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Chilescénicas 2026: el nuevo festival de teatro que une dos continentes

Chilescénicas 2026: el nuevo festival de teatro que une dos continentes

Hay obras que se quedan dentro durante años. A mí me ocurrió en octubre de 2021 con 'Hilda Peña', cuando se presentó en la sala Nueve Norte. Salí con esa sensación rara de haber visto algo verdadero. Sin alardes. Sin humo. Un texto preciso, doloroso, lleno de humanidad, sostenido por una interpretación que entendía que la emoción funciona mejor sin adornos. Desde entonces he pensado muchas veces que aquella pieza merecía seguir viajando, encontrar otros públicos, otras ciudades y otras conversaciones. Por eso la llegada de Chilescénicas 2026, primera edición de un festival dedicado a la creación escénica chilena contemporánea en Madrid, tiene algo de buena noticia y de justicia poética. Del 7 al 30 de mayo, las salas Nave 73 y El Umbral de Primavera acogerán cinco propuestas (cuatro teatrales y una de danza/performance) además de un taller impartido por Ramón Griffero, una figura capital del teatro iberoamericano reciente. El proyecto que no nace desde el escaparate institucional sino desde la necesidad El festival está impulsado por Jéssica Huerta y Ricardo Goñi, artistas chilenos afincados en Madrid que conocen bien lo que supone crear lejos del lugar de origen. Y quizá ahí está una de las claves del proyecto que no nace desde el escaparate institucional sino desde la necesidad. La necesidad de generar comunidad, de dar espacio a dramaturgias poco visibles aquí y de conectar escenas que comparten idioma pero no siempre circuitos. Madrid presume, con razón, de cartelera amp
Teatralia 2026: las obras imprescindibles del festival de teatro infantil

Teatralia 2026: las obras imprescindibles del festival de teatro infantil

Hay festivales que nacen con una idea clara y otros que se van encontrando a sí mismos con el tiempo. En el caso de Teatralia, probablemente han ocurrido ambas cosas. Lo que empezó hace tres décadas como una apuesta de la Comunidad de Madrid por acercar las artes escénicas a la infancia y la juventud se ha convertido, con los años, en una referencia internacional para las artes escénicas dirigidas a todos los públicos. Este 2026 el Festival Internacional de Artes Escénicas para Todos los Públicos de la Comunidad de Madrid celebra su trigésima edición y lo hace con una programación que, de alguna manera, resume su historia: diversidad de lenguajes, una fuerte presencia internacional y una curiosidad constante por las nuevas formas escénicas. Del 6 al 29 de marzo, 29 compañías procedentes de 11 países presentarán 30 espectáculos repartidos entre la capital y 17 municipios de la región. El teatro para la infancia y la juventud puede ser también un territorio de riesgo, de belleza y de experimentación En tres décadas, por Teatralia han pasado casi 400 compañías extranjeras y más de 300 españolas, se han presentado alrededor de mil espectáculos y se han celebrado más de seis mil funciones en cerca de un centenar de espacios escénicos. Son cifras que impresionan, sí, pero lo verdaderamente significativo es otra cosa: la sensación, compartida por muchos espectadores que crecieron con el festival, de que el teatro para la infancia y la juventud puede ser también un territorio de rie
Festival Riesgo 2026: seis maneras de entender el circo

