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Gabriel Abdala
Gabriel Abdala

10 puertas misteriosas de BA que esconden grandes lugares

Un recorrido secreto por rincones singulares de Buenos Aires.

Micaela Abdala
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En Buenos Aires hay puertas que parecen simples entradas… hasta que las cruzás. Algunas esconden bares secretos, otras conducen a templos culturales, casas míticas o rincones donde la ciudad se reinventa. Están ahí, frente a todos, pero solo quienes se animan a empujarlas descubren lo que pasa adentro. Te invitamos a recorrer 10 puertas misteriosas de la ciudad y espiar qué historias, sabores y experiencias guardan detrás.

1. Pasillito

Solo basta una caminata nocturna para llegar a Pasillito, un bar que se esconde detrás de una simple persiana marrón de metal. “Aquí, en el corazón de Buenos Aires, hay un rincón donde el tiempo se estira como el pasillo que le da nombre”, escriben en su cuenta de Instagram. Al pasar la puerta un camino de botellas y velas guía hacia una de las mejores tortillas babe del conglomerado porteño.

El espacio es un homenaje a la cocina española tradicional, pero con un toque moderno que nos invita a repensar el concepto de gastronomía. En un mundo donde todo parece ya inventado, aún quedan propuestas sobresalientes. Aceitunas marinadas al jerez, gambas al ajillo con emulsión de wasabi y almendras garrapiñadas con togarashi y zaatar son algunas de las tapas protagonistas de este bar que define sus vinos como una experiencia para viajar al pasado.

Lo que oculta Pasillito es una invitación a olvidar por un momento qué pasa allá afuera, ya que su música sutil, la atención cuidada y la comodidad del espacio generan una identidad visual cálida que define el concepto de intimidad.

El dato: algunos días ofrecen de forma gratuita cerveza, aceitunas o tortilla como degustación.

Dónde: Gorriti 4391, Palermo.

2. Casa de Charly García

Al esperar la línea 92 de colectivo a la altura del shopping Alto Palermo en la Avenida Coronel Díaz es posible observar hacia la vereda de enfrente y encontrarse con un edificio que, en su entrada, reúne una enredadera de mensajes y grafitis que se disponen a lo alto y ancho de toda la puerta de ingreso. Este lugar no es nada más y nada menos que el edificio en el que se encuentra el departamento del músico Charly García, considerado un Monumento Histórico Popular. Palabras como “Dios”, “maestro” e “ídolo” se repiten sin cansancio en el herraje que hace tiempo dejó de ser negro.

A los vecinos no les molesta. Por el contrario, consideran que el edificio en el que viven se ha convertido en un templo que recibe a numerosos aficionados. Desde la parada del 92 se observa a diario cómo algunos se sacan fotos, escriben mensajes o se persignan, mientras otros solo miran. Después, todos siguen su camino.

El dato: si prestás atención, podés ver que la puerta esconde el clavijero y mástil de una guitarra.

Dónde: Coronel Díaz 1905, Palermo.

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3. Teatro Margarita Xirgu

A pocas cuadras del Mercado de San Telmo, al caminar por la calle Chacabuco, es probable toparse con una fachada de estilo neogótico que esconde detrás el teatro Margarita Xirgu. La puerta de entrada está labrada en rombos de madera que se cruzan como un enrejado: una especie de pastafrola gigante que, en lugar de dulce de membrillo, resguarda la promesa del arte.

Desde la década del 60, el teatro lleva el nombre de Margarita Xirgu en homenaje a la actriz catalana. Con capacidad para 480 personas, este espacio se adapta a distintos formatos como conciertos, artes escénicas y performáticas. Posee una gran sala de excelente acústica, por la cual pasaron muchas figuras de renombre de la Argentina y del mundo, entre los cuales cabe destacar a Federico García Lorca, quien dirigió allí sus propias obras.

El dato: no podés dejar de mirar los detalles del cielorraso del vestíbulo y la imponente escalera del hall del Casal.

Dónde: Chacabuco 875, San Telmo.

4. Abreboca

Hace apenas unos años, Chacarita era un barrio de bodegones tradicionales y veredas tranquilas, talleres mecánicos y edificaciones bajas. La identidad cultural del barrio estaba ligada al cementerio y sus visitas guiadas para conocer mitos y leyendas, pero en algún momento eso cambió.

