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Casa Planes

Mesa para uno: diez lugares para comer solo en Buenos Aires

Barras, casonas y terrazas por toda la ciudad para disfrutar de un plan distinto, sin compañía y sin apuro.

Soledad Vallejos
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Comer solo en Buenos Aires dejó de ser un plan de descarte. Cada vez más porteños eligen sentarse a una mesa sin compañía y hacer de esa ocasión un plan especial, sin culpa ni apuro. Esta guía reúne diez lugares en distintos puntos del mapa de Buenos Aires, que van de Versalles a La Lucila y con la inclusión de Palermo sólo a modo de excepción.

Barras abiertas a la cocina, mesas para hundirse con un libro, el primer bar kissa de la Ciudad y un ramen que ya cumplió trece años, entre la lista de opciones. Diez excusas para salir solo, o sola, y volver contento a casa.

1. A Coruña

En una esquina tranquila de Versalles, lejos del ruido, A Coruña lleva el ritual español del tapeo a la mesa para uno. Te sentás en la barra, pedís un vermú y vas picando tapas, medias raciones y pinchos, sin la obligación de armar una comida completa. Sus dueñas, Carolina Giuliani y Vanina Heredia, piensan el comer solo como un plan en sí mismo, algo rico y sin demasiada ceremonia.

La carta se arma según el momento y el hambre, un pincho y un vermú al paso, un bocata como plato principal o varias tapas para probar de todo. Cuando caen las 18 la esquina se enciende, se sale a la vereda y la cena improvisada termina siendo el mejor plan de la semana.

El dato: el pincho de chorizos a la sidra, morrones asados y queso sardo, la mejor manera de arrancar un tapeo para uno mientras cae el primer vermú.

Dónde: Irigoyen 1801, Versalles.

2. Saigón

En Retiro, Saigón trae el street food vietnamita a una barra con la cocina a la vista, ese formato que hace fácil entrar sin compañía. Su director creativo y culinario, Tute Gutiérrez, lo resume en una frase: “A comer solo se va a disfrutar”. El servicio es ágil, el ambiente descontracturado y la barra deja manejar el propio ritmo, con el celular, un libro o la mirada perdida en el despacho.

Tute asegura que “Cruzás la puerta y el lugar te invita a viajar, a cortar con la vorágine. Además, el hecho de comer solo te permite concentrarte de otra manera en lo que estás probando, disfrutar mucho más de los sabores y conectar directo con el plato, sin distracciones”, explica. “El ambiente tiene esa calidez y esa dinámica descontracturada que te deja sentarte en la barra y manejar tu propio ritmo, podés estar con el celular, leyendo o simplemente colgado mirando el despacho. Comer solo acá no se siente raro para nada, se transforma en un re plan”, concluye.

El dato: para la barra, Tute recomienda tres platos. El Pho Bo lleva fideos de arroz con carne salteada, nems y hierbas frescas, con una textura distinta en cada bocado. El Bún Thịt combina fideos de arroz con carne salteada, nems y hierbas frescas, con una textura distinta en cada bocado. Los Nems son rollitos fritos de cerdo y vegetales que se envuelven en hoja de lechuga con menta y se pasan por la salsa.

Dónde: Marcelo T. de Alvear 818, Retiro.

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3. Casa Planes

Comer solo en una casa siempre es más fácil, y Casa Planes es justo eso: una casona amplia de Caballito donde entrar se parece a llegar a lo de alguien conocido. Poco ruido, luz tenue y mesas para quedarse.

Cabito Massa Alcántara, su dueño, lo vive como un momento de introspección. La mitad de las mesas están pegadas a la ventana, para mirar los autos pasar y las estaciones reflejadas en los árboles. “Cuando uno sale a comer solo, es un momento de mimarse”, dice. Los ocres del otoño, el invierno cuando los árboles quedan casi llorando de tristeza, la primavera y el reverdecer, el sonido del viento en las hojas: para él, todo eso es como la banda de sonido de la introspección y de estar con uno mismo.

El lugar acompaña el día entero. Arrancás la mañana con un café y scones de queso, seguís con una milanesa o un guiso al mediodía y estirás la tarde con un vermut mientras leés o trabajás, sin que nadie te apure ni te mire.

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El dato: la carne al horno con papas el plato estrella, que según Massa Alcántara te deja “con la panza borracha de alegría, de sabor y de gusto”.

Dónde: Planes 1400, Caballito.

4. Mixtape

En Mixtape la charla sobra, y por eso ir solo es casi mejor. El primer bar kissa de Buenos Aires vive en la terraza del restaurante Haiku, en Belgrano, con sesiones en vinilo y equipos de alta fidelidad. Te sentás frente al sonido, pedís un cóctel y un tapeo de autor con guiños japoneses y dejás que la música haga el resto. Brenda Asís, head bartender, lo atribuye a la hospitalidad.

