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Omar Jury | Arte
Omar Jury

El arte mendocino tiene nuevos nombres: 14 artistas que tenés que conocer

Creativos que, desde sus propias disciplinas y búsquedas, renuevan y mantienen viva la escena artística provincial.

Julieta Poblete
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¿Querés conocer Mendoza desde su arte? Más allá de los recorridos turísticos tradicionales, el pulso de esta provincia también late en talleres, ateliers, muros y galerías. Por eso armamos una selección de artistas de la nueva ola para que tengas en el radar.

Ceramistas, muralistas, fotógrafas, escultores, alfareros, grafiteros, pintores, creadores… Todos ellos están trabajando activamente desde sus disciplinas, manteniendo viva la escena local y proponiendo nuevas formas de mirar el territorio. Cada uno propone una entrada distinta a la provincia, una manera de descubrirla desde adentro.

1. Milagros González de Killari: el desierto mendocino volcado en un lienzo

Criada en el monte, entre zorritos y liebres de una zona rural del departamento mendocino de La Paz, Milagros creció observando los paisajes que hoy protagonizan su arte. Es por eso que cualquier mendocino que se detenga frente a sus lienzos encuentra familiaridad en los cielos amplios, en la flora y fauna autóctonas y en la montaña que aparecen representadas.

Su inspiración brota de la tierra, específicamente de sus procesos, sus tiempos, los animales que la recorren y las plantas que nacen de ella. Esto se traduce en su paleta de colores, en donde cada tono busca comunicar pertenencia, memoria y respeto por el paisaje. Es así como observar su obra es, en definitiva, mirar Mendoza desde adentro, desde su raíz más silvestre.

2. Juan Bonaceto: del aerosol al bastidor

Desde los once años, Juan pinta graffitis bajo la firma Mity. También incursionó en la tinta, el papel y la piel, permitiendo que cada superficie le enseñara técnicas nuevas. El tatuaje, en particular, marcó un antes y un después, ya que lo llevó a concebir la piel como un soporte artístico tan válido como cualquier muro o lienzo.

Con los años, Bonaceto encontró en la pintura sobre bastidor el punto justo donde todas sus disciplinas se fusionan. De a poco fue moldeando un estilo que hoy se mueve entre lo simbólico, lo figurativo y lo abstracto. Su paleta, antes saturada para destacar en la vía pública, se suaviza con tonos quebrados, rosas pastel, celestes y naranjas, entre otros. Lo estructurado del graffiti y el tatuaje se disuelve en algo más pictórico y contemplativo, nutrido tanto de la calle como de la introspección.

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3. Resinfiltro: el artista que llenó Mendoza de personajes animados

Si caminaste por Mendoza, es muy probable que su arte se te haya cruzado en alguna esquina, en un zanjón, en una remera o hasta en un sticker pegado en la calle. Muralista, ilustrador y graffitero, Resinfiltro logra apropiarse de todo tipo de soportes: paredes, prendas, accesorios, láminas, lo que aparezca. Es así como muchos lo reconocen como el responsable de haber llenado la ciudad con personajes animados de los 90.

Su obra se mueve por series y obsesiones temporales. Alguna vez estas fijaciones fueron peces gigantes, después chanchos, más tarde chihuahuas y hoy son sus gatos. En su feed de Instagram viene destacando su faceta más textil, con airbrush aplicado a indumentaria y cápsulas de remeras y buzos con sus ilustraciones. En paralelo, pinta escenas íntimas de su casa, encontrando belleza en lo cotidiano. De esta manera, yendo de soporte en soporte, capturando diferentes elementos que lo entretienen, Resinfiltro se sigue descubriendo como artista.

4. Antonella Pezzolla: la fotografía como forma de habitar el presente

Para Antonella, artista visual e investigadora mendocina, la fotografía es, ante todo, una forma de conocer, estar atenta y presente en el mundo. Por eso descarta la planificación y se entrega a la sorpresa, al hallazgo, a eso que aparece cuando uno menos lo espera. Y eso mismo es lo que genera en el espectador una sensación de espontaneidad frente a sus fotos. En sus imágenes reina el humor, la nostalgia y ciertas sutilezas del absurdo que juegan con las imposiciones estéticas.

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Su obra navega por la memoria colectiva y los paisajes para cuestionar nuestra percepción de la realidad y desarmar los relatos impuestos. Lo interesante de sus imágenes es que Mendoza no es una simple postal, sino que se vuelve territorio para reinventar la historia contada y la imagen aprendida.