Atraídos por un aire menos saturado que el de Palermo, muchos gastronómicos vieron en las calles de este barrio la posibilidad de migrar las bases de un nuevo faro culinario, y la fresca propuesta de Abreboca, una neopulpería que combina sabores autóctonos con técnicas actuales, no fue la excepción. Leé acá el mano a mano que tuvimos con el “Tucu” Govetto Sosa, dueño y chef del restaurante.

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Desde la calle, este restó de fachada terracota se mimetiza con la estética de Chacarita. Solo deja ver un cartel sobrio que apenas sugiere todo lo que su nombre encierra. Pero cuando cae la noche, algo en la entrada principal se vuelve misterioso y taciturno: la puerta de madera con vidrio y herraje negro y la luz tenue pero cálida son una invitación a dejar la discreción de los mediodías y a conocer un patio andaluz de lo más singular.

Abreboca es un restaurante con una carta moderna y dinámica que le recuerdan al público local de dónde viene, pero sin perder de vista la excentricidad de quienes deciden concurrir con ojos de turistas.

El dato: la marca identitaria de este restaurante es la charcutería artesanal, pero las tortas fritas como parte de la panera son una sorpresa al paladar y a la ilusión.

Dónde: Fraga 541, Chacarita.

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5. El Invernáculo del Jardín Botánico

Ahí donde se cruzan Avenida Santa Fe y Las Heras, a la vista de todo el que circula por la zona, se encuentra uno de los pulmones verdes de Palermo, el Jardín Botánico Carlos Thays, que alberga alrededor de dos mil ejemplares de árboles y plantas de la Argentina y el mundo. Pero, para quienes se detienen en los detalles, en el interior de aquel lugar hay más que solo especies.

Cerca del Jardín para Mariposas se encuentra el Invernáculo Principal, al que se accede por una puerta hecha de hierro y hojas de vidrios antiguos que fragmentan la luz en reflejos, como si cada una de ellas escondiera un secreto del sol.

Su diseño estuvo a cargo del arquitecto francés Albert Ballú y se destaca por una alta cúpula que se eleva en el centro de la edificación y que separa dos alas rectangulares. La estructura fue pensada para calentar el interior y atrapar la radiación solar que mantiene en resguardo algunas especies subtropicales del mundo.

El dato: es un punto de encuentro ideal para visitar en primavera, pero no es posible ingresar sin permiso y tampoco en grupos numerosos.

Dónde: Avenida Santa Fe 3951, Palermo.

6. Arcade Social Club

En Villa Crespo hay un lugar que esconde el eco de los años ochenta y noventa. Desde la calle parece un ingreso anónimo: su puerta negra, cubierta de stickers como cicatrices urbanas, funciona como una contraseña secreta de lo que pasa dentro, pero al cruzarlo se revela un salto temporal de luces de neón, fichines y música copada. Hay máquinas de Flipper, Pac-Man, Tetris o Mortal Kombat, y las fichas se compran en la barra, donde también ofrecen cerveza y todo tipo de tragos.

En tiempos de sobreexposición y estrategias de marketing calculadas, Arcade se mantiene al margen: la comunidad que construyeron llegó por el boca a boca, de amigo a amigo. Es su perfil bajo lo que lo mantiene auténtico y lo posiciona como un club para amigos que, además de buscar entretenimiento, persigue la construcción de un rincón en el barrio que guarde la nostalgia y la complicidad de compartir fichas y copas.

El dato: se encuentra abierto de miércoles a jueves en el horario de 8 p.m. a 2 a.m., y los viernes y sábados de 9 p.m. a 3 a.m.

Dónde: Serrano 75, Villa Crespo.

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7. Casa de Julio Cortázar

Agronomía parece ser uno de los barrios más tranquilos de la Ciudad de Buenos Aires. En sus calles se ven verdulerías con cajones repletos de color, repartidores en bicicleta, vecinos que hojean el diario caen mano y parejas que caminan sin apuro. La postal parece la de cualquier otro barrio porteño, pero en estas calles la calma se siente distinta, como si la tranquilidad de la ciudad se hubiera concentrado toda en estas pocas cuadras.

Frente a la pequeña plaza de la calle José Artigas, una puerta blanca se asoma en la rutina barrial: es la entrada al edificio en el que se crió el escritor Julio Cortázar junto a su madre y su hermana.