“A nosotros nos encanta charlar con los clientes, ver cómo se sienten y contarles la historia del bar, la inspiración detrás del lugar y el concepto de nuestra carta. Cuando entra alguien solo, especialmente si es su primera vez, nos tomamos el tiempo de acompañarlo y guiarlo en la elección”, explica Brenda. “La barra termina funcionando como un punto de encuentro, donde los clientes se relajan y se sienten como en su propia casa. Con el tiempo, esa primera visita en solitario se transforma en la excusa perfecta para volver acompañados de sus amigos”.

Para picar, hay buñuelos de hacusay con sweet chilli y nori, hechos con esta hoja japonesa parecida a una lechuga, y el katsu sando, un sándwich de milanesa de cerdo rebozada en panko con repollo blanco y salsa tonkatsu. Abre de martes a sábado desde las 19, con el cielo de Belgrano de fondo.

El dato: el Apple Martini combina vodka Wyborowa, gin y cordial de manzana Granny Smith y peras, y es el trago justo para escuchar un vinilo sin apuro.

Dónde: Franklin D. Roosevelt 1806, 1er piso (terraza de Haiku), Belgrano.

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5. Felice

Felice tiene, tal vez, la mesa más cómoda de Las Cañitas para ir sin compañía, un sillón tipo box donde hundirse con una pizza napolitana, una cerveza y un libro. Encima es pet friendly, así que el perro va con vos y le sirven agua y galletas. Su chef y dueño, Coco Carreño, se formó como pizzaiolo en Nápoles y trabaja masas de 24 horas de fermentación. Abre desde las 19 y cierra los lunes, perfecto para una noche tranquila entre semana.

“Recibimos bastante gente que viene a comer por su cuenta y a tener, como digo yo, un pequeño romance con nuestra pizza”, dice Carreño entre risas. “Tenemos mesas individuales y también una barra con taburetes, que permite estar muy cerca de la cocina y ver de primera mano cómo se prepara la pizza, la masa se estira y se hornea frente a uno. Al ser un lugar de pocas mesas y estar en una esquina tranquila, sin demasiado ruido, la dinámica se presta para disfrutar la comida con calma, incluso con un libro o simplemente haciendo una pausa”.

Para pedir, la focaccina crocante con queso Sbrinz, el panuozzo de stracciatella, mortadela con pistachos y albahaca, y la pizza Carciofi, con alcauciles cocidos de manera natural, fior di latte y lluvia de Sbrinz. Para acompañar, un Vermut Rosso con soda.

El dato: la pizza Carciofi, con alcauciles cocidos de manera natural, fior di latte y lluvia de Sbrinz, sobre una masa de 24 horas de fermentación.

Dónde: Arce 305, Las Cañitas.

6. Zulu Haus

En una calle cortada y tranquila de La Lucila, Zulu Haus convierte el comer solo en un pequeño ritual. Cada día sirven un bento distinto, prolijo y equilibrado, con proteína, vegetales, arroz, encurtidos y algo dulce en una sola bandeja. Sobre la mesa hay cartas de tarot y oráculo, con preguntas para pensar un rato mientras comés.

Su dueña, Maia Mendoza, resume la propuesta en el lema del lugar: paz, silencio y tranquilidad. “Estamos en una calle cortada, sin salida, y sentimos que eso también forma parte de la experiencia, llegar y bajar un poco el ritmo de lo que pasa afuera. Zulu invita a la pausa. A sentarse solo con un libro, escuchar linda música bajita, elegir un café y tomarse el tiempo de disfrutarlo. Nos gusta que quien viene solo pueda encontrar su lugar y sentirse cómodo disfrutando de su propia compañía”.

Cuidan el silencio y una atención cercana pero no invasiva, para que quien viene solo encuentre su lugar. Entre árboles y luz natural, es el plan justo para bajar un cambio al mediodía y salir con la cabeza más liviana. También podés elegir un sándwich de huevo con café filtrado o un cafecito con una pieza de pastelería.

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El dato: el yakisoba de fideos alcalinos con trucha grillada, pepino curado, furikake, huevo marinado en soja, hakusai y pickles caseros, con iced tea de jazmín.

Dónde: Salvador Debenedetti 635, La Lucila. Lunes a viernes de 8 a 20, sábados de 9 a 20 y domingos de 10 a 20.

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7. Umbral

A tres cuadras de Plaza Arenales, en las Seis Esquinas de Devoto, Umbral hace del sándwich la comida perfecta para uno. Un croque-monsieur o un Brie-Jambon Moutarde bien armado, música francesa de fondo y una mesa afuera para ver pasar el barrio: no hace falta mucho más.

