1. Mon Poulet


Es imposible hablar de pollo en Buenos Aires sin nombrar a Mon Poulet, la rotisería franco-argentina del célebre y querido Christophe Krywonis. Hay tartas, ensaladas y otros platos, claro; pero la estrella absoluta es el pollito asado.
Utilizan aves pequeñas, de primerísima calidad, aquellas que no pierden volumen al cocinarse. Se cuecen al spiedo, con carbón y leña, para darle un toque ahumado. Una pintada con manteca de hierbas y a la mesa. El plan es comerlo con la mano, acompañado de papas crocantes.
El dato: el poulet rôti es un emblema de la cocina francesa. Y la versión de Christophe –aún en su simpleza– es una de las mejores representaciones que hay en nuestra ciudad.
Dónde: Av. Federico Lacroze 1724, Palermo.


