Hablar de esta puerta es hablar de un umbral literario que vio cruzar infinitas veces a uno de los mejores escritores de nuestro país. Una puerta blanca sencilla, sin alardes, que se volvió parte del mito porteño y cerca de la cual se han dibujado varias rayuelas en la vereda.

Desde 1977, el departamento le pertenece a Nelly Schmalko, una mujer que la compró sin saber que pertenecía a la familia Cortázar y que confesó que conserva la biblioteca intacta.

En la actualidad es posible visitar la vivienda ya que una vez al mes se realizan diferentes propuestas de eventos. Les recomendamos aprovechar el recorrido y disfrutar de las vistas que otorgan el cuarto de Julio, un rincón imperdible que guarda su infancia y muchos secretos literarios.

El dato: una vez al mes se realizan diferentes propuestas de eventos los cuales se comparten en la cuenta de Instagram.

Dónde: Gral. José Gervasio Artigas 3246, Agronomía.

8. Pórtico ICBC

Si alguna vez caminaste con ojos de turista por el barrio Monserrat, es probable que en la esquina de Florida y Diagonal Norte hayas frenado ante el imponente pórtico del Edificio del ICBC, una estructura monumental que antes fue el First National Bank of Boston. Si todavía no lo hiciste, ¿qué esperas?

Es una de las puertas más imponentes de la Ciudad de Buenos Aires y guarda una particularidad: se esconde en el subsuelo para abrirse y luego emerge de allí para cerrarse mediante un sistema digno de cualquiera de las películas de Harry Potter.

A esta puerta, obra arquitectónica inspirada en el Hospital de la Santa Cruz de Toledo, le fueron destinadas 400 toneladas de piedra calcárea Indiana Limestone, que se tallaron en Nueva York durante cuatro meses. Tiene un peso aproximado de 4 toneladas y se roba las miradas de quienes no corren para llegar a tiempo a la oficina.

El dato: abre todos los días a las 10 a.m. y cierra a las 3 p.m.

Dónde: Esquina de Florida y Diagonal Norte.

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9. Bocabajo Bocarriba

En Microcentro hay una tintorería muy cool que ilumina de azul la noche porteña. Desde la vereda de enfrente, una fachada negra deja ver en su vidriera la tapa de un lavarropas neón, algunos envases plásticos de suavizante, una serie de lavarropas y canastos. ¿Por qué está abierta a estas horas? Porque no es una simple tintorería: es un wine bar escondido en un subsuelo.

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Bocabajo Bocarriba es una propuesta innovadora que surgió en la pandemia y a la que se llega a través de una escalera poco visible. Este restaurante se define como una experiencia diferente y ofrece un menú de pasos que varía según los días de la semana.

Intrigados por su fachada, quienes le dieron una oportunidad al lugar recomiendan la “Experiencia Argentina” y lo definen como un viaje sensorial por las regiones naturales de nuestro país.

El dato: es un restaurante nocturno muy concurrido, por lo que se aconseja reservar cualquiera de las experiencias con anticipación y aprovechar el lugar para sacar unas buenas fotos.

Dónde: Maipú 872, Microcentro.

10. Timbre 4 en Sala Boedo

Boedo se define por sus calles anchas y casas bajas mezcladas con edificios nuevos, bares notables y cafés donde todavía se juega al ajedrez o se habla de fútbol.

Es un barrio con un mix generacional de familias de toda la vida y jóvenes que llegan en busca de alquileres accesibles o un poco de vibra cultural, y donde predominan las viviendas sencillas de tonos sobrios y discretos que se extienden una junto a otra, dándole al barrio un aire cotidiano y auténtico.

Este es el principal motivo por el que Timbre 4, un teatro de obras independientes (acá te dejaoms nuestras producciones favoritas del teatro off) irrumpe la zona con un estallido de color. Su umbral rojo y amarillo enmarca el ingreso a un lugar donde la realidad cotidiana queda suspendida para dar lugar al arte escénico.

Aunque el teatro posee otra sede, la de Boedo es la sala original. Inaugurada en 2002, comenzó siendo la casa del director Claudio Tolcachir y, al mismo tiempo, un espacio de formación para actores.

El dato: el teatro ofrece una amplia variedad de obras para chicos y grandes, además de talleres de actuación, y cuenta con un bar abierto pre y post funciones, donde se puede disfrutar de un rico vermut.

Dónde: Boedo 640, Boedo.

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