. Arredondo: hamburguesas caseras y tapas

En Colegiales, Arredondo ya es una parada obligada. Desde 2018, esta casona recibe a grupos, parejas y familias que se acercan a compartir platos de calidad, variedad de sándwiches y una de las hamburguesas más destacadas de la ciudad.

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Pisos en damero, candelabros, espejos con marco y muebles de madera antigua le dan aires de bar clásico a los distintos cuartos de la casa, donde se reparten mesas con sillas Thonet. Sobre la vereda se extiende un gran deck techado y calefaccionado. Tanto adentro como afuera el ambiente es relajado e informal, al igual que el menú.

Lo más pedido son sus buñuelos de espinaca con alioli y sus famosas hamburguesas con blend propio y pan Kalis, en una carta que se complementa con entradas caseras para picar, sándwiches, milanesas, wraps y algunos platos fuertes.

El dato: para acompañar hay cervezas tiradas, vinos bien elegidos, tragos populares y, de 8 a 20, un esmerado servicio de café de especialidad.

Dónde: Virrey Arredondo 2562, Colegiales.

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3. Beza: brasas y vinos naturales

En una esquina de Belgrano R, Beza parece una residencia más del barrio. Esta casona inglesa de 1930 fue renovada por la sommelier Belén Zanchetti y su familia, pero conservó su estructura original, aberturas antiguas y un espíritu bien hogareño. Allí la experiencia se enfoca en vinos naturales (curados por la misma Belén) y platos a las brasas con opciones veggie y de mar.

La invitación es a probar platos a la parrilla con copa en mano. Se recomienda el repollo cacio e pepe, la trucha con berenjenas y tomates, el matambrito con muhammara y verdes, y la tira de asado con papas fritas bien gruesas. También hay tapas, pastas caseras y una cava de vinos que sorprende con ejemplares naturales, orgánicos y biodinámicos.

El dato: hay distintos rincones para sentirse como en casa: un jardín con plantas nativas, un patio con luces cálidas, un salón ambientado con velas y flores, y un living-comedor para encuentros más íntimos o festejos.

Dónde: Av. Olazábal 3301, Belgrano.

4. Casa Parra: cocina hogareña con sabores de Latinoamérica

En Colegiales también está Casa Parra, una casona de cien años donde elementos históricos se combinan con detalles de diseño moderno para armar un espacio tan acogedor como contemporáneo. Su propuesta se inspira en la cocina de las abuelas y le suma un abordaje local e internacional, en el que prima el producto de estación, cocciones a la leña y sabores que reconfortan.

Grupos y parejas de todas las edades se reúnen en un elegante salón con pisos de pinotea, en un patio con ladrillos expuestos y cerámicos históricos o en una cálida galería que conserva su techo original. La iluminación es cálida y tenue, invocando la calma y el bienestar.

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Allí, el chef venezolano Marco Suárez junto a un equipo de cocineros de distintos puntos del país evoca sus recuerdos familiares para crear platos hogareños como el paté con brioche, los buñuelos de boniato con miel de chiles y queso feta –que ganaron un lugar fijo en la carta–, el arroz meloso de calamar con alioli y la favorita milanesa de bife de chorizo con cavatelli cacio e pepe.

El dato: en temporada fría, suman braseados y comidas de olla.

Dónde: Virrey Loreto 3329, Colegiales.

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5. Abreboca: charcutería artesanal y recetas criollas

En Chacarita, Abreboca funciona dentro de una casa centenaria que esconde un encantador patio andaluz: un ambiente pacífico con ladrillos expuestos, plantas por todas partes y mosaicos antiguos. Se trata de una “neo pulpería” donde se busca rescatar el recetario criollo, pero dándole a cada plato una vuelta de tuerca moderna.

Todo está pensado para compartir: tanto su charcutería de producción propia –estrella del menú–, como sus quesos y sus raciones, entre las que se destacan la chistorra, las croquetas cremosas de pollo y la provoleta asada de costra crocante. Suman algunos principales, postres clásicos con giros innovadores y una cuidada selección de vinos.

El dato: durante el día el espacio tiene una energía luminosa, ideal para un almuerzo de fin de semana. Por la noche el clima se vuelve íntimo y acogedor, más propicio para citas.

Dónde: Fraga 541, Chacarita.

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