Desde el lugar cuentan que hay dos maneras de disfrutar la visita en solitario. Adentro te abraza la música y una energía de calma, con la madera y las cortinas nuevas armando el ambiente ideal para leer o trabajar. Afuera, mucha gente hace una pausa en la vereda, donde da el sol todo el día, así que se aprovecha la luz natural tanto a la mañana como a la tarde. Podés instalarte en la barra empotrada para algo al paso o estirarte en el salón sin culpa, cualquier día de la semana.

El dato: el sándwich de Saumon Fumé, con salmón ahumado, queso crema, eneldo, rúcula y limón, es uno de los que no fallan para sentarse solo en la vereda.

Dónde: Vallejos 4312, Devoto.

8. Sampa

La barra de Sampa es de las más lindas de la Ciudad: larga, de madera, con 24 lugares que dan de frente a la parrilla y la cocina abierta. Ahí te sentás, ves las llamas trabajar y pedís una parrilla vegetariana, algo raro y buenísimo, con vegetales, hongos, algas y algunos quesos de una carta que cambia con la estación. Y si en casa nadie te sigue el vegetarianismo, mejor todavía, vas solo y pedís todo lo que quieras.

Fernando Larrosa, socio del lugar, lo tiene medido: “Casi todas las noches hay alguna persona comiendo sola y, casi siempre, sentada en la barra. A pesar de que la mayoría viene en pareja, hay algo de la barra de Sampa que invita a pasarla bien también estando solo. Puede ser la disposición y la amplitud de la barra, o que en su interior están la cocina y la parrilla, donde podés ver todo el recorrido y el armado de cada plato”, explica.

“También la posibilidad de conversar y entablar un ida y vuelta con el equipo de cocina. Al ser una barra, no estás real y completamente solo, siempre hay interacción y complicidad. Es el contexto perfecto para una salida en solitario, que nunca termina de ser totalmente solitaria”, concluye. De la parrilla, también hay portobellos rellenos de queso, con papas pay y repollo asado. Para tomar, vino por copa, la opción más elegida por los que vienen solos.

El dato: las zanahorias arrolladas y rellenas, cortadas en láminas, fermentadas y rellenas con una pasta de nueces, uno de los platos de temporada.

Dónde: Av. Raúl Scalabrini Ortiz 769, Villa Crespo.

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9. Punto Mona

En una vieja fábrica reciclada de Chacarita, Punto Mona es el lugar para ir solo y, si se da, no seguir estándolo. Su Match & Drink es un Tinder presencial con todas las letras: juegos, consignas, premios y citas de cinco minutos. Se arma de manera ocasional y con entrada. Cuando termina, el bar sigue como siempre, con su barra central ideal para quedarse charlando con habitués sobre un cóctel. Entre platitos para compartir, coctelería y DJ sets en vinilo, abre de miércoles a sábado por la noche.

Mona Gallosi, bartender y dueña, apunta a una atmósfera cuidada que prioriza la conexión con el entorno. Por eso pasa música exclusivamente en vinilos, un modo de recuperar lo que define como un “lujo” en el mundo digital de hoy, un ritual de atención. Ese ambiente permite que quien va solo conecte con un sonido orgánico y tangible, y encuentre un rato de introspección y disfrute personal. Para pedir, el taco de pollo asado en pan chato con tzatziki y hierbas. Para acompañar, el Tónico Americano, con Campari, Cinzano Rosso, café, tónica y CO₂.

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El dato: el tiradito de trucha patagónica con leche de tigre y de coco, palta, maíz cancha y cebolla encurtida, para acompañar con un cóctel de autor.

Dónde: Fraga 93, Chacarita.

10. Fukuro

Comer ramen solo en una barra es de los placeres más japoneses que hay, y Fukuro lo viene ofreciendo desde septiembre de 2013, cuando fue el primer noodle bar de la ciudad. Trece años después sigue con formato de ramen shop, solo barras y cocina abierta, caldos de cocción larga y fideos alcalinos hechos a mano.

Desde el lugar señalan que la idea fue siempre la misma: “Desde el primer día quisimos recrear esa experiencia simple y directa que tanto nos fascinó de Japón, llegar, sentarse frente a una barra, pedir un buen ramen y dejar que el plato hable por sí solo. Muchos años después seguimos manteniendo ese formato y elaborando todo en casa para transmitir nuestra manera de entender la experiencia alrededor del ramen”. Te sentás, pedís tu bowl, unos baos y un sake argentino, y en tres cuartos de hora salís feliz. La única concesión a Palermo, y bien ganada.

El dato: el bowl de ramen de caldo de cocción larga con fideos alcalinos hechos a mano, servido en la barra frente a la cocina abierta, el gesto más japonés del recorrido.

Dónde: Ángel Justiniano Carranza 1940, Palermo.

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