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5. María Almodóvar: la cerámica como medio para darle forma al erotismo

María es una artista ceramista que trabaja el erotismo, la ternura y la conciencia de la finitud a través de la escultura. Sus últimas piezas cruzan la cerámica con el shibari, una técnica japonesa de atar con cuerdas. De esta manera, cuerpos moldeados en arcilla quedan atrapados en nudos y sogas, en un juego de tensión entre lo íntimo y lo expuesto.

Su interés por la exploración del cuerpo y el deseo también se manifiesta en su podcast "El despertar de Eros", donde profundiza sobre vínculos y sexualidad. Todo su trabajo converge en la necesidad de hacer visible aquello que habita el mundo interno y construir, junto a otros, imaginarios posibles en torno al placer y la ternura.

6. Omar Jury: el arte de habitar lo que no termina de definirse

Omar es un artista que desde hace más de una década se mueve entre el dibujo, la escultura, la pintura, la instalación y la performance. Justamente a partir de esta multidisciplinariedad nació un lenguaje propio y en permanente transformación, donde cada disciplina es puesta en duda para revelar su fragilidad, pero también su potencial. Es aquí donde su paleta acompaña esa sensación de deriva y extrañeza que atraviesa toda su producción.

Su búsqueda se concentra en aquello que no se percibe del todo, como lo pueden ser estados mentales, zonas ambiguas, lo intangible, aquello que está a mitad de camino entre una cosa y otra. Sus obras se meten de lleno en lo indefinible y encuentran en la "falla" una oportunidad para crear. Por eso sus esculturas parecen inconclusas, sus dibujos se interrumpen y sus pinturas se paran en el límite entre lo figurativo y lo abstracto.

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7. Látigo Warro: el costumbrismo mendocino del siglo XXI

Si en el siglo XIX se pintaban gauchos tomando mate, en el siglo XXI, de la mano de Esteban "Látigo" Warro se retrata la “ranchada” mendocina. En otras palabras, su obra retrata las reuniones características de la juventud local. En sus lienzos aparecen latas de cerveza que operan como bodegones modernos, cigarrillos en manos, y escenas reconocibles por cualquiera que haya vivido una tarde de amigos en la provincia.

Warro estudió Artes Visuales, luego se unió al colectivo de muralistas Asfáltico y después volvió al taller, donde encontró una libertad que la vía pública no siempre le daba. Ese cambio de escala derivó en un estilo propio que terminó de consolidarse en 2020. Hoy se lo ve cada vez más metido en bastidores de pequeño formato, un camino que ya lo llevó a exponer en diferentes puntos de Mendoza.

8. Juan Castillo: cuando lo familiar se vuelve extraño

Con obra en colecciones de museos de Argentina, Uruguay, Alemania, EE.UU., España, México y Nueva Zelanda, el trabajo de este artista mendocino es digno de ser reconocido en este listado. En sus pinturas, dibujos y experimentaciones digitales conviven seres híbridos y criaturas mutantes insertos en escenas de lo cotidiano. Esto se corresponde con su búsqueda, que tiene que ver con ese instante en el que lo familiar deja de serlo con la aparición de algo que no sabemos nombrar.

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La relación entre el ser humano y otros seres terrestres no solo habita en las obras de Juan, sino que también se manifiesta en su proyecto Hada Rosa. Este es un colectivo de arte que integra junto a Ayelén Villalba, el cual pone el foco en problemáticas socioambientales, reflexionando sobre la acción del hombre sobre sí mismo y sobre otras especies.

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9. Mariano Ruffo: convertir la madera en plastilina

Con veinticinco años de oficio, Mariano Ruffo se presenta orgullosamente como carpintero. Sin embargo, hace una década decidió darle una vuelta de rosca a su trabajo y meterse de lleno en el arte funcional. Es así como desde Estudio Ruffo & Giampor, el estudio y taller que comparte junto a Emilia Pereyra Giamportones, le da forma a diferentes piezas donde la madera parece amasada a mano.

Su interés principal pasa por encontrar el lado sensual de la madera, lo cual se manifiesta en el impulso que nace en el espectador al querer acariciar las vetas pulidas de la madera. Pero también se apasiona por lo mitológico y lo extraterrestre, esculpiendo dioses y criaturas que parecen de otro planeta. Todo esto, surge de la atención que presta a todo aquello que le provoca alguna incomodidad o sentimiento que considera digno de ser explorado artísticamente.

10. Agustín Herrera: la alfarería como experimento infinito

Detrás de muchos de los platos que reposan en las mesas de la alta gastronomía mendocina, tales como Azafrán, Lagarde o Susana Balbo, hay un mismo par de manos que los moldearon. Nos referimos a las de Agustín Herrera, alfarero y creador de vajilla de autor, cuya obra transita entre el diseño utilitario y la escultura contemporánea.

