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Bodega Trivento
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Otoño en una copa: 10 vinos mendocinos para cada momento

En la mejor estación, el vino mendocino deja de ser bebida: acompaña, abriga y completa el momento.

Federico Juarros
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El otoño en Mendoza cambia las reglas del juego. Las tardes todavía invitan a una copa al sol, pero las noches empiezan a pedir vinos más envolventes, platos de cuchara y sabores más intensos. Es la temporada en la que el vino se disfruta distinto: más lento, más gastronómico, más consciente. Acá el foco ya no está solo en la copa, sino en lo que pasa en la mesa: guisos, pastas más cremosas, carnes con largas cocciones y encuentros que se estiran sin apuro.

Con esa lógica, esta selección se construye desde el maridaje: decime qué vas a comer y te digo qué vino abrir. Cada etiqueta está pensada para un momento, una situación y un plato concretos, para que el vino acompañe no desde un lugar técnico, sino desde el disfrute real. Son etiquetas accesibles, tanto en precio como en disponibilidad, que podés encontrar fácilmente en vinotecas y tiendas de todo el país. Porque el otoño, al final, no se trata de seleccionar el mejor vino, sino de elegir mejor cuándo y cómo tomarlo.

1. Zuccardi Serie A Bonarda

La Bonarda viene pidiendo pista hace años y esta etiqueta es una de las que mejor explican por qué. Proveniente de Santa Rosa, en el este mendocino, este vino muestra una cara más jugosa y relajada del tinto argentino: fruta roja bien expresiva, notas especiadas y una boca amable que invita a seguir tomando sin cansar.

Es una alternativa al Malbec que mantiene cuerpo pero suma frescura y fluidez, ideal para el cambio de estación y perfecto para un almuerzo de otoño con pastas caseras, una lasaña o incluso unas empanadas recién salidas del horno.

El dato: la línea Serie A de Familia Zuccardi está pensada para dar a probar distintas regiones vitivinícolas del país y, en este caso, pone en valor Santa Rosa, una zona histórica que hoy vuelve a ganar protagonismo.

2. Kaiken Ultra Chardonnay

Este Chardonnay combina dos mundos: la frescura y mineralidad de Gualtallary, en el Valle de Uco, y la textura más cremosa de Vistalba, en Luján de Cuyo. El resultado es un blanco amplio, elegante y con capas, en el que aparecen frutas maduras, notas cítricas y un sutil paso por madera que aporta complejidad sin tapar la frescura.

Es el tipo de blanco que funciona cuando el calor ya no alcanza para vinos livianos, pero todavía no querés ir a un tinto pesado. Resulta ideal para un almuerzo al sol con risotto de hongos, pastas con crema o un pollo al horno con hierbas.

El dato: su perfil nace de la combinación de dos zonas clave de Mendoza, lo que aporta un equilibrio entre tensión y cremosidad que define el estilo moderno del Chardonnay argentino.

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3. Ver Sacrum Garnacha

En un mapa dominado por el Malbec, Ver Sacrum apuesta por variedades del Valle del Ródano (Francia) y logra una de las Garnachas más interesantes del país. Proveniente de Los Chacayes, en el Valle de Uco, este vino se mueve en un registro completamente distinto: más liviano, más herbal, con fruta roja fresca, especias y una acidez que lo hace increíblemente fluido.

Es un tinto que se toma casi como un blanco estructurado: ligero, fresco y con mucha personalidad, ideal para quienes quieren salir de lo clásico sin irse a los extremos. Es perfecto para una tarde que se estira hasta la noche, con pizzas, vegetales asados o incluso carnes livianas.

El dato: el proyecto nació con una idea clara: trabajar variedades poco exploradas en la Argentina inspiradas en el sur del Ródano, lo que posiciona a Ver Sacrum como uno de los proyectos más disruptivos de Mendoza.

4. Las Perdices Albariño de Viña Las Perdices

El Albariño no es una variedad tradicional en Mendoza, y justamente ahí está lo interesante. Cultivado en Agrelo, este vino de Viña Las Perdices logra una versión local con identidad propia: combina notas de frutas blancas y cítricas, flores como jazmín y un costado herbal que le aporta frescura. En boca es más amplio de lo esperado, con textura envolvente pero siempre sostenida por una acidez que lo mantiene vibrante.

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Esta etiqueta es una alternativa refrescante y más compleja que los blancos clásicos, ideal para sumar variedad dentro de la selección otoñal, perfecto para un almuerzo al sol con pescados, mariscos o incluso pastas con salsas suaves, en esos días en los que todavía el clima acompaña.

El dato: Viña Las Perdices fue una de las primeras bodegas en la Argentina en trabajar el Albariño, una cepa típica de Galicia, a la que adaptó a un terroir completamente distinto como Mendoza.

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5. Trapiche Iscay Blend

Pensado como un vino ícono, Iscay de Bodega Trapiche nace de la combinación de dos varietales que se potencian entre sí, Malbec y Cabernet Franc, en una búsqueda de equilibrio entre fruta, estructura y elegancia. El resultado es un tinto profundo, con capas de fruta madura, especias, notas florales y un paso por madera bien integrado que le da volumen y persistencia.