Festival Riesgo 2026: seis maneras de entender el circo

Del 12 de febrero al 1 de marzo, los Teatros del Canal vuelven a convertirse en un territorio fértil para el circo contemporáneo con la II edición de Riesgo, un festival joven, apenas va por su segundo asalto, pero con una idea muy clara de lo que quiere ser. No tanto una muestra de "lo mejor del circo actual" (esa frase ya nos la sabemos), sino un espacio donde el circo se cruza sin complejos con otras disciplinas, se contamina de teatro, danza, música, pensamiento, y se atreve a mirar de frente sus propias contradicciones. Riesgo se consolida este año como una apuesta decidida por un público juvenil y adulto, dispuesto a dejarse sacudir. Un público que no busca necesariamente el aplauso fácil ni el virtuosismo vacío, sino experiencias que se sostengan desde el cuerpo, la imagen y la inteligencia. Un festival que crece hacia dentro Si la primera edición funcionó como una especie de carta de presentación, esta segunda entrega afina el tiro. "Queríamos profundizar", explica su directora artística Eva Luna García-Mauriño, "ver cómo el circo se construye hoy desde la hibridación, cómo dialoga con otras artes y cómo ese cruce genera nuevas dramaturgias". Y eso se nota en una programación que no se dispersa: seis espectáculos de cinco países (España, Bélgica, Francia, Suiza y Canadá), todos con una identidad muy marcada, que basculan entre lo íntimo y lo expansivo, entre la crudeza y la adrenalina. Hay algo común a todas las propuestas: el deseo de contar. No de exhibir destreza,
Guía de artes escénicas para 2026: más de 10 títulos de teatro, danza o circo que veremos

Guía de artes escénicas para 2026: más de 10 títulos de teatro, danza o circo que veremos

Hay años en los que las artes escénicas parecen alinearse para ofrecernos algo más que programación: una especie de cartografía emocional de nuestro tiempo. 2026 es uno de esos años. En Madrid se asoman a la temporada estrenos de grandes nombres, versiones esperadísimas, revisiones de textos fundamentales, retornos míticos, ópera contemporánea, danza radical y pequeñas joyas capaces de sacudirnos como solo el teatro vivo puede hacerlo. De Lorca a Unamuno, pasando por el multiverso de Nick Payne, la mirada radical de La Zaranda, el circo contemporáneo expansivo de Oriol Pla, la sensibilidad de Alberto Conejero, la primera ópera de Nao Albet y Marcel Borràs o la poesía escénica de Romina Paula, 2026 se presenta como un año imprescindible para quien disfrute del teatro como lugar de pensamiento, emoción y memoria. Aquí va una selección de lo que no queremos perdernos, pieza a pieza, para que puedas planificar tu calendario cultural con tiempo (y sin quedarte sin entradas, que con varios de estos títulos será difícil). RECOMENDADO: Todos los espectáculos que tienes que ver en Madrid: teatro, musicales, danza, circo... Clica aquí si quieres más información sobre nuestros estándares editoriales y nuestras directrices éticas para crear este contenido.

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Guayominí

Guayominí

4 out of 5 stars
Hay un momento muy bonito en 'Guayominí' en el que Roi recuerda cómo veía Eurovisión con su madre y su hermana desde el salón de casa, jugando a repartir puntos entre países mientras sonaba Madonna de fondo y la vida todavía parecía algo sencillo. La escena dura apenas unos minutos, pero ahí está condensada buena parte de lo que propone la función de Laura Garmo y Pablo Martínez Bravo: hablar del éxito y del fracaso desde un lugar profundamente doméstico. Quitarle solemnidad al mito de la estrella para devolverlo al comedor familiar, a la habitación donde uno canta solo, a esa necesidad un poco absurda y muy humana de que alguien nos mire y diga "vas bien". La obra parte de una imagen poderosa. Un cantante español, Roi, se queda en blanco durante tres segundos durante su actuación en Eurovisión. Tres segundos que separan la gloria del meme nacional. El referente inevitable es el de Manel Navarro, aunque nunca se le nombre, el eco está ahí. Ese joven convertido de pronto en fenómeno nacional, triturado después por el mismo mecanismo que primero lo elevó. La obra toma claramente elementos de aquel episodio doloroso y los transforma en otra cosa más amplia, un relato sobre la industria del entretenimiento, la precariedad emocional y la velocidad salvaje con la que hoy fabricamos ídolos para después abandonarlos. 'Guayominí' tiene la inteligencia de no convertir aquello en caricatura ni en ajuste de cuentas. Lo que hace es algo más interesante. Toma ese episodio reconocible de la
Hilda Peña

