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Vince Il Bar
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Vince Il Bar: café, aperitivo y ADN italiano frente al río

Café italiano, pastelería artesanal y aperitivo sin apuro, en una de las veredas más lindas de Puerto Madero.

Pilar Tapia
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La historia de Puerto Madero es la de una ambición europea plantada en Buenos Aires. Diseñado a fines del siglo XIX para conectar la ciudad con el Viejo Continente, el puerto quedó obsoleto en tiempo récord, fue abandonado durante décadas y recién en los años 90 encontró su segunda vida: galpones reciclados, silos convertidos en residencias y oficinas, y un barrio que hoy es sinónimo de modernidad y postal urbana.

En ese escenario, Vince Il Bar aparece como una rareza encantadora: no busca competir en grandilocuencia, sino ofrecer algo más sutil y mucho más difícil de lograr: la sensación de estar, aunque sea por un rato, en Italia.

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Vince Il BarLas pasteleria y los laminados de Vince, son las estrellas de la carta.

Café, pasticceria y ritual italiano

Vince funciona como esos cafés italianos donde el tiempo baja un cambio. Desde temprano, la vereda de la calle Pierina Dealessi se llena de sol, mesas ocupadas y espresso corto servido como la tradición italiana manda.

Las estrellas de la carta están claras y bien ejecutadas. Los cannoli, inspirados en la tradición siciliana, llegan crujientes y se rellenan en el momento con crema pastelera, chocolate o pistacho (la versión con ricotta existe, pero acá manda el paladar local). La sfogliatella, joya napolitana de capas finísimas, sale dorada, crocante por fuera y cremosa por dentro, ideal para acompañar con un café intenso. Y los cornetto, el desayuno clásico de Italia, marcan la diferencia con el croissant francés: menos dulces, más aromáticos, más blandos, pensados para disfrutar sin apuro. También hay versiones saladas. El café, marca Illy, es protagonista: espresso italiano en distintas versiones —ristretto bien corto, espresso clásico o lungo— siempre con perfil intenso, aromático y sin vueltas.

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Vince Il BarAsí se ve la Focaccia Chicho con ingredientes 100% italianos: mortadella italiana, stracciatella de burrata, crema de pistacho y pistacho triturado.

De Liguria al plato: focaccias, taglieri y algo más

Cuando el día avanza, la propuesta se vuelve más salada. Las focaccias, originarias de Liguria salen esponjosas por dentro y crujientes por fuera, con combinaciones que van desde mortadela con pistacho y stracciatella hasta jamón crudo de Parma con burrata, versiones picantes con anduya calabresa y opciones con salmón, palta y queso crema.

Para compartir, el tagliere —tabla de quesos y fiambres italianos acompañados con miel y frutos secos— es uno de los pedidos más habituales, sobre todo al atardecer.

Y hay un detalle que define mucho el espíritu del lugar: la flexibilidad. Vince convive pared de por medio con Ambrosía, el restaurante italiano de la familia. Aunque cada espacio tiene identidad propia, si un cliente se sienta en Vince mirando el río y quiere pedir un plato de Ambrosía, se lo llevan. Sin drama. Sin rigidez. Comer bien y estar cómodo está primero.

Hora dorada: spritz, amargos y tragos que salen solos

Por la tarde, Vince entra en modo aperitivo. El Aperol Spritz es un clásico infalible, pero hay dos cócteles que se piden especialmente: el Garibaldi, con jugo de naranja y Campari, fresco y directo; y una pomelada frozen con Campari y bitter Angostura, ideal para el verano. También aparece el Cynar, bien italiano, para los que prefieren algo más amargo.

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Vince Il BarEl brunch Nonno Mico, ideal para disfrutar los fines de semana.

Brunch Nonno Mico: sin apuro y para compartir

El brunch de la casa tiene nombre propio: Nonno Mico. Se arma en el momento, tarda unos 25 minutos y está pensado para dos o tres personas. Incluye pastelería italiana, tostados, café, jugos, buñuelos y burbujas. Es abundante, relajado y muy pedido los domingos, tanto al mediodía como a la tarde, cuando hay quienes directamente cambian la cena por brunch con espumante.

ADN italiano, de verdad

Detrás de Vince Il Bar hay una familia italiana, literal. No como idea, sino como origen. El proyecto es de Gino junto a su madre Susana y su padre, una familia atravesada por generaciones de italianos, donde Italia forma parte de la vida cotidiana.

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El vínculo con esa tradición no es simbólico ni decorativo. La cocina está a cargo de Domenico, italiano y sobrino de la familia fundadora, y la familia tiene también un restaurante en Italia, lo que refuerza ese ida y vuelta constante entre ambos lados del océano.

Eso se traduce en una forma de hacer y de atender: recetas clásicas, producto italiano, respeto por los rituales y una mirada flexible y hospitalaria.  Vince no busca parecer italiano: funciona como tal, desde el café hasta la mesa compartida.

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Vince Il BarVince es el lugar perfecto para disfrutar de una tarde soleada en Puerto Madero.

Diseño con carácter y lujo sin solemnidad

La estética de Vince no es casual ni decorativa. El diseño estuvo a cargo del mismo creador de Nápoles Bar, uno de los bares italianos más emblemáticos de la ciudad, y fue pensado en conjunto con el dueño de Vince, italiano de nacimiento, quien tuvo una participación directa en cada decisión. El resultado es un espacio donde todo responde a una idea clara: mármol verde, vitrales de color, mesas trabajadas, sillones de terciopelo y vajilla personalizada con la flor de lis, el símbolo del lugar.

El lujo está, pero es relajado: nada rígido ni solemne. La intención es que el cliente se sienta cómodo, se quede, mire el río, se deslumbre con el mítico Puente de la Mujer y disfrute del entorno. Por la mañana, el sol cae sobre Azucena Villaflor; del lado del río hay sombra y toldos regulables según el gusto de cada mesa. El interior, más íntimo, completa la experiencia con rincones cuidados y sillones de inspiración clásica.

Vince Il Bar no es para ir a las corridas: es para sentarse, pedir un espresso o un spritz, mirar el río y dejar que Buenos Aires, por un rato, se parezca un poco más a Italia.

Dónde: Pierina Dealessi 1310, Puerto Madero. Sin reservas.

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