copetín
Copetín
Copetín

Las mejores picadas de Buenos Aires: el ritual porteño hecho plato

Desde bares notables clásicos hasta tablas con toques contemporáneos, estos son los spots imperdibles para probar una verdadera picada en Buenos Aires, ese plan social y gastronómico que nadie debería perderse.

Pilar Tapia
Publicidad

En Buenos Aires, la picada es mucho más que una tabla de quesos y embutidos: es un rito social y gastronómico que define la forma de juntarse, compartir y disfrutar la vida porteña. Nacida de la fusión entre las tapas españolas y el antipasto italiano traído por la inmigración al Río de la Plata, la picada Buenos Aires combina fiambres, quesos, aceitunas, panes y encurtidos para crear una experiencia que se come con la mano y se saborea con conversación y copas.

Aunque suele servirse como entrada, muchas picadas son tan abundantes y variadas que pueden convertirse en el corazón de la comida. Más que un simple entremés, la picada es una excusa para juntarte con amigos o familia, probar productos con historia y captar la vibra de la ciudad en cada bocado. Acá te contamos los mejores lugares para picar en Buenos Aires; desde clásicos de barrio hasta bares notables que transforman esta tradición en una experiencia completa.

1. Copetín

En Copetín, la picada vuelve a ser lo que siempre fue: un gesto porteño, simple y generoso, servido para compartir entre charlas y vermuts. Sus “copetines”, bautizados con los nombres de las calles que rodean la esquina, condensan el clima barrial que define al lugar.

El Enciso trae queso Mar del Plata, tomatitos confitados, aceitunas marinadas, polpettas de fainá y papas chips; el Fernández suma jamón crudo estacionado, morrones en conserva y fainá; y el González se pone nostálgico con tortilla de papas, vitel toné y berenjenas en escabeche. Todo se prepara ahí mismo, sin vueltas y con buenos productos.

Son picadas que recuperan el encanto de los bares de antes: ricas, contundentes y perfectas para arrancar la noche o estirarla un rato más.

Dónde: Fernández de Enciso 4370, Villa Devoto.

2. Bar La Academia

En este Bar Notable porteño abierto las 24 hs, todos los días del año, la picada tiene un lugar propio y se adapta a todo plan: desayuno tardío, vermut de sobremesa o picada nocturna sin apuro.

La Picada Academia viene con jamón cocido, jamón crudo, longaniza, salame, mortadela y una selección de aceitunas; quesos sambo, azul y sardo completan la tabla. La versión vegetariana no se queda atrás: tortilla de papas, tortilla de verdura, buñuelos de acelga y milanesas de berenjena, todo decorado con morrones y zanahoria para sumar color y contraste.

Lo que lo diferencia del resto: la opción veggie y la posibilidad de picar a cualquier hora en un clásico que sigue latiendo con la vibra bohemia de siempre.

Dónde: Montevideo 341, San Nicolás.

Publicidad

3. Buche Salumería

Si buscás una picada bien hecha, de esas que te hacen sentir que la vida está ordenada, Buche Salumería es el lugar. Acá la picada no es un acompañamiento: es la estrella absoluta. Quesos artesanales de todo el país, embutidos curados con mimo, conservas, antipastos y panes que suman puntos… todo servido en tablas generosas que viajan por Argentina, Italia, Francia y España.

También te puede interesar: Qué hacer en Villa Devoto, el jardín de Buenos Aires

Podés armar tu propia selección por porción (nivel “quiero probar todo”) o caer directo en las tablas curadas de la casa, donde conviven trucha curada, salames premium, quesos de pequeños productores y acompañamientos que levantan cualquier copa. Para los que quieren algo más contundente, los “san-buche” llevan el concepto picada al formato sándwich.

La movida se completa con vermuts, amaros y negronis que maridan perfecto con cada bocado. Ya sea en la terraza, en el salón o al paso, Buche es ese lugar donde la picadita se convierte en plan, en ritual y en excusa para quedarse un rato más.

Dónde: Asunción 4085, Devoto.

4. Pasillito

Pasillito trae a Palermo el encanto de los bares de tapas: barra chica, tardeo largo y una picadita que se arma fácil y rica. La carta de Ramiro Suárez Plata combina quesos y charcutería en porciones generosas de 150 gramos —perfectas para compartir— con productos de Ventimiglia y elaboradores de San Juan, Córdoba y Tandil.

Camembert, Azul, 4 Esquinas, jamón crudo, bresaola, salame… todo se sirve con la bebida justa: vinos por copa o botella, vermut de la casa y cerveza artesanal. El plan es sencillo: elegís tus favoritos y armás tu propia tabla, tal cual harías en un barcito de Madrid, pero en pleno Palermo.

Dónde: Gorriti 4391, Palermo.

