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Gaspar Zaldo - Unsplash
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Hay (mucha) vida después de los 70: planes para hacer en Buenos Aires

Talleres, tenis, arte y más: una hoja de ruta para seguir en movimiento y descubrir nuevas pasiones después de las siete décadas.

Valeria Massimino
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Hay momentos en la vida en los que el tiempo se vive distinto: más lento, más consciente. Después de los 70, muchas veces se abre una nueva etapa, otra forma de mirar, de aprender, de animarse. No porque antes no se pudiera, sino porque ahora, con otra experiencia y menos prisa, todo empieza a sentirse posible. Lejos de los prejuicios, la curiosidad no tiene edad. No se trata de llenar el tiempo, sino de seguir en movimiento.

Clases, talleres, paseos y encuentros: en Buenos Aires hay opciones para quienes quieren seguir descubriendo. Para salir de casa, conocer gente, retomar eso que quedó pendiente o simplemente probar algo nuevo. Porque empezar no tiene edad. Y, a veces, llega en el momento justo.

1. Let’s talk con Betty

Betty da clases de inglés para adultos, pero lo suyo va mucho más allá del idioma. Entiende algo clave: la importancia de seguir estimulando la mente con el paso del tiempo. Tiene grupos (algunos con personas de más de 80 años) que se reúnen en confiterías a tomar el té mientras conversan en inglés durante una hora y media. No es una clase tradicional: es un espacio de encuentro, intercambio y ejercicio mental, casi sin darse cuenta.

También da clases particulares, y los perfiles son tan diversos como interesantes: médicos, periodistas, personas curiosas que no quieren dejar de aprender o que buscan mantener el idioma activo en su mente.

Antes de empezar, arma grupos por nivel para que todos se sientan cómodos y puedan avanzar: un detalle simple, pero clave. Para Betty, hablar no es improvisar. Hay una base que sostiene todo y, desde ahí, el idioma fluye. Más que aprender inglés, se trata de mantenerse en movimiento. Ella misma es prueba de eso: sigue estudiando y formándose todo el tiempo. “El cerebro es un músculo. Si no se entrena, se afloja”, dice. Y agrega: “Amo mi profesión, desde siempre. Me apasiona enseñar”.

El dato: aprender un idioma estimula la memoria y la atención, además de ayudar a mantener activas las funciones cognitivas.

Dónde: Consultas por WhatsApp al 1138266265.

2. Tenis: cuerpo, mente y vida social

Mente sana en cuerpo sano, en cualquier etapa de la vida. Si hay un deporte que logra equilibrar ambos, es el tenis. Santiago Veneri, profesor de La Nueva Legión Tenis y especialista en medicina deportiva, lo tiene claro: lo que distingue al tenis no son solo sus beneficios físicos, sino la combinación poco común de movimiento, estrategia y vínculo social.

En la cancha no solo se entrena el cuerpo. Hay coordinación, reacción y lectura del juego. Hay, también, un ejercicio mental constante. A eso se suma algo clave, sobre todo en adultos mayores: el aspecto social. Las clases suelen ser grupales. En ellas se comparten momentos antes y después del juego, y se generan vínculos que van más allá del deporte. No es casual que distintos estudios asocien los deportes de raqueta con una mayor longevidad.

Desde lo físico, el tenis mejora el equilibrio, fortalece la zona media del cuerpo y aporta estabilidad, lo que ayuda a prevenir caídas. Con buena técnica, además, favorece la movilidad articular, especialmente en hombros, y suma beneficios cardiovasculares.

Para quienes quieran empezar o retomar, hay clases grupales e individuales, adaptadas a distintos niveles.

El dato: en Argentina predominan las canchas de polvo de ladrillo, una superficie que absorbe el impacto y resulta más amigable con las articulaciones.

Dónde: Sedes en Núñez y Vicente López. Oficinas en Av. del Libertador 7281, Núñez.

