1. Copetín


En Copetín, la picada vuelve a ser lo que siempre fue: un gesto porteño, simple y generoso, servido para compartir entre charlas y vermuts. Sus “copetines”, bautizados con los nombres de las calles que rodean la esquina, condensan el clima barrial que define al lugar.
El Enciso trae queso Mar del Plata, tomatitos confitados, aceitunas marinadas, polpettas de fainá y papas chips; el Fernández suma jamón crudo estacionado, morrones en conserva y fainá; y el González se pone nostálgico con tortilla de papas, vitel toné y berenjenas en escabeche. Todo se prepara ahí mismo, sin vueltas y con buenos productos.
Son picadas que recuperan el encanto de los bares de antes: ricas, contundentes y perfectas para arrancar la noche o estirarla un rato más.
Dónde: Fernández de Enciso 4370, Villa Devoto.



















