Ya te contamos qué hacer en Mataderos, en Versalles y en Parque Avellaneda. Ahora es el turno de Coghlan, uno de esos barrios porteños que no suelen estar en el radar pero que, cuando los caminás, se ganan un lugar fijo en favoritos. Si te preguntás qué hacer en Coghlan, la respuesta aparece sin grandes anuncios: estaciones de tren con historia, cafés de barrio, restaurantes que trabajan en serio y rincones que todavía conservan una escala amable. Una guía para recorrerlo con tiempo, descubrir sus joyitas escondidas y entender por qué este pequeño barrio del norte de la ciudad se disfruta mejor sin apuro.
Qué hacer en Coghlan: historia, tren y primeras caminatas
La mejor forma de entrar a Coghlan es por su puerta grande: la estación del ferrocarril (Estación Coghlan). De estilo inglés, conserva su puente de hierro, la antigua aguada para locomotoras a vapor y un aire de postal ferroviaria. Desde los años 70, la Asociación Civil Amigos de la Estación de Coghlan mantiene vivo el espacio con actividades culturales y encuentros vecinales.
Un imperdible es la Plazoleta Roosevelt (Roosevelt entre Estomba y las vías), a la que se accede por una pequeña escalera desde la plaza de la estación. Parece salida de un cuento británico y funciona como antesala perfecta al Coghlan residencial de los primeros pobladores.
Lugares culturales para visitar en Coghlan
En la calle Superí se levanta uno de los espacios culturales más importantes de la zona: el Centro Ana Frank Argentina para América Latina (Superí 2647). Primera sede oficial del Museo Ana Frank de Ámsterdam en la región, alberga objetos originales de la familia Frank y una reproducción exacta del anexo donde se escondieron durante la Segunda Guerra Mundial.
Cruzando la Avenida Congreso hacia la calle Núñez, aparecen PHs, casas bajas, pasajes angostos y un aire porteño que recuerda a Parque Chas. Pasajes como Plutarco, Sócrates y Prometeo suman encanto al barrio.
Si mirás hacia arriba, te vas a encontrar con el famoso “Obelisco de Coghlan”: una torre de ladrillos de 35 metros que funciona como ventilación de la segunda cloaca máxima de la ciudad (Washington 2944). Extraño, sí. Icónico también.
Y hay más. En Coghlan se encuentra también el Museo del Whisky (Av. Monroe 3982) que es, literalmente, el más grande del mundo. Con más de 5.900 botellas en exhibición —superando incluso al histórico museo de Edimburgo—, la colección le valió un Récord Guinness y puso a Coghlan en el mapa internacional del whisky. Detrás de este proyecto está Miguel Ángel Reigosa, fundador y alma del museo, reconocido como Keeper of the Quaich, una de las distinciones más importantes de la industria a nivel global. Pero el museo no se limita a vitrinas: propone una experiencia completa, con restaurante, catas semanales y cursos para quienes quieren entender qué están tomando y por qué.
Dónde comer en Coghlan: restaurantes y bodegones imperdibles
En los últimos años, Coghlan empezó a consolidarse como un destino gastronómico en sí mismo, con propuestas que respetan el espíritu barrial pero elevan la experiencia. Un buen ejemplo es AHORA Buenos Aires (Nuñez 3802), un restaurante nacido del deseo de cuatro amigos por crear un lugar donde comer bien, compartir y quedarse un rato más. La carta es clásica, apoyada en productos de calidad y sabores reconocibles, con ese toque justo de identidad propia.
Desde el primer día, la estrella indiscutida es la milanesa de ojo de bife, bien crocante, con ralladura de limón y acompañada de pasta italiana con crema de quesos. El ambiente es íntimo, con buena música, atención amable y un patio que invita a las charlas largas. Ideal para una cita o un encuentro de amigos.
“Cuando empezamos a buscar local quisimos alejarnos de los barrios más típicos para encontrar nuestro lugar y que sea un nuevo punto de encuentro. Y dimos con este local en Coghlan y tuvo todo el sentido. Un lugar nuevo en un barrio que está en crecimiento, cerca de todo, pero con su esencia única”, cuenta Catalina Moroni, una de las dueñas.
