1. Pasillito


Solo basta una caminata nocturna para llegar a Pasillito, un bar que se esconde detrás de una simple persiana marrón de metal. “Aquí, en el corazón de Buenos Aires, hay un rincón donde el tiempo se estira como el pasillo que le da nombre”, escriben en su cuenta de Instagram. Al pasar la puerta un camino de botellas y velas guía hacia una de las mejores tortillas babe del conglomerado porteño.
El espacio es un homenaje a la cocina española tradicional, pero con un toque moderno que nos invita a repensar el concepto de gastronomía. En un mundo donde todo parece ya inventado, aún quedan propuestas sobresalientes. Aceitunas marinadas al jerez, gambas al ajillo con emulsión de wasabi y almendras garrapiñadas con togarashi y zaatar son algunas de las tapas protagonistas de este bar que define sus vinos como una experiencia para viajar al pasado.
Lo que oculta Pasillito es una invitación a olvidar por un momento qué pasa allá afuera, ya que su música sutil, la atención cuidada y la comodidad del espacio generan una identidad visual cálida que define el concepto de intimidad.
El dato: algunos días ofrecen de forma gratuita cerveza, aceitunas o tortilla como degustación.
Dónde: Gorriti 4391, Palermo.



















