1. Somos Asado: sin gas y con sabor a campo


En Somos Asado no hay gas. Todo lo que se cocina pasa en algún momento por el fuego, y el horno de barro a leña de quebracho es el corazón del lugar. Gustavo Portela, chef y propietario, va directo al grano: “Entendí que, si quería cocinar con fuego de verdad, tenía que sacarle el gas a la ecuación”, asegura a Time Out.
Lo que el horno aporta no es solo temperatura sino experiencia. “El horno de barro tiene un sabor a campo. Transporta. Te lleva a un lugar que todos tenemos en la memoria”, dice Portela. Y agrega algo que define la filosofía del lugar: “Cuando trabajás solo con fuego, sin gas, el producto queda mucho más expuesto y eso te obliga a ser mejor”. La atención la dan él y su esposa Verónica Krichmar en persona, en un espacio de impronta vintage con patio a cielo abierto.
Los platitos amplían el lenguaje de la parrilla: repollo asado con miso y crema de cajú, dumplings de mollejas con ponzu y croquetas de morcilla con ají amarillo.
El dato: la carta combina carnes 100% orgánicas de pastura, cortes certificados de Angus y Wagyu y piezas maduradas en seco, como T-Bone y cuadril con hueso estacionados más de 40 días.
Dónde: Scalabrini Ortiz 651, Villa Crespo.





