Hilda Peña

Era lógico abrir el festival con 'Hilda Peña', de Isidora Stevenson, una autora de enorme sensibilidad para escribir desde lo íntimo sin perder el contexto político. La historia sucede en la Navidad de los años noventa. Hilda es peluquera, madre y mujer trans. Mientras prepara el almuerzo escucha por televisión la noticia de un tiroteo en un banco del barrio alto. Todavía no sabe que una de las víctimas es su hijo, el muchacho al que no parió, pero sí recogió, crió y quiso. Dicho así parece una tragedia cerrada, pero la obra va por otro camino. Lo que conmueve no es el golpe de efecto argumental, sino cómo esa voz reconstruye una vida hecha de contradicciones, de ternura áspera, de supervivencia y orgullo. Stevenson escribe sin sentimentalismo. Vi aquella versión madrileña de 2021 dirigida por Romina Gutiérrez e interpretada por Javier Ubilla, y sigo recordando la precisión con la que el personaje se iba armando ante nosotros. Como si cada frase colocara una pieza nueva del rompecabezas. Si esta nueva oportunidad conserva esa verdad escénica, estamos ante una cita imprescindible del festival. Además, 'Hilda Peña' tiene algo que pocas obras consiguen: habla de maternidad, de género, de clase y de memoria histórica sin parecer una tesis dramatizada. Simplemente pone a una mujer delante del público y la deja hablar. A veces basta con eso.
Era una vez un bosque

Era una vez un bosque

Entre tanta discusión sobre identidad nacional, fronteras y pertenencia, aparece 'Era una vez un bosque', una obra de teatro documental que prefiere hablar desde la biografía concreta. Tres intérpretes procedentes de distintos territorios de Chile ponen en escena relatos personales que conectan origen, migración y memoria. El hallazgo conceptual está en relacionar esas vidas con árboles nativos: raíces humanas y raíces botánicas como espejo mutuo. Puede sonar delicado, incluso peligroso si se tratara con exceso de poesía. Pero por lo que revela su dossier, la pieza trabaja desde materiales reales, testimonios y archivos. Eso le da peso. Y permite pensar el bosque no como decorado romántico, sino como territorio arrasado, memoria viva, lugar perdido. En una ciudad como Madrid, hecha de llegadas constantes, esta función puede tocar fibras muy distintas. Quien migró reconocerá algo. Quien no, quizá también. Todos venimos de algún sitio, aunque a veces lo olvidemos.
Edmundo

Edmundo

Una de las apuestas más contundentes del festival será 'Edmundo', escrita, dirigida e interpretada por Ernes Orellana. La pieza parte del caso de Edmundo Rodríguez, considerada la primera víctima mortal del Sida en Chile en 1984, y desde ahí reconstruye una memoria quebrada por el estigma, el miedo y el borrado social. Orellana trabaja desde la autoficción, la performance y el activismo queer. No busca ilustrar una época, busca discutir el presente. Porque el VIH sigue cargando silencios, prejuicios y desinformación. Y porque cada vez que los discursos autoritarios regresan, también regresan ciertas violencias sobre los cuerpos. Hay artistas que convierten el escenario en tribuna y otros que lo convierten en altar narcisista. Orellana parece ir por otro sitio usando el cuerpo propio como archivo político. Eso puede resultar incómodo, y mejor así. El teatro no está para dejarnos tranquilas todo el tiempo.
Otra primavera

Otra primavera

Hay creaciones que dialogan con los clásicos desde la reverencia. 'Otra Primavera', de La Merce Matus y Alan Ibáñez, hace lo contrario, entra en ellos para agitarlos. El punto de partida es 'La consagración de la primavera' de Stravinsky, pieza sísmica de la historia de la música y la danza. Pero aquí no se trata de reproducirla ni citarla con solemnidad sino que abre melones como ¿qué cuerpos quedaron fuera de aquel imaginario? ¿Quién era sacrificado? ¿Quién tenía derecho a representar lo humano, lo natural, lo deseable? La propuesta se sitúa en un cuerpo disidente que ocupa el centro de la escena y desde ahí desmonta la lógica del sacrificio, del mandato reproductivo y de las categorías fijas. Hay algo muy estimulante en esa operación, apropiarse de un gran monumento cultural para poner en cuestión los valores que lo sostuvieron. También es importante que Chilescénicas incluya una pieza donde la danza y la performance entren en juego. El teatro chileno contemporáneo lleva tiempo trabajando en zonas híbridas, y esta obra parece asumirlo con libertad. Será una de las funciones más observadas por quienes siguen nuevas tendencias escénicas.
Demolición

