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Damian Liviciche
Damian Liviciche

Comer en la barra (y que no sea sushi)

Ocho coordenadas para disfrutar desde hamburguesas y pastas hasta ostras y yakitoris.

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Durante años, comer en la barra fue sinónimo de apuro, tapeo rápido o, en el mejor de los casos, sushi. Hoy el panorama cambió: la barra dejó de ser un plan B y se convirtió en una forma de comer en sí misma. Más informal, más cercana a la cocina y, muchas veces, más divertida que la mesa tradicional.

Ya no importa si se trata de un restaurante de pastas, una hamburguesería, un templo del pescado o un izakaya japonés: la barra se adapta a todo tipo de propuestas. Permite mirar de cerca cómo se arma cada plato, charlar con cocineros y bartenders, probar vinos o cocktails por copa y, de paso, comer muy bien sin la rigidez de una comida “formal”. Ideal para ir solo, de a dos o para planes espontáneos.

Acá, 8 lugares en Buenos Aires donde sentarse en la barra es parte clave de la experiencia (y no tiene nada que ver con sushi).

1. GRASA: barra de hamburguesas

Grasa es una de las aperturas más comentadas de Villa Crespo y, aunque se especializa en hamburguesas, juega en otra liga. Acá no hay combos ni bandejas descartables: las burgers se sirven en vajilla real, se acompañan con vinos por copa y se disfrutan en un espacio entre vintage y cool, con servicio de mesa y una barra que se lleva todas las miradas.

Si bien hay mesas en la vereda y en el salón, la mejor ubicación es, sin dudas, la barra frente a la cocina. Una mesada baja de acero inoxidable con sillas cómodas desde donde se puede ver todo el proceso de armado. La carta es breve y sin vueltas: tres hamburguesas bien pensadas. Cheeseburger con pickles de pepino, clásica con cheddar, lechuga, tomate y cebolla, y una especial del mes que habilita el juego de sabores.

Los medallones de carne salen finitos y bien crujientes; los panes acompañan sin robar protagonismo y el cheddar bien fundido, equilibra cada bocado. La música acompaña sin invadir y el clima es relajado, ideal para quienes aman la hamburguesa pero también valoran el ambiente y el buen servicio. Pronto suman helado soft, lo que ya promete un cierre feliz.

El dato: muy recomendable para público +30. Es sin reservas desde las 19:30.

Dónde: Acevedo 986, Villa Crespo.

2. EVELIA: barra de pastas

A esta altura, Evelia ya no necesita demasiada presentación. La apertura de 2024 a cargo de Máximo Togni se ganó un lugar propio en la escena porteña gracias a sus pastas caseras y su cocina de producto. Lo que no todos registran de entrada es que el salón esconde una barra espectacular frente a la cocina, ideal para vivir el restaurante desde otro ángulo.

Alta, larga, cómoda y bien iluminada, la barra permite ver de cerca el ritmo del equipo mientras salen platos que combinan técnica y simpleza. Además de pastas elaboradas con harinas italianas y materias primas de calidad, la carta suma charcutería artesanal, entradas de impronta mediterránea, milanesas bien hechas y helados de elaboración propia.

El dato: ideal para ir solo o de a dos y armar una cena sin apuro porque es, sin duda, una barra que invita a quedarse.

Dónde: Campos Salles 1712, Núñez.

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3. SILVINO: barra de autor

Desde su apertura en agosto de 2025, Silvino no dejó de sumar elogios. El chef Gaspar Natiello propone una cocina simple, directa y bien ejecutada, con una relación precio-calidad que hoy no abunda. El clima es relajado y transversal: conviven mesas familiares, parejas y grupos de amigos… y una barra que tiene cada vez más fanáticos.

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En un salón con guiños a los bistros de otra época, la barra con sillones altos se vuelve el mejor lugar para una cita o una salida en dupla. Espejos, estantes con botellas y luces tenues arman un marco cálido para una experiencia que gira en torno a compartir.

La sugerencia es pedir varios platos y dejarse llevar: paté casero de pollo, crudo de pesca, buñuelos de kale y chipirones a la amatriciana con papas cascadas.

El dato: la carta de vinos sorprende con etiquetas poco obvias y precios amigables.

Dónde: Guevara 421, Chacarita.

4. OREI RAMEN BAR: barra de ramen y asagohan

Orei fue clave para popularizar el ramen en Buenos Aires y, después de años de atender desde una ventanita en el Barrio Chino, dio un nuevo paso: un pequeño salón con barra para profundizar la experiencia. La propuesta sigue girando en torno a caldos intensos, fideos alcalinos y toppings bien pensados, pero ahora con atención más personalizada.