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3. Entrenar la mirada (y disfrutar el cine)

Ver cine no es solo mirar: es aprender a leer una imagen, entender una puesta, descubrir qué hay detrás de cada plano. Entrenar la mirada. Eso es lo que propone el ciclo de cine y arte de Sebastián Cardemil Muchnik en la Asociación Amigos del Museo Nacional de Bellas Artes, una de las propuestas culturales más activas para quienes quieren seguir aprendiendo durante todo el año.

Cineasta y docente, Muchnik combina cine, literatura y artes visuales en encuentros mensuales que van de abril a noviembre. Los grupos rondan las 50 personas, el 95% de ellas mujeres, cinéfilas, curiosas y con ganas.

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El ambiente lo dice todo, y los títulos también: “Tarantino es puro pop… y nos encanta que sea así” o “David Lynch: el surrealismo y más allá”. Propuestas que ya invitan por sí solas, con una mirada sensible y bien fundamentada que guía cada encuentro.

El dato: cada clase funciona como una experiencia única: una conversación compartida en torno a una película o un libro y su contexto artístico.

Dónde: Av. Figueroa Alcorta 2270, Recoleta.

4. Bienestar y relajación para el cuerpo

El cuidado de la piel en la tercera edad no es solo una cuestión estética: puede ser también una forma de relajación y bienestar. La dermatocosmiatra Claudia Cobrero trabaja con tratamientos faciales y corporales, con foco en personas mayores de 70. Sus sesiones combinan limpieza profunda, aparatología y masajes en rostro, cuello y escote, pensados para activar la circulación, relajar y bajar el estrés.

En lo corporal, suma masajes descontracturantes y ejercicios isométricos suaves, siempre adaptados a cada persona, para sostener el tono muscular y aliviar tensiones.

También atiende a domicilio, una opción muy valorada por quienes prefieren la comodidad de su casa sin resignar calidad profesional. En ese espacio más íntimo, el encuentro se vuelve también un momento de escucha: Cobrero acompaña con cercanía y sensibilidad, y muchas veces las sesiones se transforman en algo más que un tratamiento.

El dato: el contacto físico, como los masajes, reduce el cortisol y estimula la liberación de endorfinas, lo que tiene impacto directo tanto en la piel como en el estado general de la persona.

Dónde: Palermo y Belgrano.

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5. Taller de locución: la voz como forma de seguir en movimiento

¿Cuándo fue la última vez que te escuchaste de verdad? En Santa Locución, las clases de Silvana Rabuffi son un paréntesis. Se entra a cabina, se lee en voz alta, se prueba, se juega y, de a poco, uno vuelve a escucharse. Locutora del ISER, actriz de doblaje y docente con más de 18 años de experiencia, Silvana propone algo simple: no teorizar sino hacer.

El taller está abierto a todas las edades, pero en mayores de 70 sucede algo particular: la voz se vuelve motor. Activa la memoria, ordena el pensamiento y despierta la imaginación. Y, sobre todo, conecta, no solo con un micrófono, sino con otros y con uno mismo.

No se trata de aprender locución, sino de animarse a decir. De volver a escucharse. Con el tiempo, los grupos construyen algo más: confianza, vínculo, ganas. De ahí surgen lecturas abiertas, radioteatros, tardes en las que la voz propia, por fin, tiene público.

El dato: son clases 100% prácticas en cabina profesional.

Dónde: Saavedra.

6. Taller de dibujo y escultura

“El arte no es algo que se pueda tomar y dejar. Es necesario para vivir”, reza una frase atribuida a Oscar Wilde. En Villa Crespo, esa idea se vuelve práctica.

Con más de 40 años de experiencia, Gustavo Ibarra coordina un taller de dibujo y escultura que, para él, “es un motor permanente. Uno enseña y aprende, todo el tiempo”, destaca.