Es un blend que muestra otra dimensión del vino mendocino: más complejo, más armado, ideal para quienes buscan algo con mayor profundidad, perfecto para una noche fresca de otoño con carnes a la parrilla, cocciones largas o platos intensos como un osobuco a fuego lento o un estofado.

El dato: Iscay, que significa “dos” en quechua, representa justamente la unión entre viticultura y enología, y ha sido reconocido entre los mejores vinos del mundo por críticos internacionales.

6. Bianchi Particular Merlot

El Merlot encuentra en San Rafael una de sus mejores expresiones, y esta etiqueta de Bodegas Bianchi lo demuestra con claridad. Nacido originalmente en 1976 como vino de la cava personal de Enzo Bianchi, hoy mantiene ese espíritu: tinto elegante, de perfil suave, con notas de frutas rojas y negras, especias y un sutil paso por madera que aporta redondez sin dominar.

Es un vino que prioriza la armonía por sobre la potencia, con taninos sedosos y una textura envolvente que lo hace ideal para esta época del año, perfecto para noches frescas de otoño con platos de cuchara como guisos, lentejas o un buen estofado, a los que el vino acompaña sin imponerse.

El dato: este vino nació como un gesto íntimo —hecho para compartir entre familia y amigos— y esa lógica se mantiene hasta hoy en su estilo: cercano, elegante y atemporal.

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7. Durigutti Malbec

Con base en Las Compuertas, un distrito vitivinícola histórico de Luján de Cuyo, este Malbec refleja el enfoque de los hermanos Durigutti: trabajar el viñedo con precisión y mínima intervención para dejar que el lugar hable. El resultado es un vino expresivo pero equilibrado, con fruta roja fresca, notas florales y una textura amable que lo vuelve muy gastronómico.

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Este vino logra un equilibrio interesante entre lo clásico y lo contemporáneo, con un perfil más suelto y menos estructurado que el Malbec tradicional. Así, se transforma en una etiqueta ideal para una cena de otoño sin demasiada formalidad, con empanadas o carnes a la parrilla, a los que el vino acompaña con fluidez.

El dato: el proyecto Durigutti viene impulsando la revalorización de Las Compuertas como distrito vitivinícola clave, trabajando con viñedos antiguos y prácticas más sustentables con las que se busca rescatar la identidad original del lugar.

8. Manos Negras Artesano Pinot Noir

El Pinot Noir siempre juega en otro registro, y este Artesano de Manos Negras lo deja en evidencia desde el primer momento. Proveniente de viñedos de clima frío, con fuerte impronta de altura y manejo artesanal, es un vino delicado pero expresivo, con notas de cerezas frescas, tierra húmeda y un perfil ligeramente herbal que suma complejidad. En boca es ligero, con taninos suaves y una frescura que lo vuelve extremadamente bebible.

Es ideal para salir de los tintos más estructurados del otoño y explorar un estilo más sutil, elegante y gastronómico, perfecto para una cena más liviana –de pollo al horno, hongos salteados o incluso un risotto– o para acompañar un encuentro sin imponerse.

El dato: la línea Artesano nace de microvinificaciones y búsqueda de expresión de origen, con una filosofía clara: menos intervención y más identidad de cada viñedo.

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9. Petite Fleur Cabernet Franc de Bodega Monteviejo

Desde el Valle de Uco, este Cabernet Franc de Bodega Monteviejo expresa una de las variedades que mejor vienen creciendo en Mendoza en los últimos años. Con una crianza parcial en barrica, logra un equilibrio interesante entre fruta roja y negra, notas especiadas y una estructura firme pero elegante. En boca es profundo, con buen volumen y un final largo que lo posiciona como un vino serio pero accesible.

Es una excelente puerta de entrada al Cabernet Franc moderno argentino: más fresco que un Malbec potente, pero con la estructura suficiente para acompañar platos de otoño. Es ideal para una noche con carnes braseadas, guisos o incluso quesos curados, en la que el vino suma complejidad.

El dato: el proyecto, vinculado a la familia Père-Vergé –con fuerte presencia en Bordeaux–, forma parte de Clos de los Siete, uno de los desarrollos vitivinícolas más importantes del Valle de Uco, que reúne distintas bodegas bajo una misma visión de calidad y proyección internacional.

10. Trivento Golden Reserve Malbec

Este ícono de Trivento Wines, nacido en Luján de Cuyo, representa una versión más profunda y estructurada del varietal. Combina uvas de distintas zonas como Agrelo, Vistalba y Las Compuertas, para lograr un perfil complejo en el que aparecen frutas negras maduras, especias y un paso por madera que aporta volumen y elegancia. Su crianza de alrededor de 12 meses en roble francés le da textura y persistencia en boca.

Es un Malbec más serio y envolvente, ideal para cuando el clima pide vinos con mayor profundidad y estructura. Perfecto para una noche fría de otoño con carnes a la parrilla, un ojo de bife o platos de cocción lenta como un estofado.

El dato: fue uno de los primeros vinos de alta gama de la bodega y hoy se posiciona como una de sus etiquetas más reconocidas a nivel internacional, con múltiples premios en concursos globales.

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