1. Carmelo Patti: una bodega donde el lujo es conocer a quien hace el vino


En Mayor Drummond, Luján de Cuyo, Bodega Carmelo Patti demuestra que una gran experiencia enoturística no necesita arquitectura monumental ni un restaurante de pasos. Carmelo Patti comenzó su proyecto de vinos de guarda en 1986 y lanzó su primera etiqueta propia en 1989: un Cabernet Sauvignon de apenas 8.000 botellas. Desde entonces mantuvo una filosofía bastante contracorriente: elaborar a pequeña escala, trabajar con uvas de Perdriel y darle al vino el tiempo necesario antes de salir al mercado.
La visita conserva ese espíritu artesanal. Se recorren los espacios donde trabaja la familia y se degustan algunos de sus tintos: Malbec, Cabernet Sauvignon, Cabernet Franc y Gran Assemblage, en una experiencia sencilla, sin demasiada puesta en escena. Y ahí está precisamente su encanto: Carmelo todavía participa de las visitas junto a su familia, algo que también siguen destacando viajeros recientes. Actualmente la degustación dura alrededor de una hora, es gratuita y requiere reserva previa.
El dato: Carmelo tiene una particular obsesión con el tiempo. Sus vinos pasan por roble francés y después permanecen años en botella antes de comercializarse, porque su filosofía es que lleguen al consumidor cuando considera que están listos para beberse.
Dónde: San Martín 2614, Luján de Cuyo, Mendoza.



















