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Bochinche
Bochinche

Salimos a probar: Bochinche, pasta sin dogma en Chacarita

El nuevo restaurante propone una cocina sin vueltas en el barrio que marca el pulso de la escena gastronómica porteña.

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En la última década, Chacarita se transformó en el polo gastronómico más interesante de la ciudad (y uno de los barrios más cool del mundo). Si su oferta cultural ya lo hacía digno de una visita más allá del cementerio y el Parque Los Andes, la oferta para salir a tomar y comer terminó de consolidarlo. Al vasto abanico gastronómico formado por los Anchoíta, La Fuerza, Albamonte o Condarco, entre otros, se le sumó Bochinche, el nuevo restaurante del cocinero Gaspar Natiello (ex Ajo Negro y hoy al mando de Silvino a pocas cuadras) y Lucas Etchegoyen, especialista en desarrollo sostenible.

La propuesta de Bochinche es hacer pastas alejadas de la pureza de la receta italiana, más emparentadas con la reinterpretación que con el aluvión migratorio de principios del siglo pasado en nuestras pampas. Comida casera, sabrosa y con mucha técnica. Clásica y con una herencia marcada, pero con las libertades que entrega jugar fuera del dogma.

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Bochinche

Bochinche abrió exactamente al lado del teatro Dumont 4040 y, si llegás en el primer turno, quizás te cruces con el público teatral que llega, parte o termina la velada en este restaurante. Ya en el local, la primera impresión advierte que, si buscábamos sumergirnos en el cliché italiano, este no es el lugar. No hay vestigios de manteles a cuadros ni banderas tricolor a la vista. El espacio es moderno, con una barra amplia en la que se puede comer y ver de primera mano la cocina. El estilo es industrial y sobrio, con mesas de madera, mucho hierro y unos estantes que emulan el portaequipaje superior de los trenes del siglo pasado. También cuenta con un patio para comer cuando está lindo.

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Empezamos con unas albóndigas con pomodoro. Muy ricas, con carne pastoril de Las Heras y una salsa de tomate con el dulzor y la acidez justas. También hay vitel toné de picaña, stracciatella y fainá o porchetta con ensalada de papa y huevo, que muestran que no hay una reinterpretación literal de las recetas sino una búsqueda personal de sabor que nos lleve a lo hogareño.

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Bochinche

De principales hay platos de pasta clásicos, amasados con semolín y harina local orgánica certificada y huevos agroecológicos, como los pappardelle a la bolognesa, los fussillone a la amatriciana o los tagliatelle con frutos de mar; otros más cercanos a la tradición italoamericana como los spaghetti con albóndigas, y ravioles más nuestros como los de ricota y espinaca con manteca de salvia. También hay risotto y berenjenas a la parmigiana. Fuimos con los tagliatelle y los canelones rellenos de cerdo y langostino con una bechamel trufada, una combinación osada que sorprende por lo sabrosa y por la reminiscencia profunda a lo casero.

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La carta de vinos es amplia, con cerca de 30 etiquetas parejamente distribuidas entre tintos con cuerpo y ligeros, rosados y blancos voluminosos o punzantes, que acompaña muy bien el abanico de sabores cárnicos, lácteos, picantes y marítimos de la carta.

Para el postre elegimos los huevos quimbo, una muy sabrosa versión con una crema de naranja que aporta equilibrio y acidez a este clásico de la repostería colonial. Siguiendo con esa mezcla de tradición y libertad creativa, la carta cuenta también con una torta chajá deconstruida, tiramisú e isla flotante —cada vez más difícil de encontrar—, en este caso de café.

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Bochinche

Bochinche es una más que refrescante apertura, un lugar donde podés invitar sin temor a quedar mal a tu pareja en plan cita, a tus amigos, o incluso a tus padres de gustos un poco más conservadores y descreídos de los restaurantes modernos.

El dato: Bochinche mide su impacto ambiental desde el día uno: consumo de luz, gas y agua, residuos, emisiones y hasta las prácticas de sus proveedores. Lo hace a través de Foodprint, una herramienta de inteligencia artificial desarrollada por el propio Etchegoyen junto a Natiello, que monitorea todo en tiempo real y les permite fijarse metas concretas de mejora. La conciencia también se cocina.

Dónde: Santos Dumont 4056, Chacarita.

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Bochinche

 

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