Su proceso creativo comienza alrededor del torno, esa plataforma circular que gira a alta velocidad y sobre la cual va moldeando el barro. Precisamente de ahí surgen tanto sus series de vajilla para restaurantes como sus piezas más escultóricas. Estas últimas son formas viscerales que parecen órganos vivos de cerámica. Si estás de visita en la Ciudad de Mendoza y querés meterte de lleno en su universo, hace unos meses abrió Garibaldi 57, un estudio y espacio de exhibición compartido junto a los artistas Rodrigo Etem, Rodrigo Price y Mauco Sosa.

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11. Ana Paula Schmidt: arte que redefine lo visible

Durante veinte años, Ana Paula fue arquitecta especializada en interiorismo. Sin embargo, su carrera encontró otro rumbo en 2020, cuando reiterados desprendimientos de retina la llevaron a conservar apenas un 3% de visión. Ese momento marcó el inicio de una nueva exploración artística. Hoy, desde su atelier en Chacras, crea obras que invitan a ser exploradas tanto desde la vista como desde el tacto.

Tras aprender a "ver con los dedos", se abrió a la experimentación con diferentes texturas y pigmentos sobre acrílico, e incluso al dibujo con punzón sobre papel metálico. Su técnica insignia es el paper clay, un material que combina papel reciclado con arcillas, pigmentos y fibras naturales. A partir de él, Ana produce lámparas, cuencos, accesorios y esculturas, las cuales tienen la particularidad de ser de gran tamaño pero muy livianas. Hoy, sus piezas habitan tiendas de diseño de autor y hoteles en Tulum, Ciudad de México y Panamá.

12. Marta Argerich: cerámica como puente entre lo terrenal y lo etéreo

Marta es artista visual y ceramista. Aunque se define como diversa y flexible, abierta a distintos lenguajes y soportes, hoy su obra se despliega principalmente en la cerámica. Este es un medio que le permite explorar la tridimensionalidad y su propio vínculo y facinación por este material. A través del barro, dialoga con tradiciones ancestrales, sobre todo con el arte precolombino y el asiático.

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Sus piezas nacen de un proceso intuitivo, en donde se deja llevar por el momento, permitiendo que las formas aparezcan solas, como si vinieran de algún lugar más profundo. Desde allí surgen pequeñas esculturas y vasijas habitadas por demonios, duendes y seres sin nombre, entre otros. Sus piezas ya han circulado por diversas muestras dentro de la escena mendocina, ganando cada vez más presencia dentro del panorama artístico local. 

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13. Paula Dreidemie: preguntas existenciales hechas obra

Paula es una artista visual que pinta, dibuja, hace grabado y collage, pero también interviene objetos, monta instalaciones y juega con la videoinstalación. Es así cómo su obra ya se pasó por muestras individuales y colectivas en Mendoza, CABA y Chile, y hoy forma parte de colecciones privadas dentro y fuera del país.

Detrás de cada pieza hay preguntas existenciales sobre lo humano. Su obra invita a repensarnos, a desarmarnos un poco y volver a construir sentido. Además, busca explorar nuevas maneras de relacionarnos con el entorno, con los otros y con nuestra propia existencia. Con esto en mente, actualmente desarrolla “Herbaria”, un proyecto de investigación artística que consiste en la observación y registro de plantas de crecimiento espontáneo que habitan márgenes y grietas. Este ya ha recorrido varios espacios culturales mendocinos.

14. Magdalena López Frugoni: el arte andino en nudos

La obra de Magdalena parte del quipu, un sistema de comunicación y registro que las civilizaciones andinas construían a través de nudos. La artista mendocina toma ese legado y lo reinterpreta desde una mirada contemporánea. Bajo el sello Quipu Lab, combina materiales, escalas y técnicas manuales para traer al presente el quipo, manteniendo su esencia.

Su universo se expande en múltiples direcciones, desde piezas pensadas para habitar interiores hasta arte en nudos para vestir. Cada trabajo es, en sus palabras, una expresión de lujo silencioso, que lleva consigo la memoria de Los Andes. Su obra cuenta con diversos puntos de venta para adquirir a lo largo de Argentina: Casa Quipu Lab en Chacras de Coria (Mendoza), Parera 50 y Design CE Hotel en Recoleta (Buenos Aires), el Museo de los Cerros en Huichaira, Tilcara (Jujuy), y también conseguirla online a través de Nuevo Lujo Spain para España y el resto de Europa.

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