El recorrido empieza por lo esencial: dibujo a partir de naturaleza muerta, estudios con calcos de grandes obras –como la cabeza de Miguel Ángel– y trabajo sobre formas clásicas. Después se avanza hacia el modelo vivo y, una vez reunidas todas esas herramientas, se pasa a la escultura y el tallado sobre distintos materiales.

También hay quienes llegan sin experiencia y encuentran en la arcilla su lenguaje. Y sorprenden. El taller funciona como un refugio en medio del ritmo de la ciudad: música, charla, mate, café. Un espacio para frenar. Se trabaja con técnicas como la carbonilla, a veces incluso con los ojos cerrados, para soltar la mano y entrar en otro ritmo. “Entran al taller y cambia todo”, cuenta Gustavo.

Lo que aparece no es solo técnica, sino algo más profundo: concentración, descubrimiento, tiempo propio. Muchos retoman algo que habían dejado en pausa. “Hay gente que en algún momento dejó lo que quería hacer de joven, y la vida pasa… Acá encuentran una forma de recuperar ese tiempo”, dice.

El impacto es concreto: personas que nunca dibujaron descubren que pueden; alumnos mayores, como un ingeniero de 83 años, despliegan una lucidez inesperada; quienes atravesaron un ACV logran producir obras que sorprenden a su entorno.

Más que aprender a dibujar o modelar, el taller propone algo simple y potente: volver a hacer. Y, en ese gesto, volver a encontrarse.

El dato: actividades artísticas como el dibujo y la escultura estimulan la neuroplasticidad, que es la capacidad del cerebro de crear nuevas conexiones incluso en la adultez.

Dónde: Camargo 706, Villa Crespo.

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7. Gimnasia en silla

En la Asociación Española de Socorros Mutuos de Belgrano, Elena Kalasakis lidera un espacio pensado especialmente para quienes quieren seguir en movimiento, pero necesitan hacerlo de forma cuidada. Las clases trabajan el cuerpo de manera integral, y la silla no es un límite: es el punto de partida. Esa gimnasia desde el asiento permite participar a personas con menor estabilidad o dificultades para sostenerse de pie, sin que nada quede afuera. Todos pueden moverse, fortalecerse y, con el tiempo, ganar una confianza que se nota mucho más allá del movimiento. El foco está en lo posible. El trabajo activa piernas, brazos, abdomen y coordinación, siempre respetando los tiempos de cada uno.

El grupo, en su mayoría mujeres, encuentra también algo más que ejercicio: un espacio de encuentro, constancia y disfrute. Elena lo resume en algo simple: es profundamente gratificante ver cómo las personas progresan, recuperan seguridad y vuelven a sentirse capaces. Porque no se trata solo de hacer actividad física, sino de salir, sostener una rutina y encontrar un lugar que hace bien al cuerpo, y también a la mente.

El dato: la gimnasia en silla estimula la memoria y la concentración, favorece la neuroplasticidad y mantiene activa la conexión entre mente y movimiento.

Dónde: Ciudad de la Paz 1760, Belgrano.

8. Club de lectura

Detrás del club Decime un Libro está Rosario Pozo Gowland, quien transformó su pasión por la lectura en una propuesta que va mucho más allá de un club tradicional.

Entrás por un libro, pero la conversación va más lejos: literatura que se cruza con filosofía, sociología, actualidad. Preguntas que exceden la trama y tocan algo propio. No hace falta experiencia previa, solo ganas de leer, pensar y compartir.

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Con participantes de distintas edades y lugares, funciona como un punto de encuentro donde la lectura activa la mente, pero también genera algo más profundo: conexión, emoción y comunidad. Porque no se trata solo de leer, sino de sostener un espacio propio para seguir pensando y sintiendo.

El formato es flexible y a ritmo propio. Cada mes se propone una nueva lectura que abre la puerta a una experiencia que excede el libro: un recorrido compartido que invita a ir más allá de la página. Lo que pasa adentro es difícil de resumir. Hay que vivirlo.