Publicidad

5. Celta Bar – Bar Notable

En este clásico del centro porteño, la picada tiene esa vibra de bar de toda la vida que acompaña bien desde un vermut temprano hasta la última ronda antes de cerrar. La Picada de campo es simple y contundente: fuet, morcilla, queso de campo, aceitunas verdes y negras, mortadela, bondiola serrana y pan casero, justo lo que esperás de una tabla tradicional con sabor de siempre.

Qué la caracteriza: es la misma picada de años, sin vueltas, con productos que te hacen sentir que estás en un bar de barrio con historia más que en un gastro trendy. Ideal para acompañar con cerveza fría o un tinto clásico mientras las charlas se alargan.

Dónde: Sarmiento 1702, San Nicolás

6. Abreboca

Abreboca toma la tradición pulpera y la trae al presente con una carta que pide ser picada, compartida y festejada. Acá la picada se vuelve autóctona: charcutería propia, escabeches, encurtidos, chacinados y raciones frías y calientes que homenajean la cocina criolla con técnica actual.

La experiencia arranca en su cava de embutidos —un lujo poco común en la ciudad— y sigue con platos ideales para el “vamos probando”: leberwurst con ají vinagre, morcilla con huevo y reviro, repollitos con miel y almendras, salchicha de cordero con puré de porotos y pickle de peras. Todo en un ambiente que combina pulpería, modernidad y un patio andaluz que te hace sentir lejos sin salir de Chacarita.

Para quienes buscan una picadita distinta, con carácter argentino y mucha identidad, Abreboca es parada obligada. Reservas: 11 3154-3707.

Dónde: Fraga 541, Chacarita.

Publicidad

7. Biasatti – Pastificio Centrale

Picada italiana para llevar… o para quedarte a disfrutar en la trattoria. Biasatti no solo es un templo de pastas premium: también es una gran parada para armar una picadita con sello italiano. En su Pastificio Centrale de Colegiales podés llevarte quesos como pecorino, bocconcino o mozzarella fiordilatte, más embutidos premium y extras como filettes de anchoa, aceites de oliva orgánicos y una selección de vinos boutique. Ideal para montar una picada en casa o salir de picnic con una tabla que siempre queda bien.

Y si preferís quedarte, la trattoria de Biasatti banca la movida: ahí también podés probar parte de esta selección en mesa, acompañada de platos de la casa y un clima bien mediterráneo. Un plan versátil para picar, comer rico y viajar a Italia sin pasaporte.

Dónde: Jorge Newbery 3202, Colegiales.

8. Corte Charcutería

En Corte Charcutería, la picada se vuelve alta cocina. El restaurante de Belgrano combina técnica, producto y una charcutería de elaboración propia que firma César “Wilson” Sagario: bresaola Angus o Wagyu, speck, cecinas, finocchiona, salames negros, morcilla asturiana, terrinas y patés. Todo convive con una selección impecable de quesos artesanales de pequeños productores del país —brie, stracco, fontin, cheddar inglés, crottin y cabra con hongos, entre otros— lista para armar una tabla memorable.

Podés disfrutarla en el salón, con servicio a la altura, o llevarte los productos para picar en casa. Vinos boutique, aperitivos y bebidas sin alcohol acompañan cada bocado sin robarle protagonismo al producto. Corte es el lugar donde la picada se vuelve una experiencia seria… pero deliciosa.

Dónde: Echeverría 1290, Belgrano.

Publicidad

9. Café de García – Bar Notable

Café de García es un clásico porteño declarado Bar Notable, abierto desde 1927 y cargado de historia y fotos en las paredes. Su picada es un ritual de varios pasos pensado para compartir: primero llegan los sabores fríos, luego los calientes, y para cerrar, pan dulce casero con sidra tirada, el sello distintivo de la casa que se mantiene desde hace décadas.

La Picada García se ofrece en dos versiones (para 2 o para 4 personas) y combina platitos que van desde porotos marinados, vitel toné y berenjenas al escabeche, hasta croquetas, panzottis, albóndigas y rabas. La experiencia no es solo la variedad, sino la forma en que se sirve en tres tiempos y termina con un guiño dulce y tradicional que le da identidad propia.

 Dónde: Sanabria 3302, Villa Devoto.

10. Cortázar – Bar Notable

En este clásico café porteño con aire bohemio inspirado en Julio Cortázar, la Picada Deshoras es un plan ideal para compartir con vino, vermut o cerveza en cualquier momento del día. La tabla viene con lomito embuchado de elaboración propia, bocconcino, tomates cherry, aceitunas rellenas gourmet, ravioles fritos, cantimpalo y longaniza calabresa, todo acompañado con pan casero que invita a mojar y picar sin pausa.

Qué la hace única: el lomito hecho en casa y los ravioles fritos le dan un giro distinto a la clásica picada porteña, transformándola en algo con gesto propio dentro de la carta de picadas del Cortázar. Pican bien en pareja o entre dos amigos que quieren una picadita bien resuelta y con la vibra de bar porteño que se queda hasta tarde.

Dónde: José A. Cabrera 3797, Palermo.

Recomendado
    Últimas noticias
      Publicidad