Hace no tanto, pedir un trago con café en un bar era casi una rareza. Si aparecía alguna opción en la carta, generaba sorpresa. Hoy, en cambio, el público que se sienta en una barra o a la mesa de un restaurante no sólo lo acepta sino que también se anima a pedirlo. “La tendencia de los cócteles con café viene creciendo tanto en la Argentina como a nivel mundial. Hace 15 años era algo raro. Hoy la gente lo busca y lo celebra cuando lo encuentra en la carta”, resume Camila Carpanetti, Coffee Ambassador de Nespresso Argentina. El cambio no fue de un día para otro, pero ya es innegable.
Una historia que viene de lejos
El café y el alcohol no siempre fueron tan amigos. Durante décadas, el cruce entre los dos mundos se reducía a un puñado de clásicos como el Black Russian, el White Russian, el Irish Coffee y poco más. En los primeros dos, el café era en realidad licor de café: Kahlúa o Tía María, un destilado con sabor a café pero sin la complejidad de un espresso real. En el tradicional Irish Coffee sí aparece el café como ingrediente, pero tiene un rol secundario, casi de soporte para el whisky y la crema.
La idea de pensar el espresso como protagonista de un trago empezó a cambiar cuando el café ganó el mismo estatus que un buen vino o un destilado de autor: origen, perfil, complejidad. Y los bartenders tomaron nota. “El café en coctelería tiene historia, pero siempre quisimos mejorar esa performance: filtrar un café de calidad sin tanto agregado de azúcar, destacando notas de acidez más salvajes que los licores no llegan a marcar”, explica Ramiro Ferreri, bartender con trece años de trayectoria y el elegido por Nespresso para diseñar la carta de cócteles de su celebración por los 40 años.
También puede interesarte: La ciudad en una taza: 40 años de Buenos Aires contada a través del café
Pensar el perfil antes de la receta
Para Ferreri, una de las virtudes del café es que se adapta muy bien a diferentes tipos de cócteles porque se pueden encontrar una gran variedad de notas: frutales, ácidas, dulces. “Va mucho más allá de lo que inicialmente todos conocemos como ese aroma o sabor a café. La alquimia es mucho más amplia”, insiste Ferreri. Y en ese marco, la consistencia se volvió clave. “Para nosotros, obtener sabores definidos es fundamental. Si el café varía, el cóctel también”, explica el experto. Y aquí es donde la cápsula se convierte en un aliado clave. “La cápsula permite estandarizar, y eso en coctelería marca la diferencia”.
Elegir el café correcto para cada trago es tan importante como elegir el alcohol. Carpanetti lo explica desde el conocimiento del grano: “En la mixología tenemos que considerar la intensidad de los otros ingredientes. Para los tragos usamos variedades más intensas, como Indonesia o Guatemala, que son cafés más amargos, con más cuerpo. Si los mezclo con alcoholes intensos, se sienten”. Ferreri lo confirma desde la barra: “Si estás hablando de un café con más notas ácidas y frutales, podés combinarlo con algo mucho más fresco. Si querés ir con algo más seco y astringente, vas a lograr que se destaque combinándolo con otra bebida que tuvo paso por madera. Puede ser ron, whisky o tequila”. La elección del café, entonces, no es un detalle técnico sino el punto de partida de todo.
También puede interesarte: Café y diseño: la tendencia aesthetic de la Generación Z
Las especias, los cítricos y las nuevas tendencias
Cardamomo, anís, sal ahumada, cítricos y frutas rojas. La paleta de aliados que convive bien con el café creció en los últimos años, y hoy define una estética propia dentro de la coctelería de autor. “Los cítricos van muy bien con el café. Las bebidas con paso por madera también funcionan bárbaro. Y la acidez del café combinada con frutas ácidas lo convierte muchas veces casi en una golosina”, describe Ferreri. En esa línea, Carpanetti suma la perspectiva desde el perfil de cada variedad: “El café tiene una paleta enorme de matices –cafés de Guatemala, Indonesia, arábicos con notas cítricas, amaderadas o tostadas– y eso lo convierte en un insumo muy versátil para crear cócteles sorprendentes”. La lógica, coinciden los expertos, es trabajar sobre las notas de cata: identificar si el café tiene perfil cítrico, amaderado o tostado, y decidir en función de eso si sumar dulzor, acidez o frescura.
Más allá de la noche
Otro cambio que define esta tendencia son los momentos de consumo. El cóctel con café ya no es solo un capricho de la medianoche ni de un público de cincuenta años. “Hoy vemos que los jóvenes, especialmente entre 20 y 35 años, están abrazando mucho esta tendencia y la incorporan en previas, atardeceres de after office y reuniones”, señala Ferreri, y agrega: “Hoy los cócteles con café se alejan de un momento nocturno y se adaptan mucho al brunch, al sunset y al aperitivo antes de una cena”.
También puede interesarte: Café frío: cómo prepararlo en casa y los mejores tips
Si hay un trago emblema en este universo, es el Espresso Martini. “Es elegante, ligero y uno de los más pedidos –destaca Ferrer–. Pero ya no es el único. El mezcal y el tequila, por ejemplo, le dan una vuelta interesante a este clásico y le agregan una nota más umami, más compleja”. Y, más allá de las bebidas espirituosas, la tendencia también se expande hacia los mocktails: versiones sin alcohol que exploran el perfil aromático del café combinado con almíbares de especias y jugos de frutas.
La barra en la cocina de casa
Para quien quiera animarse a preparar en casa un cóctel con café, Ferreri tiene un tip especial: nunca construir el trago sobre hielo desde el principio. A medida que se va armando, el deshielo diluye el resultado y, cuando se llega al final, el cóctel perdió sabor e intensidad. La recomendación es mezclar todos los ingredientes primero, probar, y agregar el hielo al final. El Espresso Martini es el punto de entrada ideal. “Es un trago con buen balance entre lo dulce y lo intenso. Hay que batirlo bien, airearlo y enfriarlo para lograr buena tomabilidad”. Y, para el café, una regla básica: que sea recién hecho, para que no pierda el aroma ni la textura. Por eso, insiste el barman, la cápsula de Nespresso es ideal.

