1. El Globo


Entrar a El Globo es viajar en el tiempo. No solo por sus muebles de madera, las fotos antiguas o las paredes repletas de recuerdos, sino porque todavía conserva algo cada vez más difícil de encontrar: la misma identidad de hace más de un siglo. Hoy, la tercera generación de la familia mantiene vivo el legado del bodegón. Jorge Dutra habla con el orgullo de quien recibió una historia enorme y entendió que su mayor desafío era conservarla.
Hasta su nombre tiene una historia. En sus comienzos se llamaba Fernández y Fernández Bar & Billares, pero en 1908 Jorge Newbery, habitué de la casa, convenció a sus dueños de rebautizarlo El Globo, en homenaje al histórico cruce del Río de la Plata que había realizado un año antes a bordo del globo aerostático El Pampero.
Si hay un plato que resume el espíritu del lugar es el puchero de tres carnes: gallina, vaca y cerdo, una receta abundante que sigue convocando a familias enteras. Basta mirar el salón lleno para entender que El Globo no sigue vigente por nostalgia, sino porque su cocina continúa conquistando a nuevas generaciones.
Por sus mesas pasaron Jorge Luis Borges, Mercedes Sosa, Diego Maradona y muchas otras figuras. Pero el verdadero patrimonio del restaurante sigue siendo el de siempre: los clientes de toda la vida que vuelven una y otra vez.
El dato: en fechas patrias, El Globo suma una propuesta especial con locro y folklore, recuperando las tradiciones argentinas.
Dónde: Hipólito Yrigoyen 1199, Monserrat.



