Demolición

La programación se cierra con 'Demolición', de Héctor Freire y Teatro La Letra Rota, un monólogo protagonizado por una mujer encerrada en su piso mientras se acerca la demolición del edificio. La imagen es poderosa. Y bastante reconocible. La vivienda convertida en amenaza, el hogar como espacio inestable, la mente erosionada por un mundo que exige rendimiento constante. El texto se adentra en eso que algunos llaman capitalismo digital y que muchos experimentan como cansancio crónico, ansiedad difusa y la sensación de llegar siempre tarde. Freire incorpora referencias teóricas, pero lo relevante será ver cómo se traducen en escena. Si encuentra forma teatral para ese malestar, puede ser una de las sorpresas del ciclo. Porque hablar del presente inmediato siempre entraña riesgo, todavía no tenemos distancia, todavía nos está pasando.
Casi ninguna verdad

Casi ninguna verdad

5 out of 5 stars
Salir de esta función con la tentación de contarla es casi inevitable. Y, sin embargo, hacerlo sin destriparla se convierte en un pequeño ejercicio de contención, casi de ética, que una no siempre logra dominar. Me acordé, mientras bajaban las luces, de aquella frase de 'Grandes esperanzas': "No voy a contar la historia al pie de la letra, la contaré como yo la recuerdo…". Quizá sea la forma más honesta de acercarse a lo que aquí ocurre, porque asumir que lo que una ha visto no es exactamente lo que otro verá, ni siquiera lo que volverá a ver si repite. La pieza se presenta, en apariencia, bajo una estructura reconocible: una conferencia sobre la mentira, un coloquio posterior en el que se analiza lo que acabamos de ver, y un concierto que vuelve a insistir, o a dinamitar, esa misma idea. Pero pronto se entiende que todo está levemente desplazado. No es exactamente una conferencia, ni un coloquio, ni un concierto. Es, si acaso, una especie de simulacro consciente de serlo, una pseudoconferencia, un pseudodebate, un pseudoconcierto que se permiten el lujo de no responder ante nadie más que ante su propio juego. La pregunta aparece sin avisar: ¿quién tiene el control del relato? Y ahí empieza lo interesante. Porque la obra no solo habla de la mentira, la practica, la exhibe, la desmonta… y la vuelve a montar delante de tus ojos sin pedir permiso. Hay un momento (no diré cuál, por puro respeto a quien aún no la haya visto) en el que una anécdota situada en octubre de 2006 parec
1984

1984

4 out of 5 stars
Estos días puede verse en el Teatro Fernán Gómez esta versión de '1984' que firman Carlos Martínez Abarca y Javier Sánchez Collado. Hacía tiempo que no sentía tanta incomodidad física y tanta tensión en una butaca. La propuesta de Escorzo Teatro, con dirección de Carlos Martínez-Abarca, no busca reinventar el texto de George Orwell, ni falta que le hace. Más bien lo toma con una seriedad poco habitual, sin ironías ni guiños contemporáneos obvios, y confía en que la palabra, y lo que esa palabra despierta, haga su trabajo. Y vaya si lo hace. Porque una entra sabiendo lo que va a ver, pero no necesariamente preparada para lo que va a sentir. Desde el principio, la atmósfera es densa, casi irrespirable. Hay algo en ese espacio, en los materiales, en cómo se disponen, en cómo los cuerpos se relacionan con ellos, que genera rechazo y atracción a partes iguales. No es una escenografía que quiera gustar; es una que incomoda. Y ahí está uno de los mayores aciertos del montaje, entender que '1984' no puede ser bonita, ni siquiera sugerente. Tiene que ser áspera. Y lo es. No es una escenografía que quiera gustar; es una que incomoda Los cuatro intérpretes sostienen un dispositivo exigente, en el que los cambios de rol, de energía y de registro son constantes. David Lázaro construye un Winston frágil pero obstinado, alguien que parece a punto de quebrarse en cualquier momento y quizá por eso mismo resulta tan reconocible. Frente a él, Javier Ruiz de Alegría compone un O’Brien inquietant
Borde[R]