Cuando empezamos a buscar local quisimos alejarnos de los barrios más típicos
A pocos metros, en la misma esquina, Feriado Cantina (Washington 3498) propone una versión actual del bodegón porteño: porciones generosas, platos clásicos y un clima relajado. Es, además, la casa de Feriado Vermú, protagonista de una carta de tragos únicos. En esa misma manzana conviven también una pizzería, una cafetería y un Lucciano’s, conformando un pequeño polo gastronómico que le suma movimiento y vida a Coghlan, sin perder su escala amable.
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Panaderías clásicas y sabores históricos de Coghlan
Si hay un nombre que despierta devoción inmediata entre vecinos y visitantes es Panadería y Confitería La Colón (Av Monroe 4451). Esta panadería histórica, fundada en 1975 por una familia italiana, sigue horneando como antes: sin conservantes, con ingredientes reales y recetas transmitidas de generación en generación. El pan sale siempre calentito, el pan dulce se elabora durante todo el año y los sándwiches de miga y sus panes provocan verdaderas peregrinaciones desde otros barrios e incluso desde fuera de la ciudad. El fundador amasó hasta los 86 años y hoy la tradición continúa intacta, con una mística que se respira desde la vereda.
Otro punto clave del mapa afectivo de Coghlan es el Buffet El Tábano (Rómulo Naón 3029), ubicado dentro del Club Social y Deportivo El Tábano, es uno de los mejores restaurantes en clubes de barrio porteños.
Declarado sitio de interés cultural por la Legislatura porteña, este buffet fue la segunda casa de Roberto “El Polaco” Goyeneche. La propuesta es sencilla y honesta: comida casera, abundante, a buen precio y con ese clima inconfundible de club de barrio.
Cafés de especialidad en Coghlan para quedarse largo
Coghlan tiene algo que muchos barrios envidian: una relación íntima y cotidiana con el café. No hay grandes cadenas ni fórmulas repetidas, sino espacios pensados para quedarse, charlar y volver. Mucho Café (Conesa 2686) es una de las cafeterías de especialidad más celebradas de la zona, con una estética cuidada y una propuesta que la convierte en parada obligada para brunchear sin moverse del barrio. Mesas luminosas, platos bien presentados y una clientela fiel que sabe lo que busca.
Café Olivia House (Tomás Le Breton 4096) ofrece pastelería libre de gluten, azúcar o harinas refinadas, sin resignar sabor ni experiencia. Es el tipo de lugar que se integra de manera natural al paisaje coghlanense, con un público que valora tanto lo que hay en la taza como el clima sereno que se respira puertas adentro.
Unos metros más allá, Curuzú Café (Quesada 3294) propone una postal distinta: una esquina llena de sol, reposeras en la vereda y medialunas que invitan a frenar aunque sea por un rato. Un café simple, honesto y profundamente barrial, ideal para observar la vida pasar a ritmo Coghlan.
Coghlan también es tierra fértil para proyectos atravesados por la identidad y las pasiones culinarias. Little Italia Market (Rómulo Naón 2701) suma una capa fundamental al ADN del barrio desde su apertura en 2020. El mercado nace de una historia familiar marcada por la inmigración italiana y la cocina cotidiana: bisabuelos y abuelos llegaron al país con la comitiva de Fiat Italia y crecieron entre ollas, recetas y menús que se cocinaban a diario para los trabajadores. Esa herencia, casi genética, hoy se traduce en productos auténticos, sabores reconocibles y una propuesta que conecta pasado y presente sin artificios.
Por qué Coghlan es uno de los barrios más tranquilos de Buenos Aires
Coghlan no se visita: se descubre. Se camina sin mapa, se pedalea sin destino y se disfruta en silencio. Entre grafitis, senderos junto a las vías, cafés soleados y mesas bien servidas, este barrio demuestra que todavía existen rincones de Buenos Aires donde la vida sucede a otro ritmo.
Ideal para una tarde sin apuro. O para volver, una y otra vez, sabiendo que siempre va a haber alguna joyita nueva esperándote.

