Ubicado en Las Cañitas, el restaurante Runfla es de esos lugares que entran directo en la categoría de “infaltables” para los disfrutamos de compartir platitos, probar sabores inesperados y dejarse llevar por una cocina creativa. El proyecto nace de una idea tan simple como ambiciosa: crear un restaurante al que siempre den ganas de volver.
No es casual que su nombre remita al lunfardo: una runfla es una banda de personas reunidas alrededor de un mismo plan. En este caso, la mesa. Esa vocación de encuentro atraviesa toda la propuesta, desde la cocina hasta el clima del lugar.
Su cocina combina técnica, sensibilidad por el producto y una búsqueda constante de sabores que logran un equilibrio entre lo familiar y el factor sorpresa. Esa mirada se refleja en una carta organizada en tentempiés, platos medianos, principales y postres, pensada tanto para compartir entre amigos como para una cena en pareja. Hay opciones para todos los gustos, pero con un rasgo en común: la creatividad aparece en cada plato.
Empezamos por los dátiles, un imperdible de la carta : rellenos de paté de mollejas, shiso crocante, garrapiñada y un toque de wasabi. Un bocado que deja clara la intención de la cocina: tomar ingredientes conocidos, llevarlos por caminos inesperados y conseguir que el resultado sea tan original como adictivo.
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Seguimos por los hongos braseados, con salsa demi-glace vegetal y puré de coliflor, donde la textura es protagonista y el plato fluye con equilibrio. También probamos la humita, con espuma de queso de cabra, curry verde, alcaparras y chocolate blanco tostado.
Entre los recomendados de la casa aparece el panisse: bastones de garbanzos fritos con cheddar inglés, tipo fainá, un snack de cabecera. Los langostinos adobados con arroz de coco y crema de manteca marrón son otro infaltable. Además, hay varias opciones vegetarianas y sin gluten, que son reflejo de la cocina, pensadas y ejecutadas con el mismo nivel de atención, creatividad y cuidado que el resto de los platos.
Los cócteles merecen un párrafo aparte. Entre los más pedidos están la Penicilina Tropical, el Vermú Runfla y el Runfla Spritz. Lo mejor: acompañan la comida con precisión y abren la puerta a pedir otro… y otro más.
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Cuando pensás que no hay más, aparecen los profiteroles: con helado de pistacho, salsa de chocolate caliente y praliné de almendras.
Es un restaurante que se corre de la formalidad sin caer en la improvisación, con una idea clara: cocinar bien, mezclar referencias sin pedir permiso y hacer que la mesa funcione como excusa perfecta para quedarse un rato más de lo previsto.
El espacio, diseñado junto a la arquitecta María Emilia de la Torre, combina luz tenue, estética semiindustrial y materiales cálidos para generar una atmósfera relajada y cercana. Más que un restaurante tradicional, Runfla propone un lugar flexible: funciona igual de bien para una cena en pareja, una mesa larga entre amigos o una copa en la barra. Con una cocina creativa, una coctelería de autor y una propuesta pensada para compartir, Runfla confirma que es uno de los restaurantes que vale la pena visitar en Las Cañitas.