Borde[R]

5 out of 5 stars
Hay algo profundamente reconocible, y a la vez incómodo, en Borde[R], la nueva pieza de la Compañía del Sr. Smith que regresa estos días a la Sala Cuarta Pared. Una entra pensando que va a reírse (y se ríe, vaya si se ríe), pero sale con una sensación más difícil de nombrar. Como cuando te das cuenta, ya en frío, de que quizá aquella vez te enfadaste más de la cuenta. O muchas más. Yo la vi en su estreno en el festival SURGE Madrid y, curiosamente, la memoria que me ha quedado no es la de una obra cerrada, sino la de una experiencia que se te queda adherida, como ese zumbido leve que no sabes muy bien de dónde viene. Ahora, en esta nueva temporada, esa sensación sigue ahí, quizá más afinada, más consciente de sí misma. La premisa es sencilla, casi doméstica: un conflicto en una oficina de registro del Ayuntamiento. Gente que discute, que se empuja, que pierde los papeles. Y, sin embargo, lo que hace Pedro Casas no es contarnos qué ha pasado, sino por qué hemos llegado hasta ahí. Y ese "hemos" no es casual. La obra tiene algo de espejo deformante, pero no tanto por la exageración como por la cercanía. Es fácil reconocerse en esos personajes que, poco a poco, van desgranando sus pequeñas tragedias cotidianas. La obra tiene algo de espejo deformante, pero no tanto por la exageración como por la cercanía La estructura fragmentaria, que podría ser un riesgo, aquí juega a favor. Vamos viajando hacia atrás en el tiempo, encajando piezas de un puzzle emocional que no siempre encaja
AN-KI

AN-KI

Hay espectáculos que invitan a mirar. Y otros que invitan a entrar. 'AN-KI', de la compañía catalana Ortiga, pertenece claramente al segundo grupo. La propuesta plantea una experiencia teatral inmersiva donde el público, especialmente los jóvenes a partir de ocho años, se convierte en parte activa del recorrido escénico. La obra explora el concepto de identidad y transformación a través de un viaje sensorial que mezcla teatro, instalación y performance. No es un espectáculo convencional, ni pretende serlo. Más bien funciona como un espacio de exploración donde cada espectador construye su propia experiencia. Edad recomendada: A partir de 8 años. Género: experiencia teatral inmersiva.
Copiar

Copiar

Durante años nos han enseñado que copiar está mal. Pero si lo pensamos un momento… aprendemos copiando desde que nacemos. A partir de esa idea tan simple como provocadora, la compañía catalana Animal Religion construye Copiar, un espectáculo inmersivo que rompe la barrera entre escenario y público. Al comienzo de la función, el artista Quim Giron invita a varios niños y niñas a subir al escenario. Sin ensayos, sin preparación previa. Lo que sucede después es imprevisible. A través del juego de la imitación, los participantes improvisan una coreografía colectiva guiada por el intérprete y acompañada por una elaborada dramaturgia de luces y sonido. El resultado suele ser tan espontáneo como contagioso. Y, de paso, el espectáculo cuestiona la idea de originalidad porque quizá copiar también sea una forma de crear. Edad recomendada: Todos los públicos. Género: espectáculo inmersivo.
Actapalabra

Actapalabra

Dos payasos, un disco giratorio en escena y ninguna palabra. A partir de ahí sucede algo curioso: no parece pasar nada… y, al mismo tiempo, pasan muchas cosas. El espectáculo suizo Actapalabra se inspira en el teatro del absurdo y en las vanguardias surrealistas y dadaístas para construir una especie de poema escénico sobre la vida cotidiana. Los intérpretes Joan Mompart y Alexandre Ethève trabajan desde el silencio, pero ese silencio está lleno de ritmo, de gestos y de pequeñas situaciones que oscilan entre lo cómico y lo delicadamente poético. La pieza habla, sin decirlo explícitamente, de la incomunicación, del ritmo frenético de la vida urbana o de esa sensación universal de levantarse demasiado temprano para ir a la escuela o al trabajo. Y lo hace con una ligereza que, curiosamente, deja poso. Edad recomendada: A partir de 4 años. Género: teatro.