El dato: a través de una membresía mensual, Decime un Libro ofrece acceso a una curaduría cultural que incluye entrevistas a autores, clases, perfiles, recomendaciones y más de 50 ediciones disponibles para explorar.

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9. Noventa y contando: historias que el tiempo no borra

Noventa y contando no es un podcast más: es gente de +90 contando la vida como nadie. Memoria, vínculos, soledad y todo lo que pasa alrededor. Porque el tiempo es el mismo: somos nosotros los que cambiamos.

El proyecto toma impulso a partir de una convocatoria viral que tuvo como cara visible a Alberto Chab, médico psicoanalista de 97 años. Muchas personas comenzaron a compartir sus experiencias y, a partir de ahí, la propuesta no dejó de crecer. Así lo cuenta su productora y creadora, Guadalupe Camurati.

Con esta iniciativa se busca incentivar el encuentro intergeneracional y, al mismo tiempo, preservar la memoria de una generación que fue testigo de grandes transformaciones. También se propone dar voz a personas mayores, un grupo con poca visibilidad en medios y redes, y construir un relato distinto, que ponga en valor la escucha.

Hoy, con más de 300.000 seguidores en Instagram, la plataforma reúne conversaciones con nonagenarios sobre sus vidas, historias y una gran diversidad de temas, desde el rol de la mujer, la religión o el dinero, hasta la amistad, la memoria, el vegetarianismo o el sexo en la vejez.

El podcast se publica todos los domingos a las 18 en YouTube, Spotify y Apple Podcasts, en formato audio y video. La idea es que se convierta en un momento compartido, casi como un ritual familiar: una excusa para reunirse y escuchar juntos.

El dato: con episodios semanales y dos temporadas, el proyecto tuvo repercusión internacional, participó en encuentros como el Festival de las Ideas en México, y continúa expandiéndose con nuevas iniciativas, como un libro en desarrollo, encuentros presenciales y virtuales, y materiales derivados como e-books con aprendizajes de sus protagonistas.

10. Clases de tango

Marcela Lavorato lleva más de 20 años dando clases de tango en Villa Crespo, en un espacio cultural llamado Sendas del Sol. Sus grupos son abiertos a todas las edades. Quienes llegan pasados los 70 son los que más sorprenden. “No conecto con las edades sino con las emociones de los cuerpos que quieren y buscan una conexión”, dice Marcela.

Los prejuicios más comunes que escucha: “ya estoy grande para bailar”, “no voy a poder aprender”, “nadie va a querer bailar conmigo”. Los desmiente clase a clase.

Su abordaje viene del mindfulness: no juzgar ni juzgar al compañero. El tango, en su taller, aporta sociabilidad, equilibrio físico, intercambio de roles, y algo difícil de encontrar en otro lado: el arte de escuchar el propio cuerpo y el del otro dentro de un abrazo cerrado.

Una de las historias que más marcaron a Marcela es la de Johan, un alumno noruego de más de 70 años con Parkinson que viajaba desde su país cada año para sus clases. Cuando bailaba, sus temblores por momentos desaparecían.

Y hay algo más silencioso pero igual de poderoso: alumnos para quienes el único abrazo de la semana sucede en esa clase. “Cuando bailamos tango, lo estamos haciendo con la historia del otro”, resume Marcela.

El dato: para quienes buscan un trabajo más personalizado, Marcela ofrece clases privadas con programas adaptados a cada alumno. Las clases grupales tienen lugar los jueves.

Dónde: Lambaré 990, Almagro.

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Bonus track

La Ciudad de Buenos Aires tiene un programa gratuito para mayores de 60 que funciona todas las semanas en parques y plazas de la ciudad. La propuesta es amplia: actividades físicas adaptadas, otras lúdicas, caminatas, estiramientos, talleres de arte, teatro y charlas de concientización. También incluye controles de salud y programas de vacunación.

El único requisito es tener más de 60 años y acercarse. El resto lo pone la Ciudad.

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