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La estética combina madera, luces cálidas y vajilla tradicional japonesa. La barra, baja y para apenas diez comensales, permite dialogar con el equipo y ajustar el ramen a gusto: tipo de caldo, nivel de picor y “extras”. En esta sede, además, se suman conservas japonesas para mezclar libremente.

Otro diferencial es el asagohan, el desayuno japonés tradicional que busca equilibrio y bienestar: sopa de miso, pesca del día con acompañamientos y té verde ilimitado. Funciona tanto como plan en sí mismo como parada estratégica antes o después de otro plan.

El dato: es por orden de llegada al mediodía y por la noche; por la mañana abre los fines de semana.

Dónde: Echeverría 1677, Belgrano.

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5. ULTRAMARINOS: barra de pescados

Ultramarinos es uno de esos restaurantes que confirman que el mar argentino tiene mucho para decir. El chef Maxi Rossi propone una cocina enfocada en pescados y mariscos locales, con una versatilidad que se adapta a distintos momentos del día. El espacio cuenta con dos barras bien diferentes, cada una con su propio encanto.

La barra central, en el corazón del salón, permite ver el trabajo minucioso del equipo y es ideal para dejarse guiar por lo mejor del día. La barra de cocktails, en cambio, invita a un tapeo más relajado, con snacks y platitos pensados para compartir.

Algunos imperdibles: almejas con ajíes y aceite de huacatay, papa crujiente con boquerones y sriracha, vieiras con lardo y naranja, y chipirones con sofrito de tinta y nduja. Una coordenada clave para amantes de la cocina de mar.

El dato: con y sin reservas desde las 20.

Dónde: Pasaje Arribeños 1980, Belgrano.

6. CAPRICHITO: barra de clásicos

Caprichito es el nuevo proyecto de las hermanas Santoro, creadoras de Ti Amo y La Sorellina. Acá se permite todo lo que les gusta comer: pizzas artesanales, hamburguesas, pastas y platos de espíritu casero. El ambiente acompaña con un aire nostálgico, fotos familiares y una gran barra de madera que invita a sentirse como en casa.

La barra del fondo del salón es ideal para grupos chicos y parejas que quieren tomar algo, charlar y compartir platos sin ceremonia. El plan fluye entre vitel toné, hamburguesa casera con panes propios, pizza Cacio e Pepe a la piedra o spaghetti con albóndigas.

El dato: Caprichito ofrece cocina reconfortante, sabores clásicos y un clima super relajado.

Dónde: Honduras 5684, Palermo.

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7. YAKINILO: barra de yakitoris

Una fachada discreta, cortinas noren y un cartel mínimo anuncian Yakinilo, un pequeño izakaya japonés donde todo sucede en la barra. El espacio es reducido y auténtico: doce lugares, lámparas chōchin y una atmósfera que transporta directo a Tokio.

La especialidad son los yakitoris: brochetas que pasan por distintas marinadas y se cocinan a la parrilla, logrando sabores intensos y precisos. Hay de pollo, ojo de bife, panceta de cerdo, pesca y vegetales. También se puede pedir omakase de sushi y entradas como onigiri y karaage, un pollo frito que nunca falla.

La experiencia se completa con cervezas asiáticas, sake, vinos y cocktails, y un gran diferencial: Yakinilo funciona como bar de escucha, con vinilos y sonido de alta fidelidad. Cada visita puede ser distinta.

El dato: funciona por orden de llegada al mediodía; con y sin reserva por la noche.

Dónde: Dorrego 1551, Chacarita.

8. PASAJE VICTORIA: barra de tapas

En Pasaje Victoria, Roy Asato cambia de registro y rinde homenaje a sus raíces españolas. Este speakeasy escondido cerca de la estación de tren de Olivos tiene una fórmula simple y efectiva: ostras frescas y espumosos a precios accesibles. Y la barra es el lugar donde todo cobra sentido.

El plan ideal es llegar al atardecer, acodarse frente al bartender, arrancar con ostras y una copa de espumoso y seguir con tapas mediterráneas. Tartar de trucha, tortilla de papa, calamar a la plancha y croquetas de hongos son algunas opciones para acompañar con claritas, tinto de verano o cocktails clásicos.

Escondido pero fácil de reconocer por sus guirnaldas de luces, el espacio funciona igual de bien para una primera cita que para una salida entre amigos.

Dónde: Corrientes 598, Olivos.

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