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Nespresso | Café en pareja
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Café en pareja: el arte de negociar la taza de cada mañana

De la batalla del azúcar a la leche de almendras: el café como termómetro de la vida en pareja.

Soledad Vallejos
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Pocos gestos revelan tanto de una persona como el modo en que toma el café. Solo o cortado, amargo o con azúcar, espresso o en jarrito, de máquina o de prensa francesa: cada elección es una pequeña declaración de principios. Por eso, cuando dos personas conviven, la cocina de la mañana puede volverse un terreno de negociación. Es lo que pasa, cada día, en la casa de Gustavo Botinelli y Laura Almeida, millennials, ambos abogados y padres de dos hijos adolescentes.

Cuando se conocieron, hace unos quince años, tenían sentimientos opuestos con respecto al café. Laura lo tomaba desde siempre y, con el tiempo, fue educando el paladar. Gustavo no tomaba café, aunque el aroma del grano recién molido lo desarmaba. Esa atracción terminó ganando la batalla: de a poco comenzó a darle una oportunidad, y de consumidor ocasional pasó a ser un experto, exigente y casi fanático.

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Esa devoción se nota, sobre todo, a la hora de prepararlo. Gustavo se convirtió en el barista de la casa y, asegura, no le molesta serlo: hace cada café según el gusto de cada uno, incluido el de Laura, que lo toma con leche de almendras. Incluso se pone la tarea al hombro en las reuniones de amigos o familiares, donde los comensales superan la docena.

“Como también soy coleccionador de tacitas, le pido a cada invitado que elija su taza, la cápsula que más le guste y ahí le sirvo su café”, cuenta orgulloso. Él prepara los cafés que haga falta, uno por uno, sin quejarse. No lo toma como una obligación sino como parte del ritual.

Gustos cada vez más afinados

Lo que sucede en la casa de los Botinelli no es una rareza doméstica. Es la versión hogareña de un cambio más grande. El café se volvió un asunto de gustos cada vez más afinados y personales, y buena parte de esa historia se escribe puertas adentro.

Según un estudio de Nespresso, el 42% de los argentinos toma café con regularidad, y el 85% de esas tazas se prepara en casa. Si el hogar es el escenario principal del consumo, la cocina deja de ser un detalle: es el lugar donde cada pareja resuelve, todas las mañanas, sus diferencias de paladar.

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NespressoCafé

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Esa búsqueda de precisión explica catálogos cada vez más amplios. Nespresso, por caso, ordena sus cafés en una escala de intensidad que va del 1 al 13 y los divide en dos sistemas, Original y Vertuo. Dentro de esa oferta, la marca identificó los seis favoritos de los argentinos, una buena radiografía de lo diversos que son los gustos locales.

Está el Buenos Aires Lungo, con su balance de notas dulces y a cereales y ese toque distintivo a pochoclo, ideal para la medialuna del desayuno. El Vienna Lungo, suave y redondo, hecho de arábicas sudamericanas, que pide un strudel o algo dulce para acompañar. El Volluto, un clásico de la casa, con notas de galleta y un dejo de fruta fresca. El Arpeggio, intenso y cremoso, con notas de cacao. El Stockholm Lungo y el Ristretto, este último de perfil poderoso y sutiles notas frutales, completan la lista.

Entre los clásicos y las últimas novedades

A esa base se suman variedades pensadas para tomar con leche y las versiones descafeinadas de los clásicos, para quienes quieren bajar la cafeína sin resignar sabor. A todo esto acaba de sumarse el Lisbon Bica, una de las últimas novedades de la marca: inspirado en la bica (el término con el que se conoce popularmente en el sur de Portugal al café espresso corto) se caracteriza por ser un café intenso, de cuerpo robusto, notas de especias y almendra tostada. Hasta la cápsula es un homenaje, con un diseño inspirado en los tradicionales azulejos portugueses.

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NespressoLisbon Bica

Esa misma diversidad de gustos se cuela también en las casas. La cruzada de Gustavo, por ejemplo, prendió incluso en los hijos, que ya toman el café amargo y se lo preparan solos cada mañana. Tanto insistió el padre que terminaron desarrollando criterio propio: hoy reconocen el buen café y, según admiten, les cuesta conformarse con el de cualquier bar.

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La cultura de la merienda

El cambio no es solo de calidad: también es de horarios. Según el reporte Coffee Usage Profiler 2025 de Nestlé, el 38% de las tazas que se toman en la Argentina se consumen después del almuerzo, repartidas entre la tarde, la cena y la sobremesa, en un país de fuerte cultura de merienda. El café dejó de ser un trámite matutino para volverse un gusto que cada uno acomoda a su manera y a lo largo de todo el día.

Para los más exigentes, además, la cocina terminó organizándose alrededor del café. No es un caso aislado. En 2024, Pinterest identificó el fenómeno como una de las tendencias del año a partir del análisis de búsquedas de más de 480 millones de usuarios, y le puso nombre: cafecore, la experiencia de la cafetería trasladada al hogar. Así se popularizó la coffee station, ese rincón con la máquina como centro, las tazas a la vista, las cápsulas ordenadas y los accesorios al alcance de la mano.

La máquina de café, de paso, dejó de ser un electrodoméstico más para volverse casi una pieza de diseño: los modelos van de la Essenza Mini, mínima y compacta, a la CitiZ de aire retro o la Creatista, con carrocería de acero y vaporizador de leche incorporado, más cerca de una máquina de barista que de un aparato de cocina. En una pareja, ese rincón se vuelve territorio compartido, armado entre dos y pensado tanto para usar como para mostrar.

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NespressoCafé

No todas las parejas lo resuelven con diplomacia. Están los que pasaron años tratando, sin éxito, de que el otro abandonara el azúcar. Los que libraron la batalla del método, prensa francesa contra cápsula, hasta que alguno cedió. Y los que nunca se pusieron de acuerdo y conviven, sin más, con dos máquinas de café y dos rituales distintos. Cómo toma el café cada uno parece un detalle menor, pero en la convivencia esos detalles se acumulan y se negocian todas las mañanas.

Pequeños gestos repetidos

Lo que pasa en la cocina de un hogar tiene nombre para los especialistas en vínculos. Preparar el café del otro, dicen, deja de ser una tarea doméstica para volverse un ritual: a diferencia del hábito, que se cumple en piloto automático, el ritual está cargado de intención y de cuidado. Esos pequeños gestos repetidos -servir la taza como al otro le gusta y sentarse a tomarla juntos- refuerzan la sensación de cercanía y, según sostienen los expertos, puede provocar la liberación de oxitocina y bajar el estrés.

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NespressoTaza

Visto así, la rutina de Gustavo -la máquina de café encendida, las preparaciones a medida, la leche de almendras para su pareja- deja de ser una manía de fanático. Es su manera de cuidar a los que tiene cerca, taza por taza. Quizás por eso el café, esa bebida que parece tan simple, termine diciendo tanto de una pareja. Al final, la taza que cada uno elige importa menos que la que prepara para